La abolición del hombre

Comienza un nuevo curso escolar y, con él, los padres y madres retomamos la tarea de hacernos con los diferentes libros que tendrán que estudiar nuestros hijos en las distintas materias que cursarán a lo largo del año. Nos quejamos de sus precios, de que cambien cada poco tiempo, de que se usan poco en algunos casos, pero no centramos la atención en lo verdaderamente importante: sus contenidos.

Un rápido vistazo a algunos de ellos –sobre todo, en materias tales como sociales o filosofía– permite detectar planteamientos que son más que discutibles. No faltan falsedades históricas, ideas sesgadas, manipulaciones encubiertas, que afectan a la larga a la concepción que nuestros hijos tienen de la realidad. 

En 1944 C.S. Lewis, prolífico autor inglés popularmente conocido por ser el creador de Las crónicas de Narnia, publicó un pequeño libro cuyo contenido se anticipó a la realidad actual en casi cien años: La abolición del hombre. La obra ha sido reeditada en 2016 por la editorial encuentro y su lectura resulta totalmente recomendable.

En ella plantea, de una manera sencilla pero con una clarividencia total, el cambio que comienza a detectarse en el sistema educativo partiendo de un ejemplo real de un libro de texto publicado en el momento en el que la escribió. En esencia, analiza cómo paulatinamente el sentimiento va anteponiéndose a la razón y ocupa su lugar como criterio de juicio. La consecuencia fundamental de ese cambio radica en que no hay lugar para el diálogo ni el encuentro, porque el sentimiento no es rebatible y no atiende a los juicios de la razón.

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Ello afecta también en el nivel educativo: desde esta perspectiva, señala que si la educación antigua tenía como finalidad formar sobre una serie de valores objetivos alcanzados a partir de la razón, la educación moderna es simplemente propaganda basada en el sentimiento.

Partiendo de esta constatación, Lewis introduce una reflexión mucho más profunda: lo que se presenta como la conquista de la Naturaleza por parte del hombre gracias a la técnica, es en realidad la destrucción del ser humano. Si todo puede manipularse por el hombre, lo que terminará completamente manipulado será el propio hombre. 

Efectivamente, en esa conquista de la naturaleza que se anuncia en el libro de texto del que parte el autor, éste ve una conquista de los hombres por parte de unos pocos hombres, es decir, la conquista de las mentes libres a través de la manipulación ejercida, entre otros instrumentos, por medio de la educación. Dicho de otro modo, el predominio de los sentimientos, elevados a categoría de valores, es decir, la naturalización de lo puramente sentimental y, por ello, irracional –desconectado de la razón– lleva a la sumisión de los hombres a los criterios de unos pocos. Ello terminará conduciendo a la tiranía y a la esclavitud intelectual.

Un análisis objetivo de algunas propuestas educativas, que ponen el énfasis en la educación moral de nuestros hijos y no en la enseñanza de las distintas materias básicas para la formación intelectual, confirma la idea de Lewis. Como lo hace también la lectura de algunas de las propuestas normativas y pedagógicas en materia de identidad de género. Pero lo mismo ocurre en relación con la visión del aborto o de la eutanasia. En todos estos casos, el sentimiento personal y puramente subjetivo marca la adopción de decisiones que tienen efectos frente a otros y se vuelven en contra no sólo de la persona que afectada, sino de la propia sociedad.

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En definitiva, estamos caminando hacia la abolición del hombre. Pero el autor no se queda ahí. Su visión cristiana de la vida le conduce a plantear una propuesta para reaccionar frente a esta situación. Para la ciencia aplicada, que predomina en la actualidad, la tarea principal consiste en adaptar la realidad a los deseos del hombre.  Para los antiguos hombres sabios, por el contrario, el problema cardinal era cómo adaptar el alma a la realidad, y la solución fue el conocimiento, la autodisciplina y la virtud. La vuelta a una nueva filosofía natural es el camino para evitar la autodestrucción del género humano. La familia, la escuela, la sociedad, tiene en sus manos revertir esta senda.

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