¿GATO O LIEBRE?

Fotografía de marketingdirecto.com
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En enero de 1942, en Wannsee, alrededor de Berlín, hubo una reunión de alto secreto. Con un lenguaje meticuloso, Adolf Eichmann redactó el acta donde puede leerse: «…los judíos que ya están bajo control alemán, serán enviados al Este. La mayoría morirán…Aquellos que sobrevivan habrán de ser tratados “adecuadamente”», expresión en clave para la denominada “solución final de la cuestión judía” o planificación del genocidio de once millones de judíos censados en Europa, seis mil de ellos españoles.

Se recurre a palabras ambiguas o eufemismos para dulcificar la carga moral de las acciones sobre el hombre, para justificar acciones in-humanas. Ahora, se habla de “interrupción voluntaria” del embarazo, IVE (acrónimo convertido en sustantivo) o “reducción embrionaria” para referirse al aborto. Se crea el término “preembrión” como algo previo al embrión, sobre el que puede realizarse cualquier tipo de acción. Se habla de óvulo fecundado casi dando a entender que es algo del cuerpo de la madre y no un nuevo ser humano. Se apropian del concepto  “muerte digna” los que defienden la eutanasia, etc.

Se recurre a la seducción del lenguaje científico-técnico que suele referirse al hombre sólo en su aspecto biológico, de forma reduccionista (células, tejidos, órganos, casos clínicos…), cosificando al hombre, des-humanizándolo, impidiéndonos verlo en toda su dimensión (“espíritu encarnado”). Al referirse al hombre sólo desde su dimensión biológica, su “ser hombre” se oculta a la mirada. Si las palabras no lo detectan, el “hombre” desaparece. Seducidos y obnubilados por los avances científicos no vemos las posibles consecuencias inhumanas de los mismos (embriones congelados y eliminados, objeto de experimentación;  vidas no dignas de ser vividas, bebés medicamento, etc.). Incluso abren los telediarios sin reflexión de fondo, dando por hecho que son grandes avances de la humanidad y, por su insistencia, convirtiendo un truco del lenguaje en pura realidad.

Qué importante es el uso de las palabras. A ellas ligamos los conceptos y con ellos aprendemos a ver lo que nos rodea. No parece casualidad el enorme interés de las ideologías por apoderarse del lenguaje. Interesante forma de mermar la libertad de los ciudadanos. Las palabras nos permiten comprender la realidad, comunicarnos, crecer. Si se traiciona la palabra, también la libertad se evapora. El pensamiento se duerme y se da por bueno aunque no lo sea, lo que se repite y se repite, aceptándolo de forma acrítica, normalizándolo.

Pensemos en el significado de las palabras, lo que nos dicen, lo que nos quieren decir… que no nos den gato por liebre.

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