Por favor, ¡hagamos los deberes!

Han llegado las vacaciones, tiempo de descanso de desconexión y de poder hacer lo que uno no ha podido realizar durante el año, y más este año que con la situación del estado de alarma y el confinamiento decretado se paralizaron nuestros movimientos y se suspendieron las  actividades que teníamos programadas. El tiempo se paró y hacer previsiones ya no era posible.  Siempre es bueno recordar y volver a insistir porque los seres humanos tendemos a repetir los errores. Durante el periodo estival no hay que olvidar todo lo aprendido y todo lo vivido que ha sido mucho y muy dramático. No se nos pueden olvidar los sufrimientos, las muertes, los millones de familias destrozadas, los millones de enfermos, y todo lo que nos ha generado la covid-19.

Diariamente surgen noticias de reuniones, fiestas y celebraciones de gente saltándose las medidas de seguridad, de higiene y sin mascarilla, poniendo en peligro no sólo su salud sino la del resto de la ciudadanía. Los brotes de casos positivos en España van en aumento día tras día. Se van extendiendo a una velocidad asombrosa.  A estas alturas todos sabemos muy bien lo que tenemos que hacer para que el contagio no vaya a más y  que los rebrotes desaparezcan pero parece que no queremos llevarlo a la práctica. Las distintas instituciones públicas están poniendo en marcha medidas de protección y de prevención para proteger nuestra salud pero parece que no es suficiente. En cuestiones sanitarias y donde todos dependemos unos de otros no hay que ser flexible porque no tenemos término medio.

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Es un gesto de caridad y de amor por los demás. Como ciudadanos tenemos el deber de protegernos y de proteger a los demás; ahora más que nunca el uso de la mascarilla, la higiene de manos y la distancia social son nuestros deberes para estos meses. El virus sigue vivo y la propagación de la Covid depende de todos nosotros, de nuestra responsabilidad y disciplina.

Nos están alertando las administraciones y ojalá se equivoquen. Lo hemos pasado mal en la primavera pero si se cumplen las previsiones  lo que  queda por venir será todavía peor si no lo controlamos en todos. La nueva normalidad, relativa a esta situación excepcional que seguimos viviendo, le exige a toda la ciudadanía pensar y trabajar por el bien común. Nuestros deberes no son meras recomendaciones, son obligaciones personales y no debemos esperar a que las distintas Comunidades Autónomas nos los impongan mediante decretos y leyes para cumplirlos.

Nuestra vida y nuestro futuro está juego. ¡Hagamos los deberes!

GRUPO AREÓPAGO

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