Luna

En los últimos días se ha convertido en noticia Luna, una joven de 20 años,  voluntaria de  Cruz Roja, que vive en Móstoles y estaba realizando sus prácticas de Grado de Integración Social en Ceuta. ¡Quién la iba a decir que por hacer bien el bien se convirtiera en noticia! Estamos tan mal acostumbrado a que solo sean protagonistas los malos de la película que cuando alguien demuestra lo que debería ser normal –y de hecho lo es- se convierte en noticia.

Los medios de comunicación captaron el momento en el que la joven daba un abrazo lleno de ternura y humanidad a un inmigrante que había llegado a la orilla, tras haber sufrido lo indecible. Este gesto que nos ha devuelto a todos  en cierta medida la confianza en la bondad del hombre y que refleja el amor y la entrega de miles de voluntarios de tantas y tantas ONG’s por estar cerca de los más pobres y necesitados. Un gesto que ha dado la vuelta al mundo y que como ha dicho Cruz Roja en sus redes sociales “hay muchas lunas que ayudan cada día a personas como las que llegan a Ceuta”. En esta pandemia muchos voluntarios como Luna, a pesar de la distancia social, han roto esas medidas –incluso contagiándose- por abrazar a quien ha perdido su trabajo, a quien no sabe cómo alimentar a su familia o no encuentra esperanza en el futuro.

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Sin embargo como todo en la vida, siempre hay quien se encarga de empañar las buenas noticias. El  gesto de Luna abrazando al joven inmigrante también ha sido objeto de polémica, porque si a muchas personas con corazón les ha conmovido y les ha servido para reconocer el trabajo de miles de voluntarios, ha habido otras en las que el corazón no late de la misma manera, y no late con amor hacia el otro, sino que se mueve con odio, con desprecio, expresado en insultos y en descalificaciones. Personas que a través de las redes sociales de Luna se han dedicado a insultarla y a atacarla solo por hacer el bien. Es triste que esto esté ocurriendo en nuestra sociedad y que no se respete absolutamente nada ni nadie.

Claro que estamos en una sociedad en la que hay libertad de expresión y de opinión, pero no todo vale. Todo tiene un límite. Los ataques personales no se pueden consentir y por eso es necesario que se establezcan –si no las hay ya-  unas reglas y unas pauta de comportamiento en las redes sociales que eviten que se produzcan casos como el de Luna que ha tenido que cerrar sus redes sociales ante  tantos ataques. 

Ojalá haya muchas “lunas” en nuestras vidas que traten con ternura, con amor y con humanidad a aquellas personas que solo buscan un mundo mejor, que necesitan esperanza y que no han tenido la suerte de vivir en la otra parte del mundo, donde quizás no se entienda porqué se ven obligados emigrar. No sabemos qué habrá pasado con el joven inmigrante, pero lo que sí que sabemos es que no olvidará que después de llegar exhausto a la orilla había alguien que le dijo “no te preocupes. Aquí estoy”.

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 GRUPO AREÓPAGO

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