La subsidiaridad militar

El pensamiento social cristiano siempre ha defendido el carácter orgánico de una sociedad, o lo que es lo mismo, que la sociedad se construye desarrollando grupos anidados de complejidad creciente. Desde la familia, célula del desarrollo social, hasta las instituciones internacionales, se despliegan un incontable número de realidades agregativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional o político, aportando una incalculable riqueza en la promoción de las personas y en la resolución de sus problemas.

En la jerarquía de la compleja estructura social, el respeto a las competencias y posibilidades de cada nivel es fundamental para el sano desarrollo de una sociedad. Un extremo sería la individualización radical de la sociedad, donde los individuos deben resolver solos sus propios problemas sin ayuda de los estamentos superiores. Otro extremo es la centralización del estado asistencial, donde son los estamentos superiores los encargados de resolver todos los problemas de los individuos.

El principio de subsidiaridad afirma que las entidades superiores deben ponerse en una actitud de ayuda (subsidium) respecto a las inferiores, con apoyo, promoción o desarrollo, pero sin asumir la responsabilidad si no es absolutamente necesario. Siempre que se pueda, la responsabilidad debe quedar en el nivel inferior.

Por ejemplo, según este principio, es responsabilidad de los padres la educación de sus hijos, tarea que debe ser apoyada, promovida y fomentada por las autoridades; pero si los padres, por las circunstancias que fueran, no pudieran atender esa tarea, las autoridades deberían asumirlas de forma provisional, para suplir esa carencia mientras fuera necesario.

Artículo relacionado:   La pericia psicológica

En la relación entre autoridades locales, regionales, nacionales y supranacionales, el principio de subsidiaridad tiene muchas oportunidades de aplicación y es una buena herramienta para discernir la forma correcta de organizarse.

Por ejemplo, ahora, la Unión Europea se plantea la necesidad de crear una fuerza militar supranacional como herramienta de disuasión, defensa y cooperación internacional. ¿Es necesaria?  ¿Aporta a la globalidad de la unión soluciones que no pueden abordarse desde las instancias inferiores, los ejércitos nacionales? Los expertos deben aportar argumentos que respondan a estas preguntas.

El principio de subsidiaridad estuvo entre los criterios fundamentales desde los inicios de la Unión Europea, sin embargo, no siempre se ha consensuado suficientemente en su aplicación y eso ha creado malestar en algunos países miembros que no ven justificada la centralización de algunos ámbitos de gobierno. Actualmente, la Unión Europea asume competencias en la política común agrícola y pesquera, política comercial con otros países, política de competencia, transporte, medioambiente y defensa de los consumidores, también algunos aspectos de la política migratoria. Bien es cierto que la tensión viene muchas veces de posiciones partidistas más que de conflictos reales, de forma similar a como ocurre en España con el reparto de competencias entre la administración central y algunas administraciones autonómicas.

Ahora que los equilibrios geoestratégicos están cambiando parece oportuno abrir el debate, pero siempre que se argumente desde estos principios, asegurando la máxima participación de todos en el desarrollo del organismo social. Si los países miembros deben ceder soberanía hacia la Unión Europea, eso es lo que realmente se discute, debe justificarse oportunamente el bien común que se busca y la necesidad real de la cesión propuesta.

Artículo relacionado:   Una sociedad en descomposición

GRUPO AREÓPAGO

Deja un comentario de forma respetuosa para facilitar un diálogo constructivo

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Orgullosamente ofrecido por WordPress | Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

Subir ↑