Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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El discurso del odio en internet

internet pixabay

Desde el año 2016 han ocurrido muchos acontecimientos que han provocado que se hable en las redes sociales del llamado discurso del odio. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de discurso de odio? Según un Informe sobre la Evolución de los Incidentes relacionados con los delitos de odio en España, publicado por el Ministerio del Interior Español en 2016, estos son aquellos que “tienen que ver con injurias, amenazas, vejaciones o tratos degradantes tipificados como antisemitas, racistas, sexistas”.

Hace ya tres años que los Estados Miembros de la Unión Europea vienen colaborando con las empresas de medios de comunicación social para garantizar que se luche contra la incitación al odio en Internet, y por este motivo en mayo de 2016 la Comisión Europea, junto con las empresas TI (Facebook, Twitter, Youtube y Microsoft) hicieron público un Código de conducta que incluía una serie de compromisos contra la incitación al odio en Internet en Europa.  Las instituciones de la Unión Europea y los Estados Miembros lo tienen claro pero ¿las empresas están cumpliendo con el código de conducta? Sería discutible.

Otro dato interesante del informe del Ministerio del Interior es que la mayoría de los investigados por delitos de odio eran hombres españoles de entre 18 y 40 años, jóvenes denunciados por injurias y amenazas de carácter ideológico, sexista o racista realizadas a través de internet.  Estos jóvenes representan el futuro de la sociedad, jóvenes que fomentan el odio entre la sociedad. Jóvenes youtubers que se graban agrediendo a quienes no les gusta, como el joven de 19 años, con un millón de seguidores, que se grabó humillando a un mendigo en Barcelona.

Ante estos comportamientos cabe preguntarse ¿Qué futuro nos espera? ¿Dónde queda el respeto, la tolerancia entre todos?  ¿Qué hacemos nosotros para evitar el odio?

Internet es un canal de comunicación demasiado rápido para promover esta clase de incidentes y comentarios relativos al odio hacia los demás ¿Cómo podemos combatir esta clase de delitos realizados a través de internet? La libertad de expresión es un derecho, pero nunca se puede superar si esa libertad implica saltarse todos los límites del respeto, la tolerancia y la convivencia. El buen uso de las nuevas tecnologías está en nuestras manos, y denunciar las injusticias y agresiones también.

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Educar la mirada y la escucha

Hay noticias que suelen impactar, pero que los efectos dela velocidad a que está sometida nuestra vida cotidiana, pese a la trascendencia humana y social de sus contenidos, las reducen de inmediato a  olvido y provisionalidad. Es el caso de la noticia aparecida hace unos días sobre las heridas que un adolescente ha producido a su madre por no arreglarle su acceso a internet.

La sociedad  de estos comienzos del segundo milenio viene definida por un nuevo diseño social marcado por las llamadas “redes cibernéticas”. Las nuevas generaciones educadas a la sombra de este paisaje cultural han abandonado el referente tradicional de la pandilla –que sólo cumple su tradicional rito comunitario en los encuentros de “botellón”- para instalarse confortablemente en su propio espacio frente a la pantalla. Su mundo de relaciones se configura en torno al WhatsApp, el facebook, Twiter,… y los videojuegos. Muchos jóvenes de hoy, viven con la mirada puesta en la pantalla y los cascos en sus oídos. Miran pero no ven, y oyen pero no escuchan… Construyen su propio mundo interior con referencias muy dudosas.

Tal vez sea prematuro emitir un juicio sociológico sobre este fenómeno, pues se da la paradoja de que algo  bueno, útil y beneficioso como es el mundo de la imagen, internet y redes sociales, pueda convertirse en un serio problema personal, familiar y social. Muchos expertos, aun con disparidad de opiniones, comienzan a hablar ya de adicciones digitales. La pérdida de control en el uso de internet y el móvil; el malestar significativo cuando faltan o fallan, provocando síndrome de abstinencia; el tiempo excesivo de dedicación;… están produciendo en muchos jóvenes trastornos y desequilibrios en su salud mental y psíquica. Preocupante.

Es indudable que la cultura de la imagen lleva ya tiempo imponiéndose en la vida social. La pantalla y la técnica digital han conseguido con su poder seductor penetrar en todas las facetas de la actividad humana, incluida la educativa. La palabra, elemento fundamental de cohesión social, está desapareciendo de nuestras vidas y de nuestros hogares. Los centros escolares propician esta escaladacuando a estos medios técnicos, considerados “panaceasdidácticas”,se les convierte en finalidades educativas. Hoy es de vital importancia comprender que configurar la personalidad del niño, adolescente o jovenes el fin principal de toda acción educativa. Y para lograrlo en esta cultura de la imagen hay que priorizar la tareade educar la mirada y la escucha. La primera, para aprender a mirar sin absolutizar el medio; y la segunda, para aprender a interrelacionarse.

Un gran reto educativo para tiempos inciertos.

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El mundo de Pokemon Go

POKEMONg

Hace apenas unos días muy pocos sabíamos qué era eso de Pokemon Go, más allá de relacionarlo con un simpático muñequito amarillo con grandes coloretes que aparecía en una serie de televisión. Hoy, sin embargo, todo el mundo habla de ello: los telediarios abren con recomendaciones sobre su uso, se organizan “quedadas” multitudinarias, los periódicos informan sobre personas que han alcanzado el nivel máximo del juego o sobre accidentes provocados por utilización irresponsable y hasta auténticos profesionales, en pleno trabajo, caen en la tentación de abrir la aplicación y ponerse a cazar “pokemons” en medio de una reunión. Ello ocurre en todo el mundo, en Oriente y en Occidente, con personas de todas las edades.

Aunque es más que seguro que en unos días todos nos olvidaremos del juego y con independencia de las aplicaciones comerciales y publicitarias que conlleva, la anécdota pone de manifiesto un hecho indiscutible: cada vez más nuestro mundo ordinario es la –mal llamada–  realidad virtual. Inconscientemente, la conjunción generada por la suma de internet y teléfonos móviles están cambiando no sólo nuestras costumbres y modelos de convivencia, sino, incluso, nuestros modos personales de ser. Es una fase más en la evolución del ser humano, que apunta hacia su transformación en ser virtual, es decir, en una persona que existe en un mundo paralelo irreal.

Lo característico de todo ser humano es su individualidad y su capacidad social para relacionarse con el entorno. Necesitamos presencia, conversación, contacto, para vivir, sentir y amar. Un móvil jamás podrá convertirse en un auténtico sexto sentido, pero sí tiene la capacidad de captar en exclusiva la atención de los otros cinco y, con ello, de anularlos. Renunciar a la experiencia real es renunciar a la vida.

 

 

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