Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Tag: Laudato Si

La pertinaz sequía

sequia La escasez de precipitaciones en nuestro país en los últimos tiempos comienza a preocupar. Es evidente la repercusión que esto tiene en nuestras vidas, principalmente en los más desfavorecidos. Nuestra pregunta es si suscita preocupación en una sociedad que instalada en un radical nihilismo no percibe más significados que los que sirven a los fines de uso inmediato y de consumo; o llevada por su relativismo y escepticismo se niega a cambiar sus hábitos de vida. La pertinaz sequía que padecemos invita a una reflexión y una respuesta sobre sus causas.

Allá por el año 1854, el jefe indio Seattle escribió una bella carta al presidente de los Estados Unidos con ocasión de la oferta de compra de sus tierras. La tesis de la carta podría estar sintetizada en la siguiente frase: “El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”. Estas palabras contienen sin duda una profunda reflexión sobre la crisis ecológica que ya en aquellos tiempos algunos vislumbraban y que hoy día supone una grave crisis de civilización que amenaza la vida en la tierra.

Desde entonces, han sido y son muchos los esfuerzos que se han realizado para crear conciencia ecológica en nuestra sociedad; muy ardua la tarea de algunos movimientos sociales para institucionalizar la sensibilización ambiental; y bastantes las conferencias internacionales promovidas por la ONU para controlar políticamente la crisis. Pero a tenor de lo acaecido se puede asegurar que los discursos que se han escuchado han tenido mejor audiencia que el éxito en la tarea política de dar respuestas adecuadas. Entre otras razones porque no se desea penetrar en las raíces de la crisis.

Ha sido el Papa Francisco, también en una carta -esta vez dirigida a todo el mundo (LAUDATO SI’, 2015)- quien ha puesto en primer plano de actualidad el problema ecológico, no sólo denunciando los males que aquejan a “nuestra casa común”, sino profundizando en sus causas e incidiendo en sus raíces: el “nuevo paradigma tecnocrático” y “el antropocentrismo moderno” que han convertido al hombre en explotador de la naturaleza. En su argumentación, vincula la crisis ambiental con la crisis social y humana de la cultura actual; y desde un planteamiento  de “ecología integral”  llama a una “conversión ecológica” que ha de afectar no sólo a las instituciones políticas sino también a nuestros hábitos de consumo.

¿Seremos capaces de afrontar estos retos?

GRUPO AREÓPAGO

 

 

 

 

Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación.

Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar.

Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores.

Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si).

La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.

 

 GRUPO AREÓPAGO

 

El mundo se derrite

iceberg

“Nueva ola de calor”. “Se desprende de la Antártida un enorme iceberg”. “Una fuerte tromba de agua causa nuevas inundaciones en la capital”. “Alerta por fuertes lluvias y tormentas esta semana”. “El temporal continua azotando”. Son titulares de noticias que estamos leyendo cada día y que demuestran que el calentamiento climático es una realidad. Las fuertes tormentas que llegan sin compasión alguna, las olas de calor insufribles o que se desprenda parte de la Antártida confirman algo evidente: el cambio climático está aquí y no se va a ir. Es obvio que está afectando a nuestra vida diaria. Nuestra vida  la de todos los seres vivos pende del cambio climático.

Según la página web de Acción por el Clima de la Comisión Europea la actividad humana es una de las causas principales del aumento de la temperatura mundial y, en consecuencia, del calentamiento global. ¿Tenemos, por lo tanto, responsabilidad? Sí.  Toda.

El cuidado del medio ambiente está siendo desde hace unos años una preocupación del hombre, con la búsqueda de soluciones y de acuerdos entre países. A nivel político preocupa y mucho; así se puso de manifiesto en  la última llamada a la implementación del Acuerdo de París del G20.

Y a nosotros, ¿no nos preocupa? ¿Cómo podemos cuidar de la naturaleza? ¿Cómo podemos proteger el medio ambiente? ¿Cuál es la responsabilidad del hombre ante el impacto ambiental? Son preguntas que están en el aire y que tienen respuesta. Tenemos una obligación y una responsabilidad: tomar conciencia de la importancia de respetar la naturaleza, transformando nuestros hábitos y nuestra vida cotidiana, educándonos en la preservación del medio ambiente.

Ya el Papa Francisco en el año 2015 publicó la Encíclica Laudato si, dedicada al medio ambiente y a la casa común. Una Encíclica en la que, entre otras cuestiones, hacía un llamamiento a la acción ante las catástrofes medioambientales provocadas por el calentamiento global y al desarrollo de políticas internacionales que actúen ante los desastres.

Nosotros también somos responsables y culpables del deterioro del medio ambiente. No podemos mirar a otro lado.  No podemos esperar más tiempo. Urge actuar y cuidar el planeta. Está en nuestras manos –no en las de nadie más– dejar un buen planeta a nuestros sucesores. Urge empezar ya, dando un pequeño paso; un pequeño paso que será grande si nos unimos todos.

GRUPO AREÓPAGO

“Laudato Si”: Problemática ambiental y justicia social

laudato si

No es de hoy la preocupación de la Iglesia Católica por la degradación ambiental que está sufriendo nuestro planeta en los últimos tiempos. Pablo VI en el año 1972,  en su famoso discurso en la Conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo  sobre medio ambiente, señalaba la íntima relación que debe existir entre progreso y naturaleza. En dicho discurso advertía ya de la necesidad de un cambio de mentalidad en relación con el desarrollo técnico indiscriminado que ya se vislumbraba en aquellos momentos.

Desde dicha Conferencia hasta la Nueva Cumbre de la Tierra en 2012 pasando por el Protocolo de Kioto y la Cumbre del Milenio, entre otros encuentros de la comunidad internacional, se está desarrollando como “conciencia ecológica” una gran sensibilidad por las cuestiones ambientales. La Iglesia Católica mediante su enseñanza social contenida en las Encíclicas de los últimos Papas ha colaborado decididamente a la formación de esta “conciencia ecológica” advirtiendo que es necesario un cambio en el paradigma de desarrollo para que sea racionalmente sostenible y llegue a todas las personas.

La promulgación de la Encíclica del Papa Francisco“Laudato Si” que tanto impacto ha producido en todos los ámbitos de la sociedad mundial, es un nuevo aldabonazo a las conciencias. La propuesta del Papa de una ecología humanista inspirada en la cosmovisión cristiana de la vida es una de las aportaciones más importantes que se han hecho a todas esas iniciativas que hemos mencionado en relación con la protección de la naturaleza. Pero además, desde unas perspectivas bastante diferentes. Para el Papa, la crisis ecológica actual es esencialmente una crisis moral, generada por las agresiones de la acción humana al amparo de un desarrollo económico basado en la especulación y el dinero.

El ser humano, alimentado por la autosuficiencia tecnológica, ha perdido la conciencia de sus límites como creatura. “Hoy –dice el Papa- no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en una planteamiento social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

El cántico de las criaturas compuesto por San Francisco de Asís en 1224 es el marco poético, espiritual e ideal de la Encíclica que da sentido a toda la problemática ecológica actual.

Grupo AREÓPAGO

© 2017 Areópago Diálogo

Theme by Anders NorenUp ↑