Todos fuimos embriones

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Hace algunos años la Conferencia Episcopal Española promovió una campaña que tuvo como lema el titular de este artículo “Todos fuimos embriones”. Independientemente de los resultados de dicha campaña a nivel mediático o de influencia en la opinión pública, es cierto que, hoy en día, aquéllos a los que se pretendía defender con la referida campaña siguen estando olvidados, siendo en muchos casos eliminados y en otros muchos congelados.

Respecto de la situación creada con la congelación de los embriones sobrantes generados en los procesos de fecundación in Vitro, cada solución que se adopta, cada alternativa que se nos plantea implica multitud de factores a tener en cuenta, algunos de los cuales conllevan graves consecuencias éticas. Sin embargo, lo que habría que buscar en dichas soluciones son aquellas acciones que cumplieran con el principio pro embryo, que buscaran y promovieran el bien del embrión.

La legislación tendría que ser clara a la hora de impedir, incluso a nivel de declaración internacional la creación de embriones sobrantes y la congelación de los mismos, favoreciendo el bien del embrión y no los intereses económicos de los distintos laboratorios o centros de reproducción artificial o los intereses y deseos de la pareja de “producir” embriones “de reserva”.

El embrión por su condición de ser humano, como nos demuestra la biología, merece que se promueva una cultura de responsabilidad de los propios padres en primer lugar y de las clínicas de reproducción artificial en cuanto a la “producción” de sobrantes.

Pero también ha de aparecer con respecto al embrión una postura solidaria, que reconozca verdaderamente su dignidad y repruebe la consideración del embrión como  un “objeto” que se acepta o rechaza en función del interés de padres, centros o laboratorios.

No podemos olvidar que cada embrión que se haya congelado surge de la decisión de “otros” de fecundar artificialmente un óvulo, para dar vida a un nuevo ser humano. Al optar por congelarlo, queda en suspenso su vida; cuando se decide, más tarde, descongelarlo,  o muere o se permite el aprovechamiento de su células para diferentes usos (cosméticos, ensayos, etc), sin ninguna referencia ya siquiera a la primera intención que era dar vida a un nuevo e irrepetible ser humano.

Grupo AREÓPAGO

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