Resiliencia en tiempos de crisis

El concepto resiliencia con todo su contenido psico-pedagógico, desde su comprensión como capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos (RAE), ha adquirido una gran importancia en los últimos tiempos en el ámbito de la educación. Formar niños y jóvenes resilientes es uno de los grandes retos de la educación actual para conseguir personas adultas y maduras en una sociedad tan complicada para crecer en armonía emocional, sobre todo en ambientes y situaciones de riesgo social.

En momentos tan difíciles como los que estamos viviendo, o como en otras experiencias personales o colectivas adversas a las que nos enfrentamos a lo largo de nuestra vida, es fácil constatar cómo sale a flote lo mejor y lo peor que tenemos guardado en nuestro “armario vital”. Las adversidades ponen a prueba la solidez de nuestros valores; de los que fluyen de forma espontánea porque están bien consolidados en nuestra personalidad y los que se diluyen al primer vientecillo adverso. Son nuestros termómetros vitales. La pandemia del coronavirus y todas las circunstancias y repercusiones que tiene para nuestras vidas seguramente está poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación, nuestra resiliencia. Puede que esté poniendo también a prueba a toda una sociedad  acostumbrada a tener respuesta para todo, a saberlo todo y a creer que lo puede todo.

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A nivel personal, la primera respuesta que se nos pide para luchar contra la pandemia exige sin duda una gran capacidad resiliente. El “castigo” de estar en casa sin salir y con un horizonte en el tiempo difícil de vislumbrar resulta duro, acostumbrados como estamos a vivir una  vida social intensa en todas sus dimensiones, trabajo, ambiente, ocio, cultura… Aun disfrutando de tantos medios virtuales como tenemos para educarnos, instruirnos o entretenernos, vamos a necesitar todo un armario vital repleto de cualidades medulares resilientes para afrontarlo y dar una respuesta emocional equilibrada. Los expertos nos hablan sobre todo de tres: una comprensión y aceptación de la realidad bien discernidas, una profunda fe en que la vida sí tiene sentido, y creatividad para ingeniarse alternativas de solución.

Desde una perspectiva familiar, la reclusión necesaria en casa con niños y adolescentes puede ser el especial “termómetro” familiar, o un importante test para evaluarse como padres y como familia. Esta situación puede convertirse en el gran reto educativo de practicar como “tutores resilientes” con los hijos. Los expertos nos hablan de entrenarnos en el amor sin fisuras, equilibrio emocional para resolver conflictos y problemas sin suplantar la iniciativa de los hijos, mucha iniciativa y creatividad, y sobre todo optimismo y buen humor.   

Y desde una perspectiva social, mediata y futura, nuestro gran reto sobre el que seguiremos dialogando: cómo entrenarnos en la resiliencia para afrontar una situación postcrisis que va a resultar muy complicada.

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