Firma invitada de don Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo: «Luchar contra la devastación antropológica»

Es necesario revolverse contra la devastación antropológica imperante de las leyes de “identidad de género”. Son leyes como la ley “trans”. Sí, leyes como ésta suponen una verdadera devastación, que estamos sufriendo y que suponen en el futuro el sacrificio de tantos niños y jóvenes inmolados en el altar de ideologías inaceptables. No podemos callarnos impunemente. Sería deleznable.

Ciertamente no vivimos en una civilización que celebre y fomente la acción de gracias por logros morales en la sociedad; más bien se fomenta lo zafio y las tendencias bajas del ser humano. Y eso es preocupante. Ya sé que hombre y mujeres estamos tocados por el pecado original. Pero eso no lo aceptan ni les interesa tenerlo en cuenta a ningún partido político, pues creen que la “política” tiene que estar no contaminada por ninguna religión o cualquier horizonte de moralidad de costumbres, ni por ningún impulso moral que frene las posibles fechorías de tantos en nuestra sociedad. Nosotros sabemos que hombres y mujeres están tocados por el pecado, que no somos seres puros, ni siquiera cuando la gracia nos bendice en nuestra vida, trabajo, ocio.

Somos en la actualidad un poco parecidos a una “macrofiesta” de Halloween, que tantas veces celebra, estimula y patrocina todas las perversiones que nutren clientes de los placeres sensuales, pero también el desprestigio y la ridiculización de compromisos fuertes, así como la relajación de todos los frenos morales. También la promiscuidad desligada de los afectos. ¿Y qué decir del acceso a la pornografía a menores de edad, que no favorecen ni vínculos solidarios ni compromisos fuertes? ¿Por qué no fomentar, pues, los afectos pacientes y comprensivos en niños y adolescentes, que son los únicos que estructuran una vida sexual sana?

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  ¿Acaso no conviene a nuestros dirigentes contemplar el amor desde todas las perspectivas y vislumbrar los precipicios a los que el amor puede asomarse? ¿No es bueno distinguir entre el amor-necesidad y el amor-dádiva, ese amor que emerge con alegría y paciencia y con capacidad de perdón y el deseo de bien para el amado? ¿No nos damos cuenta de que el amor-necesidad, si no recibe una ayuda, puede acabar gastándose, como prueban tantos casos de “madres desatendidas por sus hijos o de mujeres abandonadas por amantes cuyo amor era solo una necesidad que ya saciaron”? Así reflexionaba C. Staples Lewis, en su obra Los cuatro amores. Merece una lectura atenta a lo que aquí se dice.

Para que ese “amor-necesidad” no muera hacen falta, desde luego, principios morales sólidos (fidelidad conyugal, devoción filial, etc.). Tal vez viene igualmente muy bien hablar del amor como lo hizo Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est al inicio de su pontificado. Dicho con otras palabras, tener en cuenta el afecto, la amistad, el amor eros y el amor caridad. De esto necesitan nuestros adolescentes y jóvenes y no una “ley trans” que distorsione la ayuda hacia aquellos que tengan verdaderamente disforia, actuando de modo racional y con respeto hacia ellos. Pero es tal vez pedir mucho a nuestros parlamentarios cuando discuten leyes semejantes.

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Nosotros no podemos quedarnos quietos viendo el espectáculo. Hemos de rezar, sin duda; y también unir nuestras fuerzas para que la cordura impere y dejarnos de “progresismos e integrismos”, para ver qué conviene realmente al ser humano. Dios dé su fuerza y su gracia a quienes tienen que decidir en el Parlamento y en cada uno de los ambientes en los que estemos.

+Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo emérito de Toledo

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