Emergencia ecosocial

La situación medioambiental viene nuevamente a ocupar nuestra reflexión y nuestra mirada. Este verano fue la devastadora acción de los incendios forestales y su repercusión en la salud de nuestro planeta. En estos momentos, y relacionados íntimamente, dos acontecimientos han acaparado la atención de la opinión pública:  la cumbre sobre el clima celebrada en el pasado mes de septiembre y las movilizaciones masivas que a nivel mundial y durante toda una semana han llenado las calles de muchas ciudades para concienciar sobre los riesgos que supone no afrontar la realidad del cambio climático, y para exigir planes concretos y realistas para luchar contra él.

El tema que nos ocupa y preocupa es serio. “Estamos en un momento crítico”, leemos en la Carta de la Tierra. La humanidad se enfrenta a una crisis sin precedentes que desafía y cuestiona, no solo el sistema económico global dominante, sino también nuestros valores y estilos de vida en que plácidamente estamos instalados. Porque como dice el Papa Francisco, “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”. Situación que obliga a buscar soluciones integrales que afecten a la estructura del sistema económico vigente y a un cambio social y personal en valores y comportamientos.

Sin prisa, pero sin pausa, la situación de emergencia eco-social que vivimos avalada por datos incontestables nos dice que hay que caminar hacia un nuevo paradigma que corrija las disfunciones de la economía mundial y los modelos de crecimiento. Ya no es posible mantener el modelo económico actual basado en trabajar, producir, consumir. Nuestro planeta ya no puede soportar las demandas de una economía global de consumo ilimitado sin recibir heridas medioambientales graves. El sistema económico vigente ha de cambiar su mentalidad centrada en la obtención del máximo beneficio por otra que prime las auténticas necesidades humanas.

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Pero este cambio de paradigma global exige también un cambio de mentalidad en lo personal y social. Todos estamos colaborando de alguna manera al deterioro medioambiental con nuestro estilo de vida, nuestros derroches, el tratamiento de los residuos, etc. Los países que firmaron los acuerdos sobre el clima establecidos en la Conferencia de París en diciembre de 2015 se comprometieron a una serie de medidas que necesitan no solamente voluntad política para aplicarlas, sino también una acción social que comience en las estructuras implicadas en la tarea educativa. No puede haber cambio de paradigma si no cambian al unísono las personas y las estructuras económicas y socioeducativas.

Sin estos planteamientos, las cumbres serán como papel mojado, y las manifestaciones populares productos manufacturados de esta nuestra sociedad del “espectáculo” que tanto se lleva en la actualidad.   

GRUPO AREÓPAGO

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