Cada vez aparecen con más frecuencia restaurantes y hoteles que optan por no admitir niños. La justificación suele ser comprensible: ofrecer a determinados adultos un espacio tranquilo, sin ruidos, carreras o interrupciones. Todos podemos entender que existan momentos y lugares pensados específicamente para el descanso de los adultos. Sin embargo, conviene preguntarnos qué sociedad estamos construyendo cuando empezamos a considerar a los niños una molestia que debe ser apartada de nuestros espacios de ocio.
Un niño no es un elemento extraño en la vida social: forma parte de ella. Necesita aprender a convivir, a comportarse en público, a respetar a los demás y, también, a disfrutar de espacios compartidos con adultos. Y los adultos necesitamos recordar que la convivencia implica cierta dosis de paciencia, tolerancia y generosidad.
El problema aparece cuando el derecho al descanso y a la comodidad se transforma en la idea de que todo aquello que perturba nuestro bienestar debe desaparecer. Entonces el ocio corre el riesgo de convertirse en una experiencia diseñada exclusivamente alrededor del individuo y sus preferencias. Una especie de «si me molesta, que no esté».
Por supuesto, no se trata de defender que los niños puedan comportarse de cualquier manera. Los padres tienen una responsabilidad esencial: educar, acompañar y enseñarles a respetar las normas y a quienes comparten esos espacios. Pero tampoco podemos pretender que aprendan a convivir si la solución consiste siempre en mantenerlos alejados.
Defender una sociedad que acoge la vida significa también aceptar que la infancia tiene un lugar en ella. Los niños no deberían ser vistos como una incomodidad que hay que gestionar, sino como personas que están aprendiendo a vivir con nosotros.
Quizá necesitamos recuperar una idea sencilla: una sociedad verdaderamente humana no se construye eliminando de nuestros espacios aquello que nos incomoda, sino aprendiendo a convivir con ello. Y eso incluye, necesariamente, compartir el ocio, la mesa y la vida entre generaciones.
GRUPO AREÓPAGO
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