Areópago Diálogo

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De la aporofobia a la caridad

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“Aporofobia: Fobia a las personas pobres o desfavorecidas”. Desde el pasado mes de diciembre esta palabra forma parte del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y según la Fundación del Español Urgente, Fundéu, es la palabra del 2017.

Resulta sorprendente –y es triste– que el término “Aporofobia”, acuñado por la filósofa Adela Cortina, sea cada vez más necesario para describir lo que está ocurriendo en nuestra sociedad:  el rechazo a las personas desfavorecidas, a los refugiados o a los pobres. La repugnancia y la hostilidad hacia el pobre se han acrecentado en los últimos años. Los jóvenes son más clasistas; los valores de la humildad y de la pobreza están desapareciendo; los pobres molestan.

En los años de mayor crisis económica algunos estudios informaban del aumento de la solidaridad: cuanto peor estábamos, mayor compromiso hacia las personas desfavorecidas había. Sin embargo, con la mejoría de la situación económica, paradójicamente surge el concepto que pone nombre a las situaciones de discriminación y rechazo hacia las personas pobres.

Todavía necesitamos trabajar por una sociedad donde la justicia social prevalezca, donde el respeto a la persona humana sea prioritario, donde todos tengamos los mismos derechos y oportunidades, donde todos tengamos la misma dignidad pese a las circunstancias personales, sociales y económicas de cada uno. No podemos permitir que el odio y el desprecio a los más pobres domine nuestro mundo.

El pasado 19 de noviembre el Papa Francisco en la I Jornada Mundial de los Pobres, afirmó que “nos hará bien acercarnos a quien es más pobre que nosotros, tocará nuestra vida. Nos hará bien, nos recordará lo que verdaderamente cuenta: amar a Dios y al prójimo”.

Ahora que comienza un nuevo año, no olvidemos a los más pobres, a los refugiados, a los inmigrantes, a las personas sin hogar y que la palabra del próximo año 2018 sea Cáritas, el amor a los demás.

 

GRUPO AREÓPAGO

Tomar conciencia ante las necesidades y desigualdades de los más pobres

El día 17 de octubre se celebra el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Los días internacionales nos ayudan a recordar efemérides, eventos, acontecimientos, enfermedades, etc… pero no debemos olvidar que la pobreza existe en el mundo. Eso es innegable. Son miles las personas que viven en la indigencia más completa, no sólo en los países llamados del Tercer y Cuarto Mundo, sino también en los del Primer Mundo donde la sociedad está más desarrollada. Pobres hay en todas las sociedades y en todos los lugares.

“Todos unidos por la paz, la sostenibilidad y la dignidad” fue el lema de la UNESCO para conmemorar el Día Internacional del año 2016. Esta organización se ha propuesto romper con el círculo vicioso de la pobrezadesde la actualidad hasta el 2030 reflexionando en la necesidad urgente de una transformación de la sociedad, con un compromiso social basado en la solidaridad y en la educación.

La educación como un factor clave para poder erradicar la pobreza. Porque la pobreza no sólo tiene que ver con tener o no dinero sino también con saber gestionar lo que tenemos y aprender a vivir con los recursos con los que se cuenta, sin malgastarlos, en particular en los países en desarrollo.En España lo sabemos muy bien. No sólo hay que ayudar a los pobres sino ayudarles a vivir con dignidad, acompañándoles y enseñarles a salir del círculo vicioso de pobreza que en muchos casos se hereda de padres a hijos, Este es uno de los objetivos de Cáritas. Es preciso trabajar e impulsar la promoción de las personas, para que ellos mismas sepan salir de la situación en la que están. No es tanto el asistencialismo como la promoción de las personas.

El promotor de este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza fue el padre Joseph Wresinki, un hombre que vivió en la extrema pobreza, y luchó durante su vida con su testimonio y con su pueblo por los derechos de los más pobres y desfavorecidos. Al morir dejó este mensaje: “La miseria ya no existirá mañana, si nos ponemos de acuerdo para ayudar a estos jóvenes a darse cuenta de la realidad de su pueblo, a transformar su violencia en combate inteligente, a amarse con ternura, con esperanza y con sabiduría, para llevar a cabo una lucha contra la ignorancia, el hambre, la caridad y la exclusión “.

Que en este Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza tomemos conciencia de las necesidades y desigualdades de las personas que viven en la pobreza; que la justicia social y la lucha contra la indigencia sea una de las obligaciones de los Gobiernos, para que podamos entre todos romper el círculo vicioso de la pobreza y los más desfavorecidos tengan los mismos derechos y responsabilidades que los más favorecidos. Todos somos iguales, aunque no lo parezca. ¿O no?

GRUPO AREÓPAGO

La Declaración de Derechos Humanos, mero papel mojado

derechos humanosTodavía hay millones de seres humanos que son víctimas de la angustia, la pobreza, la enfermedad, la ignorancia y la injusticia. Personas que mueren en los mares que nos rodean por lanzarse en barquichuelos por desesperación. El racismo sigue haciéndose sentir de forma clara en naciones tan supuestamente democráticas como Estados Unidos.

La proclamación de las libertades fundamentales del hombre y de la dignidad y el valor de la persona humana, más que una utopía, sigue siendo una burla en muchos países del mundo. ¿Qué significa el derecho al trabajo donde no existen empleos? ¿Cómo se puede hablar de igualdad si las mujeres ni siquiera tienen conciencia de sus derechos y responsabilidades en muchos países?

Todo lo anteriormente reflejado nos conduce a pensar que sigue siendo evidente hoy día que no basta con el reconocimiento legal de los derechos humanos. Un país cualquiera, el nuestro, puede reconocer la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ratificar instrumentos internacionales, incluir derechos humanos en su constitución y regular su disfrute mediante leyes, pero eso no garantiza su respeto efectivo.  Las leyes no sirven por sí solas, sino que muchas veces necesitan reglamentaciones, fondos destinados a que sean cumplidas, y una decidida voluntad de quienes deben aplicarlas, de la que se adolece en no pocas ocasiones, además de una presión constante de todas las sociedades civiles nacionales e internacionales para que sea efectivo el cumplimiento de los derechos.

No cabe duda de que la mera existencia de una Declaración como la del año 1948 a nivel internacional ha supuesto un claro e importante avance, pero no ha impedido que sigan existiendo pueblos esclavizados y explotados en muchas partes del mundo. Las consignas de  libertad sólo se han aplicado a un grupo limitado de personas.

En la Declaración Universal de los Derechos Humanos tenemos una serie de definiciones ampliamente aceptadas sobre derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales. Se afirma el principio de que estos derechos alcanzan a todas las personas independientemente de su raza, lengua, religión, sexo, edad, condición social y opinión política, proclamación que en no pocas ocasiones se reduce con frecuencia a la utopía. A veces da la sensación de que la diferencia entre el ideal y la realidad, entre la proclamación universal de los derechos humanos y la conculcación continua de las más justas aspiraciones de los seres humanos es cada vez mayor.

Estas circunstancias llevan a señalar que el problema prioritario que hoy plantean los derechos humanos no es tanto el de su justificación, en el que quizá puede haber un amplio consenso, sino el de su protección. No bastan las declaraciones por sí mismas. Es necesaria la firme voluntad de aplicarlas por parte de todos.

 Grupo AREÓPAGO

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