Economía española. Parte II

En algunas partes del mundo, las instituciones religiosas siguen promoviendo un tipo de economía más inclusiva y menos centrada solo en el beneficio material. Esto puede reflejarse en iniciativas de desarrollo económico que promuevan la equidad y la lucha contra la pobreza, lo cual, indirectamente, podría contribuir al crecimiento económico a largo plazo al garantizar que un mayor número de personas tenga acceso a oportunidades económicas.

Para el año 2025 las previsiones de crecimiento del PIB para la economía española son también sólidas, superiores al 2%, pero con una lógica ralentización respecto al año 2024. Desde la perspectiva de la composición del crecimiento económico, debería registrarse un comportamiento más vigoroso tanto del consumo privado como de la inversión. Es de esperar que la demanda externa se comporte de manera menos dinámica, tanto por la fortaleza mostrada en el pasado como por la complicada situación económica y política en que se hallan importantes socios comerciales para España, como Alemania y Francia. Por otro lado, la recuperación de los niveles de renta disponible por los hogares y la necesidad de ejecutar los fondos del Plan de Recuperación para 2026 deberían apoyar ambas partidas al alza. La utilización plena, eficiente y transformadora de los fondos del Plan de Recuperación no sólo es crucial para mantener la fortaleza del crecimiento económico español, así como una composición equilibrada de dicho crecimiento, sino que también es clave para que el proyecto de mutualización Next Generation EU sea percibido como un éxito en la UE, proporcionando suficientes argumentos para continuar con la profundización de la Unión Económica y Monetaria.

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En el plano fiscal, en un contexto de reactivación de las reglas fiscales, conviene vigilar la evolución del consumo público, para garantizar que el incremento registrado en los últimos años no pase a ser de naturaleza estructural. Aunque el plan de ajuste fiscal presentado por España ha sido valorado positivamente por la Comisión Europea, será importante también vigilar cómo se concretan los detalles y se da cumplimiento a través de los sucesivos Presupuestos Generales del Estado. En cuanto al mercado de trabajo, la todavía elevada tasa de desempleo y la temporalidad en el sector público siguen siendo grandes retos que deberán continuar atajándose.

En el ámbito comercial, a pesar de que en 2025 será probablemente la demanda interna el principal motor de la economía española, las empresas españolas no deben descuidar los mercados exteriores. En este contexto, deberían explorar mecanismos para garantizar que los mercados se mantengan lo más abiertos posible. De este modo, en caso de una subida de aranceles para sus productos, las empresas españolas podrían explorar vías alternativas de reexportación para llegar al mercado objetivo. La apertura de filiales en mercados donde se hayan establecido aranceles para sus productos también puede resultar una vía interesante.

En algunas partes del mundo, las instituciones religiosas siguen promoviendo un tipo de economía más inclusiva y menos centrada solo en el beneficio material. Esto puede reflejarse en iniciativas de desarrollo económico que promuevan la equidad y la lucha contra la pobreza, lo cual, indirectamente, podría contribuir al crecimiento económico a largo plazo al garantizar que un mayor número de personas tenga acceso a oportunidades económicas.

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