La desigualdad en la vacunación

El 21 de septiembre en el discurso de apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas el secretario general de la ONU, António Guterres, denunció la desigualdad en la vacunación contra la covid-19. Cuando la mayoría de la población de los países ricos ya está casi inmunizada con las dos dosis,  en los países más pobres todavía están a la espera de su primera dosis.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), (https://www.afro.who.int/news/fifteen-african-countries-hit-10-covid-19-vaccination-goal😉 casi el 90% de los países con ingresos altos han cumplido con el objetivo de vacunar completamente a la población; mientras que en países africanos sólo unos pocos han cumplido con el 10% de ese objetivo, establecido por la OMS. Las últimas noticias  https://www.rtve.es/noticias/20211008/vacuna-coronavirus-mundo/2073422.shtml nos indican que “el mundo supera los 6400 millones de dosis administradas contra la COVID-19, pero su reparto sigue siendo desigual”. Son cifras que ponen de manifiesto que dependiendo dónde estés vivirás de una manera u otra. No descubrimos nada nuevo. Así es todo, pero en el tema de la vacunación se vuelve a demostrar que la desigualdad es cada vez más palpable.

Si en los países más ricos sobran vacunas, y en los más desfavorecidos faltan, la pregunta que nos surge es: ¿No sería necesaria un poco de generosidad entre los países? ¿Los criterios de acceso a las vacunas en los países deberían de revisarse? Ha quedado patente en esta pandemia que la Covid es un virus mundial que ha causado millones de muertos en todo el mundo (casi hemos perdido la cuenta de la magnitud); un virus que no sólo ha afectado a los países más ricos, sino a todos; un virus que ha puesto de manifiesto lo frágiles que somos todos, pero se ha acentuado en  los países más pobres son más vulnerables, que  no tienen recursos para protegerse contra este virus letal.

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Ha habido muchos olvidados en esta crisis sanitaria y los países más pobres han sido uno de ellos, siendo también los más afectados por la pandemia. Las desigualdades son más evidentes aún más.  El  suministro de  las vacunas debería ser equitativo e igual para todos los ciudadanos independientemente del lugar de residencia, pero una vez más todo depende de dónde nos toque vivir y de las posibilidades que tengan los gobiernos para poner en marcha las estrategias de vacunación.  Son necesarias iniciativas como el mecanismo COVAX (Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19), de la OMS,  cuyo objetivo es  acelerar el desarrollo y fabricación de vacunas contra la COVID, así como asegurar un reparto y la entrega de las mismas en  todos los países del mundo. Iniciativas muy buenas pero que no terminan de hacerse realidad al 100%.

Las vacunas son más que necesarias en todo el planeta para terminar con esta pandemia y proteger a todos los ciudadanos frente a la enfermedad y evitar la propagación de la misma. Un virus que ha demostrado que no entiende fronteras y que estando a miles de kilómetros llega a los países rápidamente y sin ningún miramiento. Una vez más es acuciante y urgente la solidaridad y generosidad de todos los gobiernos porque todos nos jugamos muchos; eliminar las barreras burocráticas y trabajando por el bien común que es uno de los objetivos también de la política;  facilitando los acuerdos bilaterales entre países, entre otros aspectos, para poder dar fin a esta lucha contra el coronavirus que comenzó mundialmente en marzo de 2020 y que aún sigue con nosotros, aunque no lo parezca.

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 GRUPO AREÓPAGO

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