Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Fin del Ramadán

 

Fotografía de Pixabay

Fotografía de Pixabay

El 15 de junio la comunidad musulmana celebró el fin del Ramadán, festividad religiosa islámica que significa, entre otras cosas, el final del ayuno. Día, sin duda, muy especial para los musulmanes. Ese mismo día el presidente del Gobierno felicitó por twitter a los musulmanes españoles por la conclusión del Ramadán, y se sumaron a través de sus respectivas redes sociales muchos primeros ministros europeos en sus respectivos países.

El Consejo Pontificio para el Dialogo Interreligioso del Vaticano el pasado 18 de mayo también felicitó por el inicio del Ramadán, mes sagrado para los musulmanes. Se pone de manifiesto la buena relación entre que existe entre las dos religiones y la convivencia entre las mismas, después de una larga historia de enfrentamiento.

En 2013 el Papa Francisco dirigió un mensaje a los musulmanes de todo el mundo siendo el primer Papa que se dirigió a la comunidad islámica con motivo del fin del Ramadán. En aquella ocasión subrayó la importancia del respeto mutuo como base de la educación y de la formación de los jóvenes, respetando a otras personas que profesan una creencia religiosa distinta, siendo imprescindible el respeto para que pueda existir una buena amistad entre todas las religiones.

Durante estos días son muchas las reacciones de personas —sobre todo cristianas— que se sienten ofendidas porque ni sus alcaldes ni sus primeros ministros les felicitaron el pasado 1 de abril por Pascua de Resurrección, principal fiesta para los católicos que celebramos en todo el mundo; son numerosos los reproches realizados.

Sin embargo, no podemos contrariarnos por este hecho y no podemos quedarnos con el enfado por no ser nosotros felicitados por la Pascua de Resurrección. Quizás nosotros no lo vivamos tan intensamente. Pensemos cómo expresamos nuestra alegría. Aprendamos del ejemplo del Papa Francisco, expresando los mejores de deseos con motivo de esta celebración musulmana y respetando sus enseñanzas, símbolos y valores.  Construyamos una auténtica fraternidad con nuestros hermanos de otras religiones. Los mejores deseos de paz en esta festividad islámica. ¡Claro que sí!

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¿Qué hacemos con las catedrales?

catedral toledo

Escribe Julio Llamazares en su columna titulada “Catedrales” (El País, 7/04/2018) que, tras un viaje de 16 años que le ha llevado a visitar las 74 catedrales españolas, llega a la conclusión de que estos templos “han sido despojados de su significación inicial y convertidos en simples museos por los que deambulan escuchando sus audioguías turistas de todas las procedencias salvo de la ciudad en la que se alzan”, habiéndose convertido así en “edificios vacíos de toda espiritualidad (religiosa o profana, tanto da) sin otro destino que el de generar dinero. Los mercaderes del templo hoy son los propios obispos.”

Detrás de toda generalización existe siempre un hecho verdadero. Pero en muchas ocasiones la generalización equivale a inexactitud, falta de rigor e, incluso, falsedad. El doctor David Burns llega a describir la generalización excesiva como una de las distorsiones cognitivas causantes de ansiedad o depresión (Sentirse bien, 1995).

Excede de las posibilidades de un artículo como este el analizar todas y cada una de las catedrales españolas y, además, en todos y cada uno de los momentos del año (cosa que, naturalmente, tampoco analiza Llamazares). Sin embargo, sí cabe señalar que la catedral de Toledo, si bien es culpable del delito de disponer de audioguías para los turistas —como denuncia Llamazares—, también es lugar habitual de celebración litúrgica de los fieles junto a su arzobispo, como se pone especialmente de manifiesto en Semana Santa, Pascua, Corpus Christi, inicio y clausura de curso pastoral o en las Jornadas Diocesanas de Pastoral; se celebra la Santa Misa, abierta a todos los fieles, al menos dos veces al día en rito romano y una en rito hispano-mozárabe; tienen lugar todas las celebraciones importantes de los seminarios mayor y menor, especialmente las órdenes sagradas; acoge y organiza celebraciones, ritos y oraciones especiales en Adviento, Cuaresma, octavario de Nuestra Señora del Sagrario, etc.; la custodia de Arfe no solo se utiliza para procesionar el día grande del Corpus Christi, sino que el Santísimo Sacramento queda expuesto en ella para la adoración de los fieles en la catedral durante los días previos y posteriores al Corpus. Por otra parte, existe un compromiso concreto del Deán y Cabildo Primado con los más necesitados, promoviendo acciones específicas a lo largo del año en colaboración con Cáritas Diocesana y acogiendo personalmente a las personas necesitadas en el templo para diversas actividades. ¿Se puede decir entonces, honestamente, que la catedral de Toledo está vacía de toda espiritualidad? Evidentemente, no.

Por supuesto que la religiosidad y la asistencia a las celebraciones religiosas se encuentran en evidente descenso en España —no solo en las catedrales—, y siempre se podrá mejorar el servicio a los fieles cristianos y a la sociedad que pueda prestarse desde las catedrales. Pero conviene cuidar la generalización excesiva que, a veces, busca más justificar un prejuicio que  encontrar la verdad.

Si el Estado financia el mantenimiento y reparación de las catedrales, a algunos les parece mal. Y si el cabildo cobra entrada para sufragar los cuantiosos gastos de mantenimiento y reparación sin depender del Estado, les parece también mal. Si las catedrales se usan solo para actos religiosos, exclusivamente para los católicos, les parece mal. Pero si se organizan exposiciones, conciertos y actividades culturales al servicio de la sociedad en general, también les parece mal. Si se dedican los templos a fines espirituales, caemos en el espiritualismo. Y si se acepta la visita turística y las actividades culturales, se está vaciando el templo de espiritualidad. Solo se verán satisfechos cuando consigan despojar a la Iglesia de sus bienes, como se ha puesto de manifiesto con las catedrales de Córdoba o Zaragoza.

En definitiva, haga lo que haga la Iglesia, hay personas que nunca estarán contentas simplemente porque la Iglesia les molesta. Y las catedrales, como signo teológico, como referente para la vida pastoral de la diócesis, como embrión de las actuales universidades, como anticipo de las instituciones asistenciales posteriores, como recuerdo visible de que son las raíces cristianas las que han forjado toda nuestra cultura occidental y europea, molestan también a quienes —quizá— desearían que la Historia hubiese discurrido de manera diferente.

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Dios de la Navidad

niño jesus

Desde hace casi dos siglos, uno de los temas recurrentes del pensamiento europeo de la llamada modernidad ha sido el final de la religión. Considerada como alienación, pensaban –y piensan muchos– que es un gran obstáculo para el progreso individual y social. A finales del siglo XIX Nietzsche profetizó la muerte de Dios.

A lo largo de toda la historia contemporánea, la fe en Dios ha convivido con múltiples resistencias y se ha intentado hacer realidad esta profecía de muchas maneras: Se esforzaron en ello los intelectuales de la Ilustración porque consideraban a Dios un rival para la autonomía del hombre; lo declararon inútil los pregoneros de la ciudad secular; lo ha denigrado la cultura postmoderna creando una sociedad alternativa y propiciando la cultura de la muerte; lo niegan con virulencia militante y fundamentalista los llamados nuevos ateos que, con una argumentación simplista, no saben separar el ámbito de la ciencia del ámbito de la fe; lo han puesto a los “pies de los caballos” los fundamentalismos religiosos; y está intentando vaciar de contenido la fe nuestra sociedad actual de consumo que falsamente la celebran celebran llenando las ciudades de luces fugaces y mesas abundantes. Hasta nosotros, los mismos creyentes, lo oscurecemos con nuestras incoherencias.

Seguramente, lo que unos y otros han intentado matar es su “idea” de Dios, porque aunque vivimos en una sociedad donde la indiferencia religiosa y la increencia aletean por su mar cultural, Él, el Dios de la Navidad y de la Vida, acude siempre a su cita puntual con nosotros para elevar nuestra dignidad de personas con su mensaje de amor y misericordia. Y aunque parezca ausente, es presencia y buena noticia para todos aquellos que lo buscan cuan nuevos “reyes magos”. El Dios de las Buenas Manos y del Amor es Misterio que seduce a quienes se dejan encontrar por Él: “Lo esencial sólo se puede ver bien con los ojos del corazón”.

Nos disponemos a celebrar lo que nuestra sociedad occidental llama fiestas navideñas con todos los ingredientes que nos aporta un mundo secularizado. La cuestión fundamental es si nosotros, los creyentes, acudimos a ella considerándola un encuentro con el Dios de la Navidad y de la Vida

 

 

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Por monja

Queman iglesias por ser templos católicos (una capilla universitaria de la Autónoma de Madrid); pegan a una mujer en la calle por ser monja (una hermana de la Congregación de las Esclavas de la Inmaculada Niña en Granada); excluyen de los primeros puestos en las listas electorales a militantes  de partidos políticos por haber antepuesto su conciencia a la disciplina de voto (miembros del PP que votaron en contra de la última reforma de la Ley del aborto); presentan querellas contra Obispos por exponer ante sus fieles el Magisterio (los de Alcalá, Valencia o Córdoba). Todo ello se suma a planteamientos de supresión de la financiación pública de la Iglesia, de eliminación de las manifestaciones públicas de fe, de minusvaloración a quien expresa su opinión basándose en sus convicciones religiosas por considerarlo incompatible con la razón e, incluso, la inteligencia.

Sería fácil, en consecuencia, centrar esta reflexión en la idea de que en España ya está pasando –o, mejor dicho, ya está volviendo a pasar–: la persecución religiosa ha dejado de ser únicamente cultural para convertirse también en personal.

Sin embargo, el problema de fondo es mucho más amplio. No nos damos cuenta de que todas estas manifestaciones, que son bien vistas por quienes no simpatizan con la Iglesia católica e ignoradas con indiferencia por la gran mayoría de los ciudadanos, son un auténtico ataque a la libertad de todos.

Una sociedad que desprecia, critica, persigue, se mofa e, incluso, agrede a personas por creer en Dios y tratar de vivir en coherencia con ello –o, cuando menos, que no reacciona frente a los desprecios, las críticas, las persecuciones, las mofas, las agresiones a personas concretas– es una sociedad condenada, toda ella, a la esclavitud.

No hay mayor manifestación de libertad que la libertad interior. Es esto lo que está en juego: la imposición de una concreta visión del ser humano y del mundo que no acepta fisuras, críticas ni argumentos en contra. Quien discrepe, sobra.

Hoy pegan a una mujer “por monja” –y muy pocos reaccionan, ni siquiera los defensores de la igualdad de género, quizás por entender que una mujer, al ser monja, pierde su condición de mujer y, por tanto, la agresión por parte de un hombre no puede ser calificada de acto de machismo ni como violencia de género–. Mañana será demasiado tarde para reaccionar si no frenamos estos ataques a la libertad.

 

 

 

 

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Semana Santa

Es un dato indudable que en las últimas décadas se ha producido en nuestro país un profundo cambio sociocultural. Y entre sus rasgos más característicos hay que anotar, sin duda, la posición que ocupa en la vida social el hecho religioso, especialmente referido a lo cristiano católico. Indiferencia puede ser la palabra más adecuada para describirlo, aunque en algunos ambientes más bien lo que se lleva es el desprecio y la minusvaloración. Raro es el día en que los medios de comunicación no propician noticias que alimentan el morbo del “escándalo” y sirven para ridiculizar a la Iglesia. Alguien ha dicho que “la cuestión religiosa en España no derrama sangre, pero sí tinta y agresividad”.

Y en este contexto cultural, en plena explosión primaveral, año tras año surge la Semana Santa. En centenares de pueblos, aldeas y ciudades con más o menos historia, riadas de personas desde muy diversas motivaciones asisten y contemplan las innumerables muestras de religiosidad con las que el pueblo aún desea rememorar el núcleo central de sus creencias y de su fe. Es el reflejo de un estilo religioso producto de una inmersión cultural donde se ha mezclado lo intelectual, lo cultural, lo estético y lo religioso. El cristianismo ha modelado de tal manera durante siglos la cultura de nuestro país que muchas veces es difícil deslindar la frontera entre lo religioso, lo cristiano y lo cultural.

Y en un contexto de vivencia plural, la Semana Santa se hace pues para unos, devoción serena, silencio respetuoso, fe profunda; y para otros, contemplación estética, tradición cultural, curiosidad turística…

Pero también, y en esta explosión de sol primaveral, nuestra sociedad altamente secularizada, ha llevado a riadas de personas en esta semana a disfrutar del turismo cultural o de playa, o del contacto con la naturaleza. Tecnocracia y mercado, que marcan las pautas del progreso actual, nos han introducido en la maraña del consumismo, separándonos consecuentemente del aprecio por lo simbólico.

Y en el centro de todo, la gran cuestión; la gran pregunta que hay que hacerse hoy y siempre, creyentes y no creyentes: si la causa del Reino que nos propuso el auténtico protagonista de estas celebraciones, con su vida, su muerte y su presencia resucitada, sigue adelante. Si la sociedad de hoy es más justa, más libre, más pacífica, más fraterna… En una palabra, si estamos creciendo en verdadera humanidad

 

 

 

GRUPO AREÓPAGO

Política y religión

congreso

Es un hecho constatable que, en los últimos tiempos, representantes de lo que se ha dado en llamar la nueva política intentan resucitar postulados laicistas decimonónicos, impropios de democracias avanzadas donde se reconoce la libertad personal y se respetan los derechos humanos. Tiempos que pretendían situar el hecho religioso fuera de la esfera pública. “La religión a la sacristía”, decían.

Y también, es un hecho constatable, que cuando se habla de religión y política los fundamentalismos laicistas y también los religiosos hagan imposible el diálogo.“En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa”, decía Benedicto XVI (2009).

El rancio furor laicista de la nueva izquierda, al que hace “la ola” alguna parte de la derecha postmoderna, dirige sus dardos sectarios sobre cuestiones que ya han sido superadas en la mayor parte de los países democráticos de nuestro entorno. Laicismo que se ha hecho institucional en algunos territorios autonómicos y que resume todo su hacer político en la denuncia de los acuerdos de la Iglesia con el Estado de 1979.

Cuando algún asiduo lector de periódicos lea la noticia de que; “El Congreso y algunos ayuntamientos, como Madrid y Valencia, piden suprimir la exención del IBI que tiene la Iglesia” seguramente pensará que es algo justo, porque hay que eliminar privilegios. Pero si profundiza en la información observará que esa exención del impuesto del IBI responde a la llamada ley del Mecenazgo por la cual están exentas de ese tributo muchos edificios considerados de interés público: edificios propiedad de fundaciones, federaciones deportivas, partidos políticos, agrupaciones sindicales u ONG. Privilegio, pues, ninguno.

Y otro tema de gran interés actual en las relaciones entre religión y política gira en torno a la educación. Cuando uno oye que la enseñanza religiosa escolar y los conciertos educativos están impidiendo los acuerdos para el ansiado “pacto por la educación”,tiende a pensar en el sectarismo latente que reviste el anticlericalismo de algunas fuerzas políticas.

 

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Rita Maestre, absuelta

La absolución de Rita Maestre por la Audiencia Provincial de Madrid ha generado reacciones de muy diversa índole en medios políticos, sociales y religiosos.

Conviene aclarar que el delito contra los sentimientos religiosos, según el Código Penal, puede integrar en realidad tres tipo penales diferentes. En los tres casos, no basta con el ánimo de ofender los sentimientos religiosos para que haya delito, sino que debe concurrir además un elemento objetivo determinado: el tipo penal del artículo 523 exige amenaza o violencia para impedir una ceremonia religiosa; el del artículo 525 requiere el escarnio; y el del 524, la ejecución de actos de profanación.

La primera sentencia ya había descartado la concurrencia de los tipos penales recogidos en los artículos 523 y 525 por no existir ninguna ceremonia religiosa que impedir o interrumpir y por tampoco existir escarnio, pero condenó por el artículo 524 a una multa de 4.320 €. Ahora, la sentencia de la Audiencia, dictada en apelación, entiende que tampoco se dio el tipo penal del artículo 524 por no existir propiamente un acto de profanación.

Para el órgano jurisdiccional, un acto de profanación relevante penalmente debe consistir en “actos físicos de claro contenido profanador en la medida en que implican un trato directo vejatorio, físicamente violento, contra algún elemento básico de la liturgia católica o de las representaciones propias de esa religión”. Sin embargo, la sentencia considera que el modo de actuar de Rita Maestre “puede ser valorado como claramente irrespetuoso”, pero sin que concurra el componente de profanación exigible para configurar el tipo delictivo.

De la lectura de la resolución podemos extraer las siguientes conclusiones:

  1. La sentencia, que es firme -salvo recurso de amparo constitucional- y de la cual se puede discrepar, realiza una interpretación concreta de qué deba entenderse por acto de profanación a efectos penales.
  2. La sentencia apunta que la conducta de la Sra. Maestre pudiera haber sido constitutiva de una falta de coacciones del anterior Código Penal (actual delito leve de coacciones del 172.3). Sin embargo, al no existir denuncia ni reclamación civil de ningún perjudicado directo (solo la acción penal del Fiscal, Centro Jurídico Tomás Moro y Alternativa Española), no es posible jurídicamente la continuación del procedimiento por tal falta.
  3. La sentencia no respalda la actuación de la Sra. Maestre, sino que la considera como claramente irrespetuosa, señalando expresamente la Sala que no comparte los modos y formas por ella empleados. No obstante, no toda actuación reprochable moralmente ha de recibir necesariamente reproche penal.

Desde un punto de vista estrictamente jurídico, puede admitirse que el orden penal ha de reservarse para sancionar exclusivamente aquellas conductas de mayor gravedad. No obstante, no es menos cierto que los poderes públicos están constitucionalmente obligados a garantizar el efectivo ejercicio del derecho a la libertad religiosa y de culto, conforme establece el artículo 16.1 de la Constitución Española. Por lo tanto, si el instrumento adecuado para garantizar ese derecho no es el Código Penal, compete a todos los poderes públicos (de los que ahora forma parte también Rita Maestre) arbitrar todas aquellas medidas que fueren necesarias para que la libertad religiosa y de culto de los ciudadanos sea un derecho efectivo y no papel mojado.

La principal reflexión que deriva del presente caso es, por tanto, que el derecho a la libertad religiosa y de culto -atacado por Rita Maestre y el resto de personas que leyeron un manifiesto claramente ofensivo para quienes somos católicos y nos sentimos parte de la Iglesia- debe ser respetado y protegido. No hacerlo así, tolerando actos ofensivos, implica discriminar a quienes somos creyentes y, por tanto, quebrar las bases de la convivencia democrática.

Enseñanza Pública frente a Enseñanza Concertada

colegio-primaria

El reciente anuncio del gobierno de Castilla-La Mancha sobre la congelación de las partidas para la Enseñanza Concertada plantea un debate político que desplaza el problema de la gestión del sistema educativo al ámbito de la ideología.

Desgraciadamente es característica habitual de toda ideología dar prioridad a las ideas e interpretaciones frente a los hechos: si éstos no encajan con aquellas, entonces se silencian o, simplemente, se falsean.

En primer lugar, la ideología de ciertos grupos de izquierdas plantea una oposición ficticia entre escuela pública y escuela concertada. La realidad es que ambas son entidades que prestan igualmente un servicio público a los padres en su labor educativa. De manera análoga a cómo el servicio público de autobuses es gestionado por una entidad privada, un colegio concertado es un centro de iniciativa social que ofrece un servicio a cualquier ciudadano que desee utilizarlo. En rigor se trata de una enseñanzapública concertada.

Soy profesor de filosofía en un instituto de enseñanza pública, y he sufrido los recortes del anterior gobierno del PP en Castilla-La Mancha: estos se pueden resumir en más trabajo para los docentes y menos atención para los alumnos. En mi centro, comparto pasión por la docencia y por los alumnos con un cuadro de compañeros admirables, en lo personal y en lo profesional. Pero también tengo excelentes amigos entre los docentes de la enseñanza concertada. ¿Por qué tengo que percibirlos como competidores?

Es lógico aceptar, que los que hemos obtenido el trabajo a través de unas oposiciones, podamos gozar de más derechos laborales. Pero esto no nos impide mirar con respeto y aprecio a otros docentes que ejercen su trabajo en condiciones semejantes, cuando no, más exigentes, como ocurre en varios centros educativos de mi ciudad. Más todavía, es ya un tópico entre mis colegas de la enseñanza pública admirar la carga horaria de los profesores de la concertada: nosotros tenemos 21 hora lectivas semanales sin contar horas complementarias (“gentileza” de Cospedal que nos subió dos horas) pero en la concertada imparten al menos 25 horas. Cómo demonios aguanta el cuerpo tantas horas de clase, es un misterio insondable que los profesores de la pública no acertamos a comprender. Y, por cierto, este horario notablemente superior es remunerado de forma desproporcionada: su sueldo es significativamente inferior a pesar de las mentiras que puedan haberse inventado los obnubilados de las ideologías.

Pero con mi reconocimiento hacia mis colegas de la concertada, no pretendo insinuar que la Administración deba priorizar a esta enseñanza sobre la pública. Todo lo contrario. Creo que es un bien que todos debemos desear, que la Administración ponga su prioridad en la enseñanza pública para mejorarla. Pero ¡esto no requiere aumentar el estrangulamiento de la concertada, válgame el cielo! Esta es la segunda falacia de la ceguera ideológica.

En esta segunda falacia, la ideología plantea como una confrontación los gastos que se invierten en la enseñanza concertada, respecto de los gastos que se dedican a la pública. Como si los primeros fueran sustraídos de los segundos (!). Semejante aserto es el colmo de la estupidez.

El gasto medio por alumno y año de un centro de secundaria concertado de Castilla la Mancha es de 3.420,28 €, mientras que en la pública es 6.053,75, casi el doble. Esto significa que el ahorro es del  43,50%  que resulta semejante a la media nacional (datos obtenidos por Félix Burgos de “Estadísticas de la Educación. Enseñanzas no universitarias. Alumnado matriculado de los cursos 2008/2009 y 2009/2010”).

 La cuestión es, pues, de meridiana claridad. El hecho de que la enseñanza concertada escolarice al 14,24% de los alumnos de Castilla la Mancha –por cierto, es el menor porcentaje de España si excluimos el caso de Melilla- permite al gobierno regional invertir más dinero en la pública. De otro modo no tendría recursos para escolarizar a todos los alumnos… Pero por lo que parece, el gobierno de Castilla la Mancha desea ir estrangulando la enseñanza concertada, a ver si logra quebrar todo el sistema educativo. Muy inteligente.

Como los datos económicos son incontestables, la ideología inventa un tercer mito: la enseñanza concertada es elitista y rechaza a alumnos con dificultades especiales o de ambientes marginales. Pero la realidad, una vez más, es muy otra. Son rarísimas excepciones los colegios que incluyen una cuota exigente (la mayoría tienen una cuota modesta) que, por lo demás, no es obligatoria por ley (no hablo aquí de los colegios privados que no tienen concierto). Además, la escolarización no la deciden los centros sino la Administración. Ésta distribuye la matricula según la solicitud de los padres y de acuerdo a unos baremos, en los que se incluye de modo significativo la renta económica. Todos los centros, públicos o concertados, tienen la obligación de aceptar los alumnos enviados por la Administración.

Pero es triste e indignante oír estas falsedades. Pues la labor que llevan a cabo estos centros con alumnos de necesidades educativas especiales es admirable. Por ejemplo, el colegio Virgen del Carmen recibió un premio de la Consejería de Educación del gobierno socialista en 2007 “por su trabajo e implicación en la escolarización con el alumnado con necesidades educativas especiales, que les ha valido el reconocimiento de las familias y de toda la comunidad educativa desde hace muchos años”. En todos ellos se lleva a cabo una labor semejante con alumnos inmigrantes y con alumnos procedentes de familias con escasos recursos económicos.

Sin embargo, esta labor social no se quiere reconocer e incluso se intenta ocultar. Los prejuicios ideológicos fundamentan la última y más grave de las falacias: que la primera responsabilidad de la educación de los menores recae en el Estado. Pero la esencia de una democracia digna de este nombre, reposa en el criterio exactamente contrario: es el Estado quien debe colaborar con los padres en la educación de sus hijos, facilitándoles los medios necesarios. Felizmente este principio es recogido explícitamente por nuestra constitución en su artículo 27.3.

El mayor peligro de una ideología ajena a la realidad es que tiende por definición al totalitarismo. Lo que les molesta no es que la enseñanza pública tenga deficiencias, sino que muchos padres deseen educar a sus hijos con un modelo que ellos no comprenden o incluso odian. Y por eso intentan legitimar la imposición totalitaria de su propio modelo educativo.

Que un colectivo de personas tenga una percepción caricaturizada –hasta lo monstruoso– del hecho religioso, no legitima su interpretación de la FUNCIÓN REAL que desempeñan los centros concertados en nuestra región. Por lo demás, resulta irrisorio que con estas ocurrencias estrafalarias –que recuerdan a los patinazos del ayuntamiento de Madrid– los políticos de Podemos le estén haciendo la campaña al PP.

Mientras la ideología sea criterio de la gestión educativa, no será posible el tan necesario pacto educativo.

Por Fernando López Luengos  

Doctor en Filosofía y profesor de secundaria en la enseñanza pública

Miembro de Areópago

Artículo publicado en Forum Libertas.

http://www.forumlibertas.com/ensenanza-publica-frente-a-ensenanza-concertada/

Yihadismo: ¿Religión?

oración

Por D. Juan Manuel Uceta

Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma. Director del Secretariado de Relaciones Interconfesionales de la Archidiócesis de Toledo

Firma invitada del Grupo Areópago

Al escribir estas líneas ya han transcurrido unos días desde la espantosa noche del 13-Nen París. A través de los medios pudimos vivir prácticamente en directo lo que allí estaba sucediendo. El paso de las horas y de los días han ampliado nuestro conocimiento no sólo de esos hechos horribles, sino también de la más profunda dimensión de ellos, la personal, al llegar hasta nosotros las historias y experiencias de víctimas y supervivientes.

Y es en esa distancia temporal y de la mano de tertulianos y especialistas entrevistados como han ido quedando cada vez más claras las líneas editoriales más o menos concordes que han tratado de forjar un determinado “estado de opinión”.

Me ha llamado poderosamente la atención un detalle: apenas se ha dedicado tiempo a analizar el trasfondo religioso del yihadismo radical y violento —al menos,  yo no he escuchado ni leído nada al respecto—; más aún, se ha tratado de silenciar positivamente dicho trasfondo. Fueron muy significativas las palabras medidas con las que Mariano Rajoy condenaba los atentados y trataba de situar los acontecimientos: “No estamos ante una guerra de religiones, sino ante una lucha entre civilización y barbarie”. De parte de occidente, ciertamente, no se trata de una guerra de religión. Y podemos afirmar esto por la distinción que hacemos entre el ámbito político o social y el ámbito religioso: son distintos, con su “legítima autonomía” — en expresión del Concilio Vaticano II—.

No es así en el caso del Islam. Para un musulmán el Islam lo es todo: lo cultural, lo social, lo político, lo legislativo y, por supuesto, lo que nosotros, occidentales, entendemos por religión. Para poder captar esta clave habría que mirar a los países de mayoría islámica, donde está implantado “el Islam”, es decir, ese todo al que me refería más arriba —y no tanto al “Islam europeo” o el “Islam español”—.

Un musulmán ve occidente desde esta perspectiva: Europa, España, es “el cristianismo”, del mismo modo que lo que ellos han vivido en los países islámicos es “el Islam”. ¿Qué encuentran en ese “cristianismo”? La devaluación, cuando no desaparición, de valores en la que nos vemos inmersos, resultado de la pérdida del sentido de Dios y de la fe en Él. Para ellos —y no les falta razón, en cierto sentido— es una civilización en decadencia, avocada a su desaparición.

Un horizonte así, lejos de invitar al musulmán a la inserción y la asunción de “nuestro estilo de vida”, crea en muchos de ellos —no digo en todos— la repulsa más profunda. Toman de nuestras sociedades algunos de sus logros —por ejemplo, los del ámbito económico y laboral—, pero en el fuero interno se afianzan en su identidad musulmana, esto es, en los valores y principios profundos que les brinda lo religioso islámico y que no encuentran en “el cristianismo” occidental. Considerado así, “la civilización” a la que se refería Mariano Rajoy, es vista, en cierto sentido, como un peligro que amenaza esa identidad.

Esta mirada trasluce también en las amenazas del yihadismo a “la tierra de la cruz” y, más específicamente, al Papa y al Vaticano —como aparece, por ejemplo, en el n. 4 de Dabiq, la revista oficial del ISIS— por lo que éstos últimos tienen de símbolos de esa identificación occidente-cristianismo. En este caso, se añade un punto de referencia más. Es común a los grupos de tendencia radical —no sólo los violentos— la lectura de la Historia en clave de lucha de religiones. Para ellos las Cruzadas, la Reconquista, Lepanto o Viena, el periodo colonial, la caída del Imperio Otomano, las intervenciones militares de EEUU en Afganistán e Irak, por señalaralgunos momentos más significativos, son vistos como otros tantos momentos de la lucha del cristianismo por erradicar el Islam y de humillación de los musulmanes en las victorias “cruzadas”.

No todos los musulmanes son yihadistas, pero los yihadistas son musulmanes” lo que sería lo mismo que decir “no todos los alemanes eran nazis, pero los nazis eran alemanes”. Esta frase, pronunciada estos días por un periodista de fama, centra mucho el asunto tal y como trato de exponer en estas líneas.

Oímos decir a muchos musulmanes que el Islam es una religión de paz y se citan ciertos pasajes del Corán como 2, 256: “No hay coacción en la religión”, o lo que aparece en 5, 32: “prescribimos quequien matara a una persona inocente, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad”. Pero junto a estos textos encontramos otros de signo diametralmente opuestos. Sin ir más lejos, en las siguientes aleyas de la cita anterior —5, 33- 34— se lee: “Retribución de quienes hacen la guerra a Dios y a Su Enviado y se dan a corromper en la tierra: serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra / Quedan exceptuados quienes se arrepientan antes de caer en vuestras manos”.

Y son citas del Corán también: C 3, 151: “Infundiremos el terror en los corazones de los que no crean”; C 4, 89: “Son creyentes únicamente los que creen en Dios y en Su Enviado, sin abrigar ninguna duda, y combaten por Dios con su hacienda y sus personas”; C 4, 91: “Querrían que, como ellos, no creyerais, para ser iguales que ellos. No hagáis, pues, amigos entre ellos … apoderaos de ellos y matadles donde les encontréis. No aceptéis su amistad ni auxilio”; C 8, 12: “Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!»”; C 8, 39: “Hallaréis a otros que desean vivir en paz con vosotros y con su propia gente. Siempre que se les invita a la apostasía, caen en ella. Si no se mantienen aparte, si no os ofrecen someterse … apoderaos de ellos y matadles donde deis con ellos. Os hemos dado pleno poder sobre ellos”; C 49, 15: “Combatid contra ellos hasta que dejen de induciros a apostatar y se rinda todo el culto a Dios”; C 46, 32: “Los que no acepten al que llama a Dios (n. b. Mahoma) no podrán escapar en la tierra”; C 47, 4: “Cuando sostengáis, pues, un encuentro con los infieles, descargad los golpes (n. b. de espada) en el cuello hasta someterlos”; C 48, 28- 29: “Él es Quien ha mandado a Su Enviado con la Dirección y con la religión verdadera, para que prevalezca sobre toda otra religión … Muhammad es el Enviado de Dios. Quienes están con él son severos con los infieles”.

¿Cómo se toman estos textos? Hay dos claves en la lectura del Corán por parte de los grupos de tendencia radical entre los que se encuentran algunos de los de mayor influencia en Occidente, como los Hermanos Musulmanes o el Salafismo Saudí. La primera es una lectura literal —no alegórica— de los pasajes. La segunda es la llamada “ley de la abrogación” —ver C 2, 106; 16, 101; 87, 7—, según la cual si hay contenidos contradictorios —en este caso paz/ violencia— ha de seguirse lo último que haya revelado Alah, quedando anulado el contenido de las aleyas primeras que,  aunque permanecen en el Corán, serían frases sin valor. Las citas del tenor antes expuestas se ubican en la última parte de las revelaciones recibidas por Mahoma y prevalecen sobre las demás.

Las siguientes líneas no las formulo desde una actitud de desconfianza hacia la sinceridad de las manifestaciones de musulmanes de bien que hemos podido escuchar estos días, sino como forma de indicar un posible camino de solución. Al formular la condena y rechazo de los atentados habría que plantearse una pregunta: “¿porqué?” O, lo que es lo mismo: “¿qué razones pueden darse a un yihadista para decirle que está equivocado?”.

El Islam se caracteriza por una actitud fideísta: Dios ha mandado y el hombre tiene que obedecer, someterse. Si en esa obediencia es posible integrar la razón, entonces se hará, pero si surgen discrepancias, entonces la razón ha de dejarse a un lado, pues no puede ponerse por encima del mandato de Dios.

Volviendo sobre nuestro tema, si Dios ha mandado “sembrar el terror”, ¿porqué lo que hace un yihadista está mal?; si Dios ha mandado degollar a los que se resistan a la fe ¿porqué lo que se está haciendo en Siria por parte de ISIS no se puede aceptar?…

La respuesta del musulmán que siente verdaderamente la repulsa a la violencia será la de una opción subjetiva, basada en otras aleyas, pero deja al descubierto el problema objetivo de ciertos contenidos del Corán y la necesidad de afrontar —por parte de los musulmanes— la tarea de purificar la religión de aquello que es contrario a su naturaleza, desde una razón que busca la verdad.

Ciertamente, no es la única vía de solución, pero, si no se aborda ésta, a nuestro entender, no habrá metanoia (el “cambio de mente” del que hablaba san Pablo en Rom 12, 2), y simplemente se habrá sofocado esta manifestación concreta de una tendencia religiosa desviada, extrema, pero volverá a surgir, tal vez con más fuerza, alimentada por el sentimiento de humillación y el deseo de venganza de lo que en este momento se está haciendo contra ella.

 

 

Religión y escuela pública

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Uno de los temas más controvertidos en el mundo de la política desde que se estableció nuestra joven democracia es la presencia de la Enseñanza Religiosa Escolar en el currículo de la Escuela Pública. En la actualidad ha sido suscitado por la aparición en el BOE del nuevo currículo de la asignatura motivada por la ¿última reforma? del sistema educativo de nuestro país, la denominada LOMCE, currículo que empieza a aplicarse en el curso que estamos iniciando. Y, cómo no, por la instrumentalización que hacen del asunto algunos partidos políticos que abogan por lo que ellos llaman la escuela laica.

La cuestión de fondo se encuentra en la dificultad de algunas personas y partidos políticos para comprender la diferencia que existe entre laicidad y laicismo, entre Estado democrático laico y aconfesional y Estado laicista.

La laicidad de una sociedad democrática no es una ideología más entre otras, sino la expresión de la neutralidad del Estado en referencia a todas las cosmovisiones, que hacen posible la libertad ideológica, política, cultural y moral –que no ética– de todo el amplio espectro social que configura un Estado moderno democrático y, por tanto, plural. El laicismo, en cuanto pretende la anulación de algunas de las cosmovisiones que forman parte de ese Estado –es el caso de la intención de convertir en instancia privada a la Religión, sacándola de la vida pública– se transforma en ideología y, si es combativo y excluyente, deviene en fundamentalismo y en totalitarismo.

El estado democrático laico, y por tanto aconfesional, es neutral pero no neutro. Es desde esta premisa desde donde se ha de debatir la presencia o no de la enseñanza de la Religión Católica en el ámbito de la Escuela Pública. Hoy son muchas las familias que en España desean que sus hijos reciban una educación fundamentada en una cosmovisión cristiana de la vida; se habla del sesenta por ciento de la población escolar. Los actuales Acuerdos Iglesia y Estado se sustentan precisamente en ese interés público que suscita tal demanda y en la respuesta que da dicha asignatura a una planificación curricular atenta al concepto moderno de educación integral.  La religión es un hecho cultural que exige su tratamiento escolar si no queremos que nuestros niños y jóvenes en un futuro no sepan interpretar los fundamentos de una cultura que, se quiera o no, se ha forjado desde las claves de una cosmovisión cristiana.

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