Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Author: areopagodetoledo (page 2 of 21)

La revolución de los pensionistas

pensiones

La revolución de los pensionistas, así se movía en twitter la manifestación a las puertas del Congreso de los Diputados. Ellos, con todo el derecho, exigen un tratamiento digno y unas pensiones que sean suficientes para mantener el nivel de vida. La sociedad está en deuda con ellos, sus esfuerzos y generosidad muchas familias han hecho posible que muchas familias sobrevivan tras la gravísima crisis económica que estamos sufriendo.

Escuchando las noticias, leyendo periódicos, mirando las características de nuestra sociedad, resuenan las palabras pronunciadas por una religiosa ante las familias que se quejaban y protestaban por el cierre de un colegio, en un pueblo. Decía aquella monja: “Yo, nosotras las hermanas, hemos hecho cuanto hemos podido para que el colegio siga abierto”. Y ante el comentario inoportuno de algunos padres, la hermana con mucha serenidad dijo a aquel padre: “-Mire salvo tener hijos, las hermanas hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos para que el colegio siga abierto, como no hay niños no podemos continuar nuestra labor”.

Algo parecido se podría decir a nuestra sociedad. Las pensiones y el bienestar de nuestros mayores dependen de muchos y variados factores socioeconómicos; pero sobre todo depende de los jóvenes. Si nuestra sociedad sigue decreciendo y no hay más nacimientos podremos firmas muchos pactos, realizar grandes promesas a los pensionistas. Podremos gravar con más impuestos a la sociedad, pero seguiremos sin recursos para atender dignamente a las personas mayores.

Nuestra sociedad necesita urgentemente una reforma del sistema de pensiones, una reunión del pacto de Toledo, escuchamos a diario. Esa reunión quiere reformar el sistema de pensiones, y esto exige de nuestros representantes y de toda la sociedad una apuesta de futuro y fomentar una cultura de la vida, en todos los aspectos: cuidado de la familia, apuesta por la natalidad, mejora de los salarios, formación de los más jóvenes para que puedan tener unas condiciones de vida y trabajo dignas. Nuestros mayores, los actuales pensionistas, nos han enseñado que la sociedad avanza cuando la familia es cuidada y crece, aprendamos la lección.

 

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Eugenio Nasarre, exsecretario general de Educación: La libertad: prioridad del proyecto educativo que necesita España

Precisamente en estos días hace cuarenta años el Congreso de los Diputados debatía el proyecto de Constitución que los españoles refrendamos el 6 de diciembre de 1978 por una muy amplia mayoría. Fue el gran pacto que hicimos para sentar las bases de nuestra convivencia sobre los valores superiores de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo. Pero, sobre todo, fue el gran Pacto de la Concordia, pues nació con el afán de superar los viejos litigios históricos que habían enfrentado dramáticamente a los españoles.

No fue fácil, desde luego, lograr ese gran acuerdo. Hubo que trabajar mucho. Solamente la conciencia muy arraigada de que era imprescindible por el bien de España propició los compromisos y las necesarias concesiones mutuas que se plasmaron en el texto que asumimos los españoles con nuestro voto.

La educación fue uno de los temas que generó mayor controversia. Hasta el punto que en un determinado momento la ponencia constitucional se rompió. El motivo fue precisamente la cuestión de la libertad. Hubo que hacer muchos esfuerzos para recomponer el consenso. Finalmente se logró sin que la libertad de enseñanza fuera sacrificada y quedó recogida en el frontispicio del artículo 27, junto a la proclamación de que “todos tienen derecho a la educación”.

En el sistema de libertades que en los dos últimos siglos se ha ido configurando en la vida política de Europa la libertad de enseñanza ha tenido una vida frágil y tormentosa. Ha sido la libertad menos amada por gran parte del pensamiento liberal y la más combatida por el pensamiento socialista. En el fondo lo que ha pasado es que se ha topado con la pretensión de que toda la educación debe estar en manos del Estado. Esta idea arranca de lejos. Fichte en sus Discursos a la nación alemana creó la figura del “Estado educador”. A lo largo del siglo XIX los Estados se sirvieron de la educación para sus “construcciones nacionales”. La exacerbación de los nacionalismos en la primera mitad del siglo XX, con el surgimiento de los totalitarismos causó grandes estragos en Europa. Como sana reacción, cuando, tras la segunda guerra mundial hay una voluntad de crear un nuevo orden mundial para preservar la paz, en las Declaraciones de Derechos Humanos y en los Pactos sobre derechos y libertades se proclaman las libertades educativas: la de los padres para escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, la de la iniciativa social para establecer y dirigir instituciones de enseñanza.

Estas libertades, que se sintetizan en lo que llamamos “libertad de enseñanza”, son más necesarias que nunca: en bien de la propia educación y en bien de una sociedad libre y plural. He vivido con intensidad los problemas, los retos y las políticas de nuestra educación a lo largo de estos cuarenta años. Con esta experiencia ha arraigado en mí un creciente aprecio por las libertades educativas, las que han de ejercer los padres y la que ha de ejercer la sociedad.

Pero los tiempos que corren no son desgraciadamente favorables a la libertad en el ámbito de la educación. Vivimos un momento en que la sociedad reclama un pacto educativo para evitar los vaivenes que tanto perjudican y hacer un sistema educativo más vertebrado y cohesionado. Pero, de nuevo, algunos pretenden que el valor de la libertad sea sacrificado o, al menos, preterido.

Cuando finalizaba la segunda guerra mundial y había que reconstruir las democracias en Europa, Jacques Maritain publicó un lúcido ensayo sobre “los fines de la educación”. Observaba en él que el debate que se estaba produciendo se centraba en los medios, pero se estaba olvidando lo que era más importante: cuáles son los fines de la educación, sobre los cuales -exhortaba- es vital tener ideas acertadas.

Ahora también tenemos el riesgo de dar primacía a los medios, a los recursos, a los métodos y relegar la cuestión fundamental de los fines. Por eso reviste tanta importancia el valor de la libertad. La libertad es la que permite dotarnos de instituciones educativas fuertes, con identidad y con proyectos educativos que se propongan lo que verdaderamente es la tarea educativa: elevar a la persona en todas sus dimensiones. La escuela tiene una gran responsabilidad para llevar a cabo esta tarea. Pero necesita el concurso de las familias. Recuperar el sentido del binomio familia-escuela es clave para el éxito de la formación. Reforzar ese vínculo exige que se entable una relación de confianza y de cooperación. Si hay libertad de elección de los padres esa confianza y cooperación será más potente. Y ayudará también al conjunto del sector educativo. Porque los centros educativos no son como las gasolineras, en las que uno reposta en la que tiene a mano. Fortalecer la identidad de cada institución educativa y su ideario es vital para que se pueda dar una buena educación.

Retroceder en un marco que garantice y propicie las libertades educativas sería dramático para la sociedad española. Por ello, la defensa de la libertad debe considerarse como una prioridad en cualquier proyecto sociopolítico al servicio del bien común.

 

*Resumen de la ponencia “La educación como proyecto-socio político” de D. Eugenio Nasarre, el pasado viernes 23 de febrero en el III Curso de Formación Complementaria “La verdad os hará libres. Sinergias educativas para el momento presente” que cada último viernes de mes se celebra a las 18.00 horas en el Salón de Grados del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Toledo.

Carla y el milagro de la vida

Estos días muchos medios de comunicación se han hecho eco de esta noticia: “Carla ha sido dada de alta, la primera niña en España en recibir un trasplante cardiaco infantil AB0 incompatible”.  Carla, que ha sido un bebé anónimo hasta ahora, es la primera persona que han trasplantado un corazón de un donante con un grupo sanguíneo distinto al suyo. A Carla, ya en el útero de su madre le fue diagnosticada una malformación cardiaca severa, y desde su nacimiento estuvo en continuo tratamiento médico. El 9 de enero recibió un nuevo corazón.

El milagro de la vida y los avances de la ciencia han permitido que Carla pueda tener un futuro y una vida normal como el resto de los niños al que se le ha trasplantado un corazón. Todo pese a la larga espera y al sufrimiento de sus padres que en medio de la angustia esperaban impacientemente la noticia de un trasplante de corazón para su hija. En este caso la espera mereció la pena. La vida triunfa.

Desde la concepción nuestra vida no es fácil; es una lucha continua como demuestra la historia de Carla. Sin embargo, la vida siempre da oportunidades y esperanzas. La vida de todo ser humano es una carrera con muchos obstáculos pero que siempre merece la pena vivirla. De vez en cuando son personas anónimas como la familia donante del corazón de Carla, las que nos ofrecen una lección de gratitud y de amor a los demás. Una lección de generosidad enorme y de Amor con mayúsculas. Una lección que permite dar vida a otra persona, como Carla.

En esta sociedad donde el egoísmo reina y el individualismo se instala a sus anchas en nuestra vida diaria, esta obra de caridad y de generosidad no sólo sorprende por el excelente trabajo del equipo médico y por los progresos de la medicina y de la ciencia, sino porque ha salvado una vida. Y siempre, siempre merece la pena Salvar la Vida. La vida de personas como Carla.

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¿Qué es un matrimonio?

matrimonio

El Tribunal Supremo ha dictado una sentencia en la que reconoce el derecho a pensión de viudedad española a las dos mujeres casadas con un soldado marroquí polígamo. Esta sentencia rectifica la decisión adoptada por la Seguridad Social y por el primer tribunal que conoció el caso, que solo reconocían el derecho a la primera mujer, considerando —conforme a la propia doctrina anterior del Tribunal Supremo— que  la bigamia es un delito en nuestro ordenamiento jurídico y, por tanto, reconocer a esa situación efectos jurídicos atentaría contra la concepción española del matrimonio y contra la dignidad constitucional de la mujer. Dos magistrados de la sala suscribieron voto particular en contra del parecer mayoritario de la sala, considerando que la aplicación de este criterio interpretativo ataca nuestra cultura y nuestro sistema de valores, va en contra de la dignidad de la mujer y  abre brechas que debilitan nuestras señas de identidad.

La Constitución Española se limita a afirmar, en su artículo 32, que el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio. Y el Código Civil, en el 44 y siguientes, establece los requisitos, forma de celebración y efectos. Pero no existe una definición legal de matrimonio. Esto es así porque, en nuestra cultura, nunca ha sido necesaria tal definición legal: todos sabían lo que era un matrimonio desde el Derecho Romano hasta nuestros días. La definición del matrimonio dada por juristas romanos como Ulpiano o Modestino difería más bien poco de la que en el siglo veinte formulaba Castán: “la unión legal de un hombre y una mujer para la plena y perpetua comunidad de existencia”. Esta idea de matrimonio ha servido de cimiento al progreso de la sociedad occidental durante siglos, sustentando también un determinado concepto de familia que —como célula básica de la sociedad— ha configurado nuestra civilización.

Ahora se destruye esa célula sin aportar alternativa. El matrimonio ya no es estable, sino que se puede romper con más facilidad que cualquier otro contrato. Tampoco se concibe necesariamente desde la complementariedad entre hombre y mujer. Y parece que ahora tampoco tiene que estar formado, necesariamente, por un solo hombre y una sola mujer.

En definitiva, para el ordenamiento jurídico, los tribunales y las leyes no existe ya el matrimonio según el concepto de Ulpiano o de Castán. Pero ¿alguien sabe qué es el matrimonio en España hoy? ¿Qué sociedad podemos construir si no sabemos con qué células lo vamos a hacer? ¿Es igual de valioso para la sociedad el matrimonio único, estable y entre sexos que el formado, por ejemplo, por dos hombres y dos mujeres?

Deberíamos entre todos plantearnos seriamente esta cuestión. Porque si todo vale para ser llamado matrimonio, ¿qué sentido tiene proscribir como delito la bigamia? Pero también podemos preguntarnos qué sentido tiene prohibir el matrimonio entre hermanos o entre hijos y padres.

Si la decisión personal e individual es la única fuente creadora de matrimonio y esa decisión obliga a la sociedad al reconocimiento de efectos como matrimonio para cualquier tipo de unión, simplemente habrá dejado de existir el matrimonio. Cuando cualquier cosa sea matrimonio, en realidad nada lo será.

 

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La moda, un falso ideal

En las últimas semanas están ocupando portadas y noticias los diferentes desfiles de pasarelas que dan comienzo a la semana de la moda en nuestro país, y que pretenden dibujarnos las supuestas líneas que marcarán los estilos del año.

Se nos proponen unos modelos y cánones “perfectos”, que pretenden vendernos como fórmulas de la felicidad. Sin embargo, tal y como pone de manifiesto una simple consulta al diccionario, la moda no es sino simplemente un conjunto de perfiles que se usan durante un periodo de tiempo determinado. Por definición, la moda será efímera, tendrá un fin. Es la imagen que resume a la perfección uno de los males más característicos de nuestra sociedad: la ausencia de auténticos modelos solventes y duraderos. El bombardeo indiscriminado de influencias que recibimos y la dificultad de encontrar referentes sólidos hacen que muchos jóvenes tengan sus modelos de vida en ideales superfluos y caducos, sin llegar a profundizar en los valores que formarán su personalidad y que le acompañarán toda la vida.

En una sociedad visiblemente acomodada en la superficialidad y con gran cantidad de prejuicios, se hace imprescindible que nos paremos a pensar si estamos viviendo de forma auténtica y no siendo meros imitadores de patrones cortoplacistas. Si estamos siendo capaces de vivir nuestro propio ideario, que es Verdad actualizada a nuestra vida, sin fecha de caducidad.

Planteémonos que quizás nosotros mismos estamos llamados a ser referencia viva en nuestra propia familia, en nuestro trabajo, en nuestro ambiente; porque sólo empezando por nosotros mismos, ofreciendo a los demás las capacidades que tenemos, podremos ser creadores de “moda” y empezar a cambiar el mundo.

 

 

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La responsabilidad de todos ante la enfermedad

enfermedad

El día de la Festividad de Nuestra Señora de Lourdes, un 11 de febrero de 1992, San Juan Pablo II instituyó la Jornada Mundial del Enfermo. Ya han pasado 26 años desde la primera conmemoración que este año lleva por lema: “Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa”. Un lema, de esta XXVI Jornada, que nos tiene que conmover y hacer reflexionar.

Son palabras de Jesús a Juan desde el sufrimiento en la cruz, según ha indicado el Papa Francisco. Palabras que deben ayudarnos a darnos cuenta de la importante e ingente labor que tiene la Iglesia, servidora siempre de los enfermos y de los que cuidan de ellos. La Iglesia como madre que se preocupa por todos nosotros, sanos y enfermos. Una labor que es reconocida por creyentes y no creyentes, y que a la vez es desconocida. Desconocida porque no se pone en valor el trabajo de la Iglesia, como ocurre con Cáritas y la atención a los más necesitados; una labor que llega donde nadie llega y como nadie llega.

Los avances científicos están contribuyendo en muchas ocasiones a sanar y paliar el dolor, a ofrecer esperanza a los enfermos. Sin embargo el sufrimiento y la enfermedad siguen estando presente en la vida diaria. Forman parte de nuestro ser y de nuestra naturaleza. Quien más o quien menos ha sufrido el dolor y ha conocido la enfermedad en los demás. La enfermedad no es algo ajeno a nosotros.

Cada vez que celebramos un día mundial existen campañas de sensibilización y de concienciación sobre algún problema o asunto de interés. Tenemos que acordarnos, y no solo este día, de aquellos que sufren de forma directa o indirecta la enfermedad. Cuánto dolor, cuántos enfermos, y cuántas familias. Cada día tenemos que tener presentes a los enfermos y a sus familias, rezar por todos ellos, por todos los familiares, cuidadores y profesionales de la salud que atienden cada día a quienes padecen el sufrimiento. Es responsabilidad de todos, de cada uno de nosotros, contribuir en la medida de nuestras posibilidades a lograr que la enfermedad se viva con esperanza y dignidad.

Grupo Areópago

Dios, David y Leonor

leonor toison

Al leer las palabras que el rey David dirige a su hijo Salomón antes de morir, para que le sirvan como guía en su futuro reinado, resulta difícil no evocar las que el rey Felipe VI pronuncia ante su hija Leonor al imponerle el Toisón de Oro. Dice David a Salomón: “Ten valor y sé todo un hombre. Cumple los mandamientos del Señor, tu Dios; camina por sus sendas y observa sus preceptos”(1R 2, 1).

Evidentemente, en tiempos de David no existía la Constitución ni tampoco el Estado de Derecho. Por eso no llama la atención que él no se refiera a estos aspectos, sino a la ley mosaica entonces vigente. Sin embargo, sí llama la atención que, en un momento especialmente solemne y simbólico, en el que un rey católico pretende marcar a una futura reina católica las convicciones más profundas sobre las que debe fundamentar su reinado, se evite expresamente nombrar a Dios.

Y es que en la sociedad española actual, en la que se presume de haber superado tantos tabúes, en la que se lucha por “visibilizar” y “normalizar” tantas situaciones, ideas y opciones de vida, tan solo existe un tabú: Dios.  Todas las ideas son respetables, se dice, pero hablar de Dios se considera excluyente. Cualquiera puede expresar libremente sus sentimientos más íntimos —e incluso exigir que se cambie la realidad para adaptarla a sus sentimientos— pero no puede manifestar en público que su bautismo y su fe en Dios le dan fuerza y guía para hacer el bien.

La Constitución Española, como norma fundamental de nuestro Estado de Derecho, debe ser cumplida por todos como garantía de convivencia. Pero el cumplimiento de las leyes no tiene por qué implicar la desaparición de Dios del ámbito público o la necesidad de ocultar, callar o disimular la propia forma de entender la vida en aras de una pretendida neutralidad.

Con el debido respeto, Princesa Leonor, siga usted los consejos de su augusto padre: guarde y haga guardar la Constitución y guíese por los valores más profundos; y, además, que Dios guarde a su Alteza y la guíe siempre en sus decisiones, bendiciéndola con un largo y fructífero reinado durante el que los españoles gocemos de paz y prosperidad.

 

 

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El nuevo Narciso. Hiperconsumo y felicidad

Enero siempre ha sido famoso por su “cuesta”. Una sabia metáfora popular para simbolizar  las fatigas que producen los excesos navideños y el aumento de los precios.  La sociedad actual, sin embargo, habla de enero como el “mes de las rebajas”. Es una de las grandes mutaciones que la postmodernidad ha introducido en nuestro vivir cotidiano. Durante este mes, las grandes “catedrales” del consumo, desde el poder seductor de los medios publicitarios, se transforman y revitalizan.

Sin duda, el consumismo es el nuevo y principal mito de la sociedad actual. Hoy día se puede decir que es un auténtico paradigma que dirige las pautas de comportamiento de una gran mayoría de individuos (Z. Bauman, 2001 ). Algunos sociólogos hablan ya de una nueva época en la que se entroniza el hiperconsumismo, pues absorbe e integra cada vez a más esferas de la vida social y produce un nuevo estilo de vida: consumir por consumir. A su sombra nace una cultura hedonista que invita a las personas a la satisfacción inmediata de sus deseos y necesidades, estimula las urgencias de los placeres y coloca en un pedestal el paraíso de la comodidad, el confort y el ocio. La nota dominante es consumir con impaciencia, viajar, divertirse, no renunciar a nada. El pasado y el futuro no existe, sólo el presente, el aquí y el ahora. Esta nueva sociedad que unos llaman de las vivencias, o del postdeber, y otros la califican de líquida, está forjando un nuevo tipo de hombre centrado en sí mismo, hecho de instantes y retazos, sin proyectos ni ideales por los que merece la pena vivir. Un yo sin raíces y lazos. Es el nuevo Narciso.

Creemos que es hora de preguntarse: ¿Es feliz el nuevo Narciso? ¿Esta nueva cultura hace al hombre más feliz? Hace ya muchos años que Aldous Huxley escribió su célebre novela “Un mundo feliz”. Es el relato-ficción de una humanidad avanzada que consigue la felicidad plena a través de la ciencia y la tecnología. Eso sí, irónicamente, después de eliminar la familia, la diversidad cultural, el arte, la literatura, la religión, la filosofía… ¿Era esta novela un anticipo del mundo futuro?

Saltan las alarmas cuando uno mira las estadísticas sobre suicidios, depresiones y drogodependencias. Y se aumentan, cuando en tu realidad cotidiana te encuentras con tantas personas con fluctuaciones intensas en la autoestima; con gran dependencia de los otros o imposibilidad de establecer relaciones significativas; con intensas angustias y temores; con apatía, con trastornos del sueño y del apetito, con desesperanza…Esta triste realidad impacta: ¿Es feliz el nuevo Narciso?

 

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La deshumanización del hombre

El pasado 12 de diciembre el Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad la admisión a trámite de la proposición de ley relativa a las reformas necesarias para la modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil. La proposición de ley busca eliminar la cosificación jurídica de los animales y que estos sean considerados como “seres vivos dotados de sensibilidad”.  En esta reforma “se introducen en las normas relativas a las crisis matrimoniales preceptos destinados a concretar el régimen de custodia de los animales de compañía”. Para ello se “contempla el pacto sobre los animales domésticos y se sientan los criterios sobre los que el juez debe tomar la decisión de a quién entregar el cuidado del animal”.

Esta reforma que ha sido publicitada en los medios, debe llevarnos a la reflexión. Es cierto y evidente que como expresa el Papa Francisco en la Encíclica “Laudato Si” número 130: “es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas”, pero en nuestras sociedades se está dando todo un proceso de humanización de los animales que en muchos casos están ocupando un vacío afectivo. Muchas parejas deciden por tener una mascota que sustituye el papel del hijo.

Casi en el mismo periodo de tiempo, un diario recogía la entrevista realizada a parejas antinatalistas. Allí se podían leer frases como las siguientes: “Considero que tener un hijo es un acto egoísta que responde sólo a los intereses de los progenitores”; “Vivir es sufrir, y quien no existe no sufre”; “Estoy de acuerdo con que la especie humana es monstruosa y está causando un daño irreparable a otras especies y al planeta”.

Como dice el refrán popular: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Los vientos de la falta de aprecio a la vida, la falta de una jerarquía de valores y virtudes ordenada y que ponga al hombre en el centro de las actuaciones públicas, desde la política, las iniciativas sociales, etc, nos trae la tempestad de esta cultura de muerte que niega la vida al hijo sencillamente porque otras especies están en peligro de extinción.

Estamos humanizando otras especies, mientras que a pasos agigantados deshumanizamos al hombre.

 

 

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Combatir la soledad

Acaba de conocerse la noticia de que la Primera Ministra del Reino Unido, Theresa May, ha encargado a uno de sus ministerios la elaboración de un Plan Interministerial que tendrá como objetivo “combatir la soledad”.

Diferentes informes en el país ponen de manifiesto que alrededor de 200.000 ancianos no han hablado con un amigo o con un pariente en más de un mes. A ellos se suman una importante cantidad de personas que poseen algún tipo de discapacidad y viven sin compañía.

Más allá del efecto demagógico y mediático que se busca con esta iniciativa en un contexto de crisis gubernamental -la misma fue propuesta en su momento por una joven diputada del partido de la oposición que fue asesinada en 2016 justo unos días antes de la celebración del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea-, impresiona el saber que existen tantas personas en un país desarrollado que viven en soledad. En una sociedad avanzada donde existen todos los medios de comunicación que el hombre ha podido soñar, hay personas que viven alejadas de sus familias, no integradas en su comunidad, sin vivir lo que significa la auténtica vecindad.

Seguramente no pocos pensarán que todo ello es la consecuencia de una mentalidad muy alejada de la nuestra, llamada informalmente mediterránea, donde la familia es una de las instituciones más valoradas en torno a la cual giran las vidas de las personas. Sin embargo, si pensamos en los datos que nos ofrecen las estadísticas referidas a España, podemos aventurar que en un futuro a corto plazo, estaremos viviendo una situación muy similar: la reducción de uniones estables, el aumento imparable del número de divorcios, la disminución de la natalidad, la práctica imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar son elementos que apuntan a ello.

Quizás aún estamos a tiempo de rectificar. ¿Por qué no optar por políticas públicas que fomenten la unidad de la familia? ¿Por qué no valorar la aprobación de planes de aumento de la natalidad? ¿Por qué no legislar en materia de horarios laborales y de trabajo a distancia para permitir a los matrimonios tener más hijos si así lo desean y poder atender a nuestros mayores?

Si no queremos vernos en la tesitura de tener que aprobar ministerios de la soledad, quizás deberíamos empezar de forma urgente por poner en práctica planes para promover la natalidad, fortalecer el matrimonio y la familia, recuperar el concepto de vecindad y, en definitiva, hacer verdadera comunidad.

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