Transformar la educación

Llegó septiembre y con él el inicio del curso escolar. La educación y todos los aspectos que se relacionan con ella, aunque solo sean los más pragmáticos y secundarios, comienzan a tomar protagonismo.

Con ocasión de la pasada celebración del Día Internacional de la Juventud y tomando como referente su lema –transformando la educación– nuestro grupo aportó su reflexión sobre el sentido de la celebración y sobre la importancia que tiene la educación en la vida de los jóvenes. Hoy, al inicio de este nuevo curso escolar, y desde el planteamiento que hacía dicho lema, cuyo objetivo era sensibilizar y reclamar una educación de calidad para todos, deseamos dar un paso más en la reflexión; tal vez matizando la expresión verbal utilizada que da a entender un valor semántico durativo, de caminar, cuando la triste realidad es que vivimos tiempos considerados por muchos pensadores y profesionales de la educación de “gran emergencia”, y por tanto con necesidad de una actuación transformadora radical y en profundidad. Fijando la mirada en nuestro mundo occidental, si queremos de verdad transformar la educación urge plantearse serios interrogantes sobre quiénes educan y sobre cómo y para qué lo hacen.

El prestigioso filósofo y escritor Karl R. Popper en una conferencia sobre la influencia de la televisión en la educación (1994) manifestaba que la educación de niños y jóvenes “en gran medida dependían de su entorno”. Esta idea es ampliamente compartida hoy por pensadores y profesionales  de la educación: la influencia del medio social y cultural es básica en la construcción de la personalidad de niños y jóvenes. El fenómeno educativo es un hecho interactivo, integral y multidimensional en el que participan lo que Lluís Duch (2009) llama con gran acierto las “estructuras de acogida”: la familia, la escuela, la ciudad, los medios de comunicación… De ahí nuestra reflexión en este inicio de curso: ¿Podremos transformar la educación sin transformar su entorno?

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La realidad actual nos habla de una profunda crisis de estas estructuras y de la incapacidad de nuestra sociedad postmoderna para transmitir valores. Vivimos en una situación que podemos calificar de “silencio educativo”, de “absentismo pedagógico”, que es altamente preocupante. Preocupa la incapacidad para educar de muchos padres y la falta de comunicación en la familia, fundamental principio educativo; preocupa una escuela completamente burocratizada centrada solo en instruir, con diseños curriculares desconectados totalmente del mundo vital de jóvenes y adolescentes y olvidando una de sus más importantes finalidades, la socialización; preocupa profundamente el uso y el abuso de las nuevas tecnologías de la comunicación con un alto grado de desregulación educativa y una gran carencia de formación para su uso crítico…

Gran preocupación, en fin, ante la grave crisis educativa que sufre nuestra sociedad y de los sectores que inciden en ella, pero sobre todo por la falta de referencias claras para afrontarla y ponerse en camino transformador para lograr el objetivo cuatro de la Agenda 2030 de la ONU para el Desarrollo Sostenible.

GRUPO AREÓPAGO

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