Firma invitada de don Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo: «Contradicciones serias»

Hay contradicción cuando existe oposición entre lo que se dice y se hace, o entre lo que defiendo u opino en un campo y cuando en otro ámbito estoy diciendo con mi comportamiento lo contrario. No hacen falta muchas más precisiones. La vida está llena de contradicciones. Yo mismo las veo en mi propia persona. Es parte de la deficiencia humana: nadie es coherente en todas las circunstancias. Así que en este tema sería bueno para nosotros contar con nuestras contradicciones y ver cómo superarlas.

        Un buen camino para esta superación es, ante todo, reconocer yo mismo la posibilidad de cometer contradicciones y no pensar que soy recto en todo. Al fin y al cabo, somos interiormente débiles y necesitamos rectificar. Por esta razón, si tengo la posibilidad de contar con alguien que me haga ver mis posibles contradicciones, esa es la manera de rectificar en lo que pienso y llevo adelante. Bien es verdad que al ser humano le cuesta rectificar; por ello hay tantas situaciones humanas absurdas, que se resolverían fácilmente.

        El problema de la contradicción es más serio cuando esta se crea para engañar o esconder la verdad, cuando estoy aparentado otra cosa o deseo que se piense que estoy obrando con rectitud y buena fe. Si esto sucede más allá del nivel personal –cuando se da en grupos, asociaciones, gobiernos de todo tipo, partidos políticos…–, la contradicción es preocupante. Somos bastante refinados al mostrar a dónde quiero ir sin que se den cuenta los demás, sobre todo en una sociedad tan mediática como la nuestra. Por eso es importante que haya voces en la sociedad que detecten esas contradicciones, y que las indiquen a la opinión pública. Teniendo en cuenta, claro está, cuanto hemos dicho al inicio de este texto. Veamos casos concretos.

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        Contradicción buscada, con deseo de ocultar la verdad, es por ejemplo la propuesta del Gobierno de crear una Comisión de Investigación en el Parlamento sobre los abusos sexuales en la Iglesia para ser discutida posteriormente. Lo que se busca es llegar a que la gente identifique Iglesia= a casos de pederastia, cuando se sabe que esa lacra social de la pederastia, absolutamente rechazable, acontece entre los hijos de la Iglesia, pero también y, sobre todo, en la sociedad entera. Si la pederastia es un problema social y no solo eclesial, ¿a qué viene esa Comisión solo para afrontar los casos de los miembros de la Iglesia? Eso es una contradicción, y de bulto, que se desea se extienda en nuestra sociedad. Y hace mal, pues es un desenfoque de un problema que toda la sociedad debe afrontar. Y, de paso, se denigra a la Iglesia.

        Estoy recordando ahora también aquella contradicción que aparece en la llamada Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (¡¡¡!!!), de 3.03.2010. ¿Qué han hecho el Estado y los distintos gobiernos de España para ofrecer ayuda e información a las mujeres que desean o no ir a un aborto? Crear o amparar clínicas abortistas e impedir que estas mujeres puedan recibir información de lo que significa un aborto en su vida, y anunciar las sanciones para quien quiera animar a seguir adelante con el embarazo. Ya tenemos experiencia de para qué sirven muchos comités de ayudas a las mujeres que desean abortar: tantas veces simplemente facilitar el aborto. He aquí una contradicción, que hace daño a la humanidad.

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        Vean lo que dice el Preámbulo II de dicha Ley de 2010: “La mujer adoptará su decisión <de abortar o no> tras haber sido informada de todas las prestaciones, ayudas y derechos a los que puede acceder si desea continuar con su embarazo, de las consecuencias médicas, psicológicas y sociales derivadas de la prosecución del embarazo o de la interrupción del mismo, así como la posibilidad de recibir asesoramiento antes y después de la intervención”. ¿Se ayuda realmente a la mujer a tomar esa resolución con un mínimo de libertad, o se le indica únicamente el lugar dónde se puede abortar?

        Si nos vamos al nivel autonómico y local: ¿dónde están las ayudas para aquellas mujeres que no quieren abortar? Yo no las veo por ninguna parte. Por el contrario, en nuestra Archidiócesis el proyecto “Mater” es una manera concreta de ayuda a mujeres, y aun a matrimonios, que han decidido seguir con su embarazo, porque no basta con condenar el aborto: hay que hacer más.Un equipo de personas voluntarias y profesionales asesoran y ayudan en este proyecto y ahí están las cifras a las que tan aficionados son nuestros políticos. Lo mismo cabe decir de otro programa de Caritas, Rompe tu silencio, que ayuda mujeres y sus hijos maltratados; otros similares existen, además, en nuestra Diócesis.

        Muchas oficinas para la Mujer, pero ninguna financiación pública para estas “cosas de la Iglesia”. Todos estarán muy preocupados por la situación de la mujer, pero prácticamente ninguna ayuda de las administraciones autonómicas y municipales para proyectos concretos. Por el contrario, reitero, hace ya bastantes años que Cáritas Diocesana y la Delegación de Familia y Vida sostienen el ánimo de cuantas mujeres llegan a pedir ayuda de todo tipo, atendidas por ese equipo interdisciplinar. Es un dinero bien gastado en la solución de ese gran problema que es el aborto. Pero nuestros poderes públicos no lo creen así. Y, aunque lo crean, no ayudan. Es contradicción.

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        Contradicción existe también cuando, votada la Ley de la eutanasia por el Parlamento como un derecho de la persona, con todo tipo de estadísticas y argumentos en situaciones extremas de enfermos graves, se olvida flagrantemente usar y gastarse el dinero en los cuidados paliativos y en unidades del dolor, que hagan más humana y esperanzada la muerte de hombres y mujeres. Siempre será más fácil facilitar fármacos para ayudar a morir, pero no a morir bien y con dignidad. Es una contradicción y una muestra del capitalismo estatal de leyes como estas.

Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo

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