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El reciente anuncio del gobierno de Castilla-La Mancha sobre la congelación de las partidas para la Enseñanza Concertada plantea un debate político que desplaza el problema de la gestión del sistema educativo al ámbito de la ideología.

Desgraciadamente es característica habitual de toda ideología dar prioridad a las ideas e interpretaciones frente a los hechos: si éstos no encajan con aquellas, entonces se silencian o, simplemente, se falsean.

En primer lugar, la ideología de ciertos grupos de izquierdas plantea una oposición ficticia entre escuela pública y escuela concertada. La realidad es que ambas son entidades que prestan igualmente un servicio público a los padres en su labor educativa. De manera análoga a cómo el servicio público de autobuses es gestionado por una entidad privada, un colegio concertado es un centro de iniciativa social que ofrece un servicio a cualquier ciudadano que desee utilizarlo. En rigor se trata de una enseñanzapública concertada.

Soy profesor de filosofía en un instituto de enseñanza pública, y he sufrido los recortes del anterior gobierno del PP en Castilla-La Mancha: estos se pueden resumir en más trabajo para los docentes y menos atención para los alumnos. En mi centro, comparto pasión por la docencia y por los alumnos con un cuadro de compañeros admirables, en lo personal y en lo profesional. Pero también tengo excelentes amigos entre los docentes de la enseñanza concertada. ¿Por qué tengo que percibirlos como competidores?

Es lógico aceptar, que los que hemos obtenido el trabajo a través de unas oposiciones, podamos gozar de más derechos laborales. Pero esto no nos impide mirar con respeto y aprecio a otros docentes que ejercen su trabajo en condiciones semejantes, cuando no, más exigentes, como ocurre en varios centros educativos de mi ciudad. Más todavía, es ya un tópico entre mis colegas de la enseñanza pública admirar la carga horaria de los profesores de la concertada: nosotros tenemos 21 hora lectivas semanales sin contar horas complementarias (“gentileza” de Cospedal que nos subió dos horas) pero en la concertada imparten al menos 25 horas. Cómo demonios aguanta el cuerpo tantas horas de clase, es un misterio insondable que los profesores de la pública no acertamos a comprender. Y, por cierto, este horario notablemente superior es remunerado de forma desproporcionada: su sueldo es significativamente inferior a pesar de las mentiras que puedan haberse inventado los obnubilados de las ideologías.

Pero con mi reconocimiento hacia mis colegas de la concertada, no pretendo insinuar que la Administración deba priorizar a esta enseñanza sobre la pública. Todo lo contrario. Creo que es un bien que todos debemos desear, que la Administración ponga su prioridad en la enseñanza pública para mejorarla. Pero ¡esto no requiere aumentar el estrangulamiento de la concertada, válgame el cielo! Esta es la segunda falacia de la ceguera ideológica.

En esta segunda falacia, la ideología plantea como una confrontación los gastos que se invierten en la enseñanza concertada, respecto de los gastos que se dedican a la pública. Como si los primeros fueran sustraídos de los segundos (!). Semejante aserto es el colmo de la estupidez.

El gasto medio por alumno y año de un centro de secundaria concertado de Castilla la Mancha es de 3.420,28 €, mientras que en la pública es 6.053,75, casi el doble. Esto significa que el ahorro es del  43,50%  que resulta semejante a la media nacional (datos obtenidos por Félix Burgos de “Estadísticas de la Educación. Enseñanzas no universitarias. Alumnado matriculado de los cursos 2008/2009 y 2009/2010”).

 La cuestión es, pues, de meridiana claridad. El hecho de que la enseñanza concertada escolarice al 14,24% de los alumnos de Castilla la Mancha –por cierto, es el menor porcentaje de España si excluimos el caso de Melilla- permite al gobierno regional invertir más dinero en la pública. De otro modo no tendría recursos para escolarizar a todos los alumnos… Pero por lo que parece, el gobierno de Castilla la Mancha desea ir estrangulando la enseñanza concertada, a ver si logra quebrar todo el sistema educativo. Muy inteligente.

Como los datos económicos son incontestables, la ideología inventa un tercer mito: la enseñanza concertada es elitista y rechaza a alumnos con dificultades especiales o de ambientes marginales. Pero la realidad, una vez más, es muy otra. Son rarísimas excepciones los colegios que incluyen una cuota exigente (la mayoría tienen una cuota modesta) que, por lo demás, no es obligatoria por ley (no hablo aquí de los colegios privados que no tienen concierto). Además, la escolarización no la deciden los centros sino la Administración. Ésta distribuye la matricula según la solicitud de los padres y de acuerdo a unos baremos, en los que se incluye de modo significativo la renta económica. Todos los centros, públicos o concertados, tienen la obligación de aceptar los alumnos enviados por la Administración.

Pero es triste e indignante oír estas falsedades. Pues la labor que llevan a cabo estos centros con alumnos de necesidades educativas especiales es admirable. Por ejemplo, el colegio Virgen del Carmen recibió un premio de la Consejería de Educación del gobierno socialista en 2007 “por su trabajo e implicación en la escolarización con el alumnado con necesidades educativas especiales, que les ha valido el reconocimiento de las familias y de toda la comunidad educativa desde hace muchos años”. En todos ellos se lleva a cabo una labor semejante con alumnos inmigrantes y con alumnos procedentes de familias con escasos recursos económicos.

Sin embargo, esta labor social no se quiere reconocer e incluso se intenta ocultar. Los prejuicios ideológicos fundamentan la última y más grave de las falacias: que la primera responsabilidad de la educación de los menores recae en el Estado. Pero la esencia de una democracia digna de este nombre, reposa en el criterio exactamente contrario: es el Estado quien debe colaborar con los padres en la educación de sus hijos, facilitándoles los medios necesarios. Felizmente este principio es recogido explícitamente por nuestra constitución en su artículo 27.3.

El mayor peligro de una ideología ajena a la realidad es que tiende por definición al totalitarismo. Lo que les molesta no es que la enseñanza pública tenga deficiencias, sino que muchos padres deseen educar a sus hijos con un modelo que ellos no comprenden o incluso odian. Y por eso intentan legitimar la imposición totalitaria de su propio modelo educativo.

Que un colectivo de personas tenga una percepción caricaturizada –hasta lo monstruoso– del hecho religioso, no legitima su interpretación de la FUNCIÓN REAL que desempeñan los centros concertados en nuestra región. Por lo demás, resulta irrisorio que con estas ocurrencias estrafalarias –que recuerdan a los patinazos del ayuntamiento de Madrid– los políticos de Podemos le estén haciendo la campaña al PP.

Mientras la ideología sea criterio de la gestión educativa, no será posible el tan necesario pacto educativo.

Por Fernando López Luengos  

Doctor en Filosofía y profesor de secundaria en la enseñanza pública

Miembro de Areópago

Artículo publicado en Forum Libertas.

http://www.forumlibertas.com/ensenanza-publica-frente-a-ensenanza-concertada/