bebeniño

Cada 25 de Marzo, coincidiendo con la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María, la Iglesia española celebra la Jornada por la Vida. No se trata de una efeméride puramente eclesial; antes al contrario, tiene como principal finalidad transmitir a la sociedad, a todos los hombres y mujeres que forman parte de ella, la necesidad de cuidar la vida y la dignidad de cada ser humano.

Son muchas las paradojas a las que nos enfrentamos hoy en día. Nos solidarizamos con los síndrome de down al tiempo que nos mostramos indiferentes con la posibilidad de abortar a bebés con esta anomalía genética; valoramos la experiencia y la veteranía al tiempo que despreciamos a nuestros mayores, considerándolos ciudadanos de segunda; mostramos nuestra repulsa por las guerras, los ataques terroristas o la violencia contra colectivos minoritarios al tiempo que sembramos odio, con nuestros comportamientos y actitudes, contra quienes están a nuestro lado.

Estos son simplemente algunos ejemplos, con los que muchos podemos sentirnos identificados, que ponen de manifiesto una realidad: la vida sólo tiene pleno sentido si se contempla desde la Vida, con mayúsculas.

Efectivamente, es la luz de la fe la que permite detectar en nosotros estas incoherencias y nos marca el camino para luchar contra ellas y tratar de corregirlas; es la contemplación del misterio de la encarnación de Jesucristo lo que da verdadero valor a la vida de cada ser humano; es el reconocimiento de la existencia  de Dios, creador y dador de vida, la condición necesaria para comprender que no somos dueños de nuestra propia existencia –ni de la de nadie–.

Desde estas premisas se entiende mejor la afirmación de Jesús: “Yo he venido para que todos tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10, 10). Esto es lo que celebramos cada 25 de marzo y, en general, cada día: que nuestra vida, que cada vida, tiene pleno sentido porque responde a una finalidad que nos sobrepasa y porque ha sido pensada para una misión que estamos llamados a descubrir. Con independencia de las circunstancias, de las carencias, de los defectos que podamos experimentar personalmente, nuestra vida, siempre, tiene pleno sentido. No en vano, hemos sido creados por Dios y para Dios.

GRUPO AREÓPAGO