Pueblos vacíos

¡Cómo podrá cantar hoy el poeta aquello de hacia el camino blanco está el mesón abierto al campo ensombrecido y al pedregal desierto! (Machado) ¿Dónde podremos encontrar mañana el sobrio y acogedor mesón que nos aliviará del pedregoso desierto? El mundo rural pobre de nuestro país se está quedando sin gente.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) España ha comenzado a perder población a partir del año pasado a un ritmo de 72 personas por día en el índice  comparativo natalidad-mortalidad. Esta tónica general, ya de por sí grave, incide de forma muy particular en los espacios rurales, que aunque suponen solo la cuarta parte de la población total del país, representan el 90% del territorio: más de la mitad de los Ayuntamientos españoles tienen menos de 1000 habitantes. Los expertos aseguran que en las próximas décadas desaparecerá uno de cada cuatro municipios de menos de 100 habitantes.

El despoblamiento se puede considerar hoy día, pues, como una de las mayores amenazas para las sostenibilidad del medio rural y consecuentemente para el equilibrio medioambiental tan necesario para luchar contra el cambio climático. No hay que ser muy experto en climatología para constatar que este despoblamiento ha de repercutir necesariamente en el cuidado de los bosques, pastos y cultivos; en el aumento de los incendios forestales, con la consiguiente pérdida de masa forestal; en la proliferación sin control de especies vegetales dañinas y la desaparición de tierras de cultivo donde las lluvias son escasas, propiciando mayor erosión y desertización en nuestros campos.

En la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral que tiene una vital relación con el cuidado de los ecosistemas nos ha de llevar a preguntarnos por qué se van las personas de nuestros pueblos pequeños, especialmente la juventud. Ni la tranquilidad de sus calles y paseos que posibilitan una vida más equilibrada y feliz, ni el alto grado de convivencia, ni el saludable contacto con la naturaleza tan apreciado en los tiempos actuales, son capaces de detener el éxodo rural de los últimos tiempos.

Desde la constatación de que hay razones coyunturales que llevan a las personas a buscar mejores oportunidades económicas, sociales y culturales, que resultan más fáciles obtenerlas en el medio urbano, hay que plantearse en un contexto de emergencia ecológica si la acción política no debería ya, de forma inmediata, buscar soluciones.

Grupo Areópago

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