Mirko y Jesús son amantes

Jesús y los niños. Dibujo de Fano

La primera vez que los vi iban delante de mí. Eran los únicos que iban cogidos de la mano. Se dirigían con paso tranquilo desde el dormitorio hacia el comedor. La escena me pareció tan bonita y tan conmovedora que me adelanté para verles la cara y fue increíble lo que descubrí. Mirko tiene 6 años y tiene un síndrome de Down. Jesús es ciego y sordo, así que ni ve, ni oye ni habla.

Mirko se ocupa de Jesús. Lo cuida continuamente. Lo despierta, lo asea, lo viste, lo acompaña al comedor, le pone la silla, le da el desayuno, lo acompaña al autobús del colegio…y así todo el día. Y así todos los días.

Mirko y Jesús se aman. Han descubierto el sentido de su vida. Han descubierto el amor. Y lo practican continuamente, cada minuto, cada instante.

El núcleo esencial de la persona hay que buscarlo en el amor. La esencia de la naturaleza humana es como una especie de núcleo predispuesto para un principio dialógico, agápico, en el que el amante sólo está pendiente de forma incondicional y libre del crecimiento del amado. El hombre tiene necesidad de amar y ser amado.

Así es como viven continuamente Mirko y Jesús. Su vida tiene sentido por el amor. Un niño con síndrome de Down y un niño ciego y sordo, han descubierto la dimensión agápica del amor. El amor como ágape, no como filia ni como eros.

Estos dos niños son amantes y maestros de la dimensión más elevada del amor con su testimonio libre y perseverante.

El trastorno intelectual de Mirko y los trastornos sensoriales de Jesús no les impiden amar y tener una vida en plenitud. Su testimonio tiene un valor incalculable. Son maestros de amor.

Gracias Mirko. Gracias Jesús.

 

Ricardo Abengózar Muela

*Artículo fruto de la experiencia misionera del autor, junto a su familia, este verano, en Perú.

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