La vivienda, un lujo que estresa

Desde finales de mayo y a lo largo del mes de junio las distintas Cáritas Diocesanas están presentando sus memorias económicas y de actividades de 2023, en un ejercicio de transparencia y de agradecimiento a todos sus socios y donantes. En la mayoría de los balances que se están presentando con motivo del Día de Caridad 2024 aparece un denominador común en todas las diócesis: la vivienda como principal problema para las personas que están acompañando, convirtiéndose en uno de los grandes condicionantes y determinantes de su acción social. Un alto porcentaje de las ayudas de las Cáritas Diocesanas y Parroquiales se está destinando a gastos de la vivienda.

Y es que la vivienda se ha convertido en un lujo que estresa; que estresa a los que pueden comprar o alquilar y a los que no pueden acceder a ella. Un lujo al que hoy en día solo tienen derecho unos privilegiados.

Es también gran problema para todos los ciudadanos en general, pero lo es más para aquellos que carecen de recursos.  Es un gran problema en tanto que faltan recursos habitacionales y la compra de estos se hace a precios inasumibles; un gran problema en tanto que los alquileres de las viviendas –ya no hablamos de hipotecas- tienen precios desorbitados,  no solo porque son impagables sino porque para acceder a un alquiler ahora hay 40 o 50 personas en la misma situación; en tanto que está en juego la dignidad de las personas, realquilando habitaciones y llegando a situaciones tan dantescas como las “camas calientes” o lechos de alquiler por tiempo limitado para dormir las horas que están contratadas para tal fin.  Uno de los derechos básicos del ser humano, recogido en la Constitución Española, como es la dignidad humana ya no se garantiza. Y todos somos cómplices de ello.

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El fenómeno de la migración en España agrava la situación, con familias completas hacinadas en los pocos metros cuadrados que tiene una habitación, porque es eso o es la calle.

Un informe titulado “Ingresos y gastos: una ecuación que condiciona nuestra calidad de vida” publicado por Cáritas Española ya en noviembre de 2023 manifestaba que “la vivienda asfixia a más de 3 millones de hogares”. Y concluía que tres millones de hogares (16,8%) quedan además por debajo del umbral de la pobreza severa una vez pagado estos gastos básicos. Hoy ya la vivienda no solo asfixia y es que prácticamente no deja vivir; en muchos casos porque no hay viviendas y en otros porque no se pueden afrontar los costes que estas suponen, ni las condiciones que se están produciendo. Todo está generando infraviviendas, hacinamientos y re-alquileres, entre otras circunstancias.

El acceso a la vivienda es uno de los derechos básicos de los ciudadanos y cómo tal las administraciones públicas deben garantizar este derecho, con políticas que garanticen el acceso a una vivienda digna y adecuada y con fórmulas que permitan que las personas con menos recursos puedan acceder a ellas a precios asequibles.

Pero también es tarea de todos porque es un problema nacional y tenemos que ponernos manos a la obra e intentar buscar soluciones, porque ahora mismo un derecho, como es el acceso a la vivienda, no se está garantizando. Es preciso que entre todos diseñemos mecanismos de solidaridad que permita todos podamos tener un techo y vivir dignamente, especialmente a los más excluidos; hay que trabajar la comunicación cristiana de bienes; los alquileres sociales a precios asequibles; es preciso plantear una política de vivienda familiar, etc…Es tarea de todos. Se está produciendo una injusticia y como no tal no podemos quedarnos indiferentes.

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