La escuela, con mayúsculas

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No cabe la menor duda de que la Escuela preocupa en nuestro país, pero está por ver que sea motivo de ocupación para una sociedad en la que el tener ha ganado el pulso al ser. Vivimos tiempos líquidos en lo social, con palabras de Bauman, que no ayudan a la reflexión sosegada y profunda; y muy ideologizados en lo político, lo que dificulta el diálogo y el consenso en torno a ella.

El mundo escolar viene dejando en los últimos tiempos motivos sobrados para esta preocupación. A las altas tasas de fracaso escolar confirmadas por los datos de los sucesivos informes PISA y por la triste realidad de los hechos, hay que unir las noticias sobre violencia que han recorrido el mundo de la comunicación en el curso escolar que ha terminado. Noticias que han sido rápidamente olvidadas por los debates en torno a los aciertos y desaciertos de la llamada “Ley Wert”, pero que no pueden ocultar la situación crítica de convivencia que se vive en muchos centros escolares.

Desde hace bastantes décadas conviven enfrentadas en nuestro país diversas formas de entender la escuela, su función y finalidades. Al siempre trascendental debate de Escuela como “motor de cambio social” o como “reproductora del modelo social vigente”, se le han ido uniendo otros aspectos no menos trascendentales: ¿debe educar en valores o deberá alejarse de ellos por miedo a una ideologización de los mismos y solo dedicarse a instruir? ¿Dónde situamos la educación ética y moral? ¿En la transversalidad o en una asignatura específica?.

¡Qué difícil nos está resultando realizar la síntesis, si además sumamos la incidencia que tienen sobre la tarea educativa los profundos cambios sociales de los últimos tiempos! No somos capaces de caer en la cuenta de que la Escuela no es nada de eso en particular, pero tiene bastante de todo ello. ¿Podría entenderse –como dice J. L. Corzo– que “la raíz de toda esta lucha escolar esté en que unos y otros pretenden la clonación de niños. Algo inmoral si no fuera imposible”?

Urge un diálogo social y político que haga posible un consenso legislativo sobre la Escuela. La grave crisis en que vive sumida nos lo exige por el bien de nuestros niños y jóvenes y el futuro de nuestra sociedad.

Grupo AREÓPAGO

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