El voto del cristiano coherente

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Para el cristiano que busca ser coherente, la convocatoria de elecciones para formar el gobierno de la nación presentaba un pequeño dilema moral. Para que su voto fuese “útil” debía elegir entre cuatro formaciones políticas en cuyos programas, sin excepción, aparecen propuestas severamente inmorales. La perspectiva de realizar el bien social de participar en la gestión del poder de un Estado a través de la elección responsable de una de las varias formas legítimas de propugnar el bien común se veía empañada por algunos puntos de los programas electorales que son claramente contrarios a la enseñanza del Magisterio. He aquí el dilema moral: votar el 26 – J era optar por el mal menor.

Este dilema es pequeño porque la responsabilidad del voto en España se divide entre treinta y cinco millones y medio de ciudadanos. En vez del mal menor el cristiano también ha podido optar por un bien posible; de hecho, un porcentaje significativo de votantes ha manifestado que apuesta por la democracia pero que no comparte el programa de ningún partido. Esta opción no sólo es legítima, sino también moralmente buena.

El dilema moral es pequeño, además, porque la moral del cristiano en política abarca un campo muchísimo más vasto que el día de ir a votar, y el criterio moral de intervención en toda la realidad social es el del bien común, no el del interés general de la mayoría. El cristiano quiere el bien de todos, y lo busca haciendo el bien. Tras el 26 – J el cristiano seguirá procurando el bien, haciendo por entenderse y por colaborar con todo partido, gobierno y creyente o no creyente, siempre que se mueva en el marco del bien común.

Y, por supuesto, el cristiano seguirá realizando acciones responsables el 27-J, el 28-J y cada día, pidiendo a Dios que cada ciudadano y, en particular, los que tienen la responsabilidad de servir a todos, lo hagan desde el criterio del bien común.

 

 

 

Grupo AREÓPAGO

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