Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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La educación, un derecho básico del niño

El 20 de noviembre celebramos el “Día internacional del niño”, que surge para concienciar a la sociedad sobre la importancia de proporcionar a los más pequeños una infancia digna y feliz que les permita construir su identidad como persona, es el marco desde el cual hemos de considerar la educación como un valor básico para tal fin. En este  marco nos preguntamos si la familia actual, primer ámbito de acogida y reconocimiento del niño para educarle e integrarle en la gran familia humana, está respondiendo a dicha finalidad.

Sociólogos y analistas importantes están bastante de acuerdo en diagnosticar que nuestra sociedad está sumida en una gran crisis pedagógica que afecta a las transmisiones y por tanto a la socialización y a la educación del niño. Y qué duda cabe, a las instituciones educativas tradicionales comenzando por la familia.

 

Sin entrar en consideraciones sobre los modelos de familia vigentes en la sociedad actual y en su influencia en la educación de los hijos –que son muchas y muy importantes-, existen factores socioculturales  que planean interrogadores sobre las respuestas que la mayor parte de las familias están dando en y desde su faceta educadora. El individualismo creciente que la modernidad nos ha dejado a través de varios siglos es uno de ellos. Conforma la “cultura del yo” (H. Béjar, 1993).  Atrapada en sus redes, la familia,  se ha alejado de la vida pública. El llamado “Estado providencia” ha ido asumiendo tareas que le son propias, sobre todo en el terreno de la educación. Muchos padres en la actualidad han desertado de su labor educativa para delegar totalmente en el Estado. Sus consecuencias en relación con muchos problemas que plantea la educación son fáciles de deducir.

 

Y no le va a la zaga la renuncia de muchos padres al ejercicio de la autoridad sobre los hijos. La familia actual, intentando superar el autoritarismo de otros tiempos, no ha sabido o no ha podido conjugar el debido equilibrio autoridad-libertad, fundamental en cualquier proceso educativo y socializador. Si a estos dos importantes factores unimos las prisas y la provisionalidad como notas distintivas en las relaciones sociales, y la influencia de la llamada “sociedad del postdeber o de las vivencias” (G. Lipovetsky, 1994) que sitúan como eje experiencial familiar el clima emocional y la obsesión por el disfrute, nos encontramos con un tipo de familia incapaz de realizar proyectos comunes, como es el de la educación, que requieren el largo plazo.

El “Día internacional del niño” es una invitación a la reflexión.

 

 

GRUPO AREÓPAGO

El fracaso de la política

congreso diputados

Desde que la dimensión política de la vida comenzó a ser en el mundo clásico  materia de reflexión filosófica y experiencia vital en su aplicación práctica, se ha manifestado a través de la historia de muchas y diferentes maneras. Pero ha sido el ágora, como metáfora de la democracia, la  que ha logrado su más amplia aceptación con sus dos principios básicos: el diálogo integrador y la participación  sin exclusiones. Hoy, sin lugar a dudas, consideramos a la democracia, con todas sus imperfecciones, como el mejor sistema político.

En su praxis  actual han irrumpido con fuerza dos factores que están siendo determinantes en la aplicación práctica de esos dos principios: La influencia de los medios de comunicación en la toma de decisiones políticas, y la aparición y auge de los populismos. Ambos han colaborado a que la acción política salga del ágora a la calle, y con ello, la mayor posibilidad de participación y concienciación en la acción política; pero de alguna manera son también responsables del deterioro que está sufriendo últimamente nuestra joven democracia.

El mundo de la televisión y de las redes sociales, manejadas por intereses ideológicos, se convierten muy a menudo en instrumentos de adoctrinamiento político y vías de ruido caótico con peligrosos efectos sobre el sistema democrático. Es frecuente en sus tertulias y mensajes anteponer el monólogo partidista y la agresividad verbal al diálogo serio y argumentativo sobre las ideas. La política degenera de esta manera en espectáculo y olvida su principal finalidad: la consecución del bien común.

Las ideologías populistas surgen como contrapunto al fracaso político del mismo sistema democrático minado por la corrupción y la aplicación de políticas injustas. Representan en principio una respuesta política sincera y argumentada; pero cuando se sitúan en el ámbito del antisistema y la demagogia con el único objetivo de la movilización por la movilización, y sostenidos  por un discurso simplista y dualista de buenos y malos suscitando el odio político, devienen en fundamentalismo político. Al generar resentimiento y desconfianza en la sociedad rompen toda actitud de diálogo integrador  y posibilitan el fracaso de la acción política.

La crisis política de Cataluña es un auténtico paradigma de fracaso político. El uso torticero de los medios de comunicación por el poder político y el intento de exclusión del diferente dentro y fuera del ágora por una ideología excluyente, ha minado  el sistema democrático y ha producido una fractura social que va a tardar mucho tiempo en recomponerse. Trabajar con esperanza por esta reconstrucción es el camino de la buena política.

 

GRUPO AREÓPAGO

 

Una DUI diferente

Ha pasado. Tras un largo tiempo de desafíos, ilegalidades e incertidumbre, el Parlamento de Cataluña, con apenas la mitad de sus miembros y en ausencia de casi la otra mitad, ha decidido proclamar la independencia respecto del resto de España y declarar la apertura del proceso hacia la constitución de una República catalana.

Muchos nos seguimos preguntando cómo hemos podido llegar a este extremo. No entendemos cómo es posible que no hayan funcionado los mecanismos previstos en nuestro sistema político para lograr el entendimiento.

El Estado ha ido renunciando paulatinamente a una presencia activa en el territorio de Cataluña. Los líderes políticos catalanes que se han pronunciado  a favor de la independencia dejaron hace meses de representar a los ciudadanos que les votaron. Los partidos políticos han actuado en todo este tiempo  con una clara mirada cortoplacista, más interesada en el voto inmediato que en el bien común de España y de los españoles. Se han cometido errores graves, fruto de extremismos ideológicos, que han resucitado fantasmas del pasado que creíamos superados. Hemos perdido los valores colectivos y renunciado a la búsqueda de las virtudes en favor de nuestro propio interés personal. Son algunas ideas que pueden ayudarnos a entender cómo debemosactuar ante esta situación pensando en el futuro.

Es claro que un Estado democrático sin Estado de Derecho no es legítimo, como tampoco lo es un Estado de Derecho sin el valor de la democracia. Una Cataluña independiente creada fuera del marco constitucional y en contra de las reglas del juego democráticas es pura artificialidad. Pero un Estado insensible a necesidades colectivas fuertemente interiorizadas constituye pura irresponsabilidad.

Es obvio que ha llegado el momento de, una vez que se restablezca la legalidad perdida a través de los instrumentos constitucionalmente previstos para ello y desde la unidad de todos los partidos constitucionalistas, abrir un proceso más amplio de reflexión acerca de quiénes somos como comunidad y a dónde queremos ir juntos. No basta solo el Derecho. Tampoco que la decisión la tomen otros.Resulta imprescindible plantearse a nivel individual y colectivo qué hemos de hacer.

Ante la Declaración Unilateral de Independencia, necesitamos una DUI diferente, una decisión de unidad inteligente. España es más que nuestros dirigentes públicos. La unidad no se construye con unos pocos. España somos todos.

 

GRUPO AREÓPAGO

Trabajo digno

El trabajo es una dimensión fundamental de la existencia humana. De ahí la urgencia de llevarlo a debate público y reflexión en unos tiempos en los que se acentúa el paro y la precariedad laboral, los salarios son extremadamente bajos y se miden a la baja los derechos de los trabajadores. Ese es el objetivo del “Día del trabajo decente” que desde hace unos años se viene  celebrando en todo el mundo el 7 de octubre impulsado por la Organización Internacional del Trabajo.

El trabajo es un fenómeno humano que ha experimentado grandes cambios a través de la historia. Su proceso evolutivo va unido a dos dimensiones fundamentales que le valorizan como eminentemente humanizador y le convierten en pilar de la dignidad del hombre: la autonomía personal y su dimensión social. Desde la primera, esfundamental para que el hombre se haga persona, se perfeccione, y al mismo tiempo que crea, se cree a sí mismo; y desde la segunda, al mismo tiempo que ayuda al hombre  a satisfacer sus necesidades primarias, participa a través de él en el progreso social y cultural de la humanidad.

Estas dos dimensiones del trabajo se encuentran hoy en entredicho. La irrupción de la economía de mercado en la que todo se subordina a la rentabilidad y a la acumulación ilimitada de riqueza material, ha propiciado en nuestra sociedad la transformación de todas las cosas en mercancías, incluido el trabajo humano. El trabajo se ha reducido a empleo, algo que se tiene o no se tiene, algo que se puede comprar y vender.  Desde esta perspectiva el trabajo ha pasado de ser un bien para la vida a ser un bien para la producción, y con ello a su degradación: se resiente el derecho del hombre ala vida, su derecho a vivir y su derecho a ser, y con ello la desintegración progresiva de la cohesión social.

La celebración de este día es una oportunidad para sensibilizar a la sociedad y a los poderes públicos sobre el logro de vidas dignas para los trabajadores del mundo. El trabajo se dignifica cuando todas las personas pueden acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo y con seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias y mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social.

Repensar hoy el trabajo digno significa también revisar el modelo económico, la vida política, y la sociedad en su conjunto.

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Tomar conciencia ante las necesidades y desigualdades de los más pobres

El día 17 de octubre se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Los días internacionales nos ayudan a recordar efemérides, eventos, acontecimientos, enfermedades, etc… pero no debemos olvidar que la pobreza existe en el mundo. Eso es innegable. Son miles las personas que viven en la indigencia más completa, no sólo en los países llamados del Tercer y Cuarto Mundo, sino también en los del Primer Mundo donde la sociedad está más desarrollada. Pobres hay en todas las sociedades y en todos los lugares.

“Todos unidos por la paz, la sostenibilidad y la dignidad” fue el lema de la UNESCO para conmemorar el Día Internacional del año 2016. Esta organización se ha propuesto romper con el círculo vicioso de la pobrezadesde la actualidad hasta el 2030 reflexionando en la necesidad urgente de una transformación de la sociedad, con un compromiso social basado en la solidaridad y en la educación.

La educación como un factor clave para poder erradicar la pobreza. Porque la pobreza no sólo tiene que ver con tener o no dinero sino también con saber gestionar lo que tenemos y aprender a vivir con los recursos con los que se cuenta, sin malgastarlos, en particular en los países en desarrollo.En España lo sabemos muy bien. No sólo hay que ayudar a los pobres sino ayudarles a vivir con dignidad, acompañándoles y enseñarles a salir del círculo vicioso de pobreza que en muchos casos se hereda de padres a hijos, Este es uno de los objetivos de Cáritas. Es preciso trabajar e impulsar la promoción de las personas, para que ellos mismas sepan salir de la situación en la que están. No es tanto el asistencialismo como la promoción de las personas.

El promotor de este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza fue el padre Joseph Wresinki, un hombre que vivió en la extrema pobreza, y luchó durante su vida con su testimonio y con su pueblo por los derechos de los más pobres y desfavorecidos. Al morir dejó este mensaje: “La miseria ya no existirá mañana, si nos ponemos de acuerdo para ayudar a estos jóvenes a darse cuenta de la realidad de su pueblo, a transformar su violencia en combate inteligente, a amarse con ternura, con esperanza y con sabiduría, para llevar a cabo una lucha contra la ignorancia, el hambre, la caridad y la exclusión “.

Que en este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza tomemos conciencia de las necesidades y desigualdades de las personas que viven en la pobreza; que la justicia social y la lucha contra la indigencia sea una de las obligaciones de los Gobiernos, para que podamos entre todos romper el círculo vicioso de la pobreza y los más desfavorecidos tengan los mismos derechos y responsabilidades que los más favorecidos. Todos somos iguales, aunque no lo parezca. ¿O no?

GRUPO AREÓPAGO

Tristeza por Cataluña

El día uno de octubre ha dejado un poso de tristeza y amargura en muchos españoles. Tristeza por los heridos, muchos de ellos servidores públicos en cumplimiento de su deber. Tristeza por la impotencia ante el camino sin retorno al que tantos líderes políticos catalanes han abocado a la ciudadanía. Tristeza por los niños manipulados, utilizados o puestos en riesgo sin ningún escrúpulo. Tristeza, en definitiva, por el sufrimiento de una parte de España que nos duele como tal.

La primera reflexión tras esta jornada nos lleva a constatar los desastrosos efectos que la utilización de la mentira en política tiene para el bien común. Aunque en un determinado momento pueda parecer a políticos cortoplacistas que el fin justifica los medios y que la mentira es un atajo hacia la libertad, lo cierto es que la libertad solo puede fundarse en la verdad. La mentira solo produce al final, frustración, crispación y división.

¿Votar es democracia? Mentira. Como besar no es amar ni soplar es tocar la flauta. Y en el caso del voto depende de quién vote, qué se vote y cómo se vote. Sin embargo, se embarca a miles de ciudadanos en un viaje sin retorno hacia la pretendida consecución de una república quimérica en el cual todo es mentira: desde la pretendida justificación histórica hasta las consecuencias reales de esa independencia.

Una segunda reflexión es que en Cataluña no hay presencia alguna del Estado español. Policías y guardias civiles son enviados casi como extranjeros a Cataluña, sin siquiera un lugar digno en que alojarse y como enemigos de todos, abandonados incluso por sus propios “compañeros” de la policía catalana. Todos los medios materiales que utilizan los jueces (desde los edificios hasta el sistema informático judicial, pasando por los bolígrafos) son propiedad de la Generalidad. El Gobierno no puede controlar ni el número real de heridos el 1-O, porque carece de cualquier acceso a la sanidad catalana. España —en todos los sentidos— está totalmente ausente de la enseñanza escolar en Cataluña.

Como señalaba un comentarista político, los principales partidos nacionales hacen política pensando siempre en las siguientes elecciones, mientras que los partidos nacionalistas en Cataluña lo hacen pensando en las siguientes generaciones.

¿Todo está perdido? Esperemos que no. Pero las soluciones pasan por un correcto diagnóstico de la realidad. Después habrá que dialogar, por supuesto, siempre desde el respeto al Estado de Derecho, guiándonos por la verdad y pensando más en el bien de las próximas generaciones que en las próximas elecciones.

GRUPO AREÓPAGO

El bien es contagioso

Hace pocas fechas pudimos leer en el periódico: “Muere la mujer que renunció a un tratamiento contra el cáncer para dar a luz a su sexto hijo” (http://www.larazon.es/amp/sociedad/muere-la-mujer-que-renuncio-a-un-tratamiento-contra-el-cancer-para-dar-a-luz-a-su-sexto-hijo-OJ15947669)

Carrie Deklyen, con un cáncer cerebral, decidió libre y voluntariamente proteger la vida de su hijo no nacido, el más vulnerable de todos, negándose a recibir tratamientos teratogénicos, a pesar de que ella moriría.

El instinto maternal prevaleció frente al instinto de supervivencia. Este testimonio nos conduce al asombro ante la grandeza del ser humano y alimenta la esperanza en una humanidad verdaderamente humana.

¿Somos auténticamente libres al satisfacer nuestros deseos aunque perjudiquemos a terceros? ¿El reclamado “derecho a decidir” sobre “mi cuerpo”, justifica dañar a mi propio hijo no nacido, vulnerable entre los vulnerables? ¿Ese “derecho a decidir” me hace libre, me conduce hacia la felicidad?¿O más bien, hacia el vacío, hacia la nada?

El núcleo esencial de la persona radica en amar y ser amado, vivir y dar vida. Esto es propiamente humano, y nos diferencia de otros animales. Nos impulsa a transcender, a salir de nosotros, a no “ensimismarnos”, a salir del “yo-mi-me-conmigo”. Somos seres de encuentro, y esa salida hacia los otros, como ejercicio supremo de nuestra libertad, da sentido verdadero a nuestra vida. Eso es el amor, expresión de la auténtica libertad. Camino necesario para alcanzar una vida plena y una humanidad humanizada.

Carrie ha decidido, en un acto de amor, entregar su vida por completo para dar vida a su hijo. En ese don voluntario ha encontrado la plenitud, la felicidad.

“Vince in bonumalum” (se vence al mal con el bien). La decisión de Carrie no sólo ha salvado la vida de su sexto hijo, sino que puede salvar muchas más, porque el bien es contagioso.

Gracias Carrie.

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El derecho a la vida (de otros)

“¡Quiero ser padre! Busco chica joven, alta y con estudios para gestación subrogada. Si estás interesada manda e-mail”. Este es, literalmente, el tweet con el que un ex concursante de un programa de televisión muy popular se dirigía a sus seguidores para comunicar que quería conseguir un hijo por medio de la mal llamada gestación subrogada.

Este tema se ha convertido en una de las nuevas cuestiones de debate político como consecuencia de la iniciativa de un de partido nacional de regularlo en nuestro país.

En una sociedad cada vez más consumista y sin valores, la trivialización de la vida puede alcanzar extremos insospechados. En esta ocasión, se trata de reconocer el derecho a ser padre disponiendo de la vida de un tercero engendrada con la colaboración de una mujer que cede su vientre a tal fin. El hijo se convierte así en un producto, en un objeto de consumo que se consigue en el mercado, previo pago del precio estipulado. De hecho, basta con hacer una búsqueda en Google para conocer diferentes ofertas y precios.

¿Dónde queda el bien del niño? ¿Cuál es la posición de la madre natural durante la gestación y tras el parto? ¿Por qué no potenciar la adopción legal, liberándola de la pesada burocracia que la caracteriza en nuestro país, para que los ya nacidos puedan tener una familia?

Hemos de ser capaces de reaccionar frente este tipo de propuestas, pues encierran un evidente ataque contra la dignidad del ser humano: la de la madre natural, que alquila su vientre y renuncia al amor por su hijo, criatura suya, a cambio de un precio; la del niño, que no será el fruto del amor de sus padres, sino de un negocio jurídico; e, incluso, la de los propios compradores, incapaces de concebir la vida como un don y la paternidad como una decisión compartida y responsable. De lo contrario, seremos cómplices de una nueva forma de esclavitud.

GRUPO AREÓPAGO

Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación.

Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar.

Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores.

Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si).

La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.

 

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