Firma invitada de don Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo: «De nuevo, y con renovado vigor, aborto»

Una ocasión más, por enésima vez, hablo de la inicua ley del aborto, aprobada en 2010. Y lo hago condenando dicha ley de nombre pomposo, como suelen adornar los partidos políticos tantas veces sus “productos”. Sí, esa es una ley que declara el aborto como un derecho, ¿para la mujer? El maestro Julián Marías afirmaba que las generaciones futuras se avergonzarán de la práctica del aborto en nuestro tiempo, lógicamente porque es injusta y se sigue la muerte de una persona humana sin motivos.

              Estamos, además, en estos días ante una variante, un plus, de esa ley nefasta de 2010, que acaba de ser aprobada por el Parlamento. Con estas aristas: posibilidad de que las chicas de 16-17 años puedan optar por el aborto sin el consentimiento de sus padres; y que los profesionales de la salud, que se opongan a la práctica de un aborto en la sanidad pública, sean inscritos en una lista como opositores. Nada, pues, de objeción de conciencia; también se prohibirá que, a las mujeres que estén en el dilema de abortar, los profesionales de la sanidad pública les den información de lo que supone un aborto.

              Lo que supone un aborto, sin embargo, no puede entenderlo una ley; queda en el interior de cada mujer, y de todos es sabido que existen muchísimas mujeres que sienten en su conciencia los efectos de su decisión de abortar, aunque eso sucediera hace mucho tiempo. Estos sentimientos no los puede evaluar el Parlamento con sus leyes positivas; está en el interior de esas mujeres. Se sabe que hay mujeres que con muchos años siguen hablando del aborto que aceptaron en su juventud. Por otro lado, es sorprendente que defensores del aborto, también las feministas a ultranza, estén hablando de aborto y mujeres. Como si el aborto solo afectara al sexo femenino (con perdón) y no a hombres (sexo masculino) y a mujeres. Ellos, los varones, son responsables de la mayoría de los abortos practicados por “su pareja”, su novia, su hija, y por cuantos rodean en entorno de la mujer.

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              En otras ocasiones he referido la actuación de los grupos pro-vida, considerados ultras por la cultura dominante, pero que suponen una esperanza para la sociedad. No trabajan en abstracto, sino con personas concretas, mujeres embarazadas, sobre todo, a las que acogen con calor, comprensión, prestándoles ayuda de muchos tipos, haciéndose cargo de su difícil situación. Tampoco olvido a otros grupos que rezan para que el aborto no sea endulzorado por palabras bonitas o como un signo de la libertad que las mujeres han conseguido; también existen personas valientes que son capaces de creatividad a la hora de persuadir a mujeres embarazadas de un aborto.

              En Toledo Red Madre es un apoyo ante un embarazo imprevisto, con problemas o no deseado. También Proyecto Mater es una respuesta preciosa y concreta de la Iglesia diocesana de Toledo a las necesidades de las madres en riesgo de aborto y en situaciones de especial dificultad. Mater busca ayudar y asesorar a las mujeres que lo están pasando mal por haberse visto abocadas al aborto. El Proyecto es una iniciativa diocesana, coordinado por Cáritas Toledo, que intenta responder a las inquietudes del Papa Francisco respecto al aborto: “Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias” (Evangelii Gaudium, n. 213-214).

              Puede parecer poco lo que hacemos los católicos de Toledo, y muchos de ellos no se han enterado todavía del problema, pero hacemos e informamos. No veo hacer nada a partidos políticos y a los poderes públicos a nivel autonómico, provincial y local. Y las que abortan son también sus ciudadanas que, si se les acoge y les presta una ayuda necesaria, no abortarían ni sufrirían el trauma del aborto. Hay solución, pero hay que buscarla, pese a que se opongan a ella, censurando además que demos información del problema del aborto, al que no se le ha dado solución en un país con población cada vez más longeva.

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       Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo.

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