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“Hacia una cultura del encuentro"

Tag: violencia machista

Como cada día 25

VIOLENCIA

Como cada día 25, el artículo del grupo Areópago tiene como tema central la defensa de la vida. Hoy es 25 de noviembre y se celebra el DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

En esta sociedad de la que formamos parte, cuando hablamos de violencia contra la mujer, rápidamente vienen a nuestra mente escenas en las que aparece un hombre (por así llamarle), golpeando, insultando, amenazando, incluso y por desgracia, quitando la vida a una mujer. Es evidente que cada mujer que cae herida o sin vida por la violencia de un hombre merece toda nuestra atención y que debemos hacer todo lo posible para que no se dé ni un caso más de ningún tipo de violencia.

Pero curiosamente, cuando se habla de mujeres víctimas de violencia, nunca se habla de los miles de mujeres asesinadas por el aborto, ni de las que son víctimas de él cuando por diversas y múltiples circunstancias se ven abocadas a tomar esta dramática decisión.

Hay un dato para muchos desconocido y que conviene traer a colación. Las pioneras del movimiento feminista, aquellas mujeres que iniciaron una loable lucha por la defensa de los derechos de la mujer, eran profundamente contrarias al aborto. Paul Alice, líder de la campaña que luchó por el reconocimiento del derecho al voto de la mujer en Estados Unidos, llegó a afirmar que “el aborto es lo último para abusar ilegítimamente de la mujer, el aborto es violarte hasta las entrañas”.

En el fondo de este relativismo que nos envuelve, en el fondo de la ideología de género que impregna leyes, movimientos, comunicación, información, hay de nuevo una tremenda dictadura, en la que los fuertes siguen abusando de los débiles. Pierden toda fuerza moral los que en aras de la defensa de la mujer, quieren protegerla del maltratador olvidando que no hay mayor maltrato que abocar a estas mujeres a tomar la decisión de acabar con la vida de su hijo (falta de ayudas sociales, falta de mensajes de refuerzo positivo en el momento del embarazo inesperado, falta de compromiso real con la maternidad, etc). Cuando, en el tú a tú con una mujer que ha abortado, puedes captar su profundo dolor, su rabia, impotencia, ira, sabes que aquella mujer ha sido sin duda víctima del mayor de los maltratos. Y su hijo/a también.

El rechazo de la violencia contra la mujer debería integrar también la ejercida por omisión ante situaciones de riesgo de aborto.

 

 

GRUPO AREÓPAGO

La fuerza del amor

amor

De nuevo miles de personas se han reunido en Madrid para manifestar el rechazo a la violencia machista. Son ya tantas las veces y tantas las personas que convocadas por la empatía han dicho no a la violencia del machismo, del terrorismo, del acoso, de la muerte de los inocentes en el seno materno… Es una necesidad personal y colectiva. Cuando no se vislumbra el cese de la violencia del tipo que sea, es necesario alzar la voz a coro para decir con claridad que estamos ahogados, que necesitamos y suplicamos que se acabe tanto dolor provocado por el violento.

Y los que están al frente de la sociedad para defender sus derechos fundamentales intentan escuchar (en el caso del aborto, no tanto) la voz quebrada y dolorida de los que sienten como suyo el dolor de las víctimas y, por eso, promueven iniciativas legales, teléfonos de ayuda, tribunales con especiales competencias… y, sin embargo, en la profundidad del corazón anida la sangrante sospecha de que dentro de poco volveremos a salir a la calle porque el dique de contención no ha podido con el tsunami de la violencia. ¿Quién podrá frenar la crecida de las aguas caudalosas?

Toda iniciativa es bienvenida, pero hasta ahora las instauradas no se han manifestado totalmente eficaces… Quizá convenga añadir a las que hay una nueva, audaz, quizá surrealista o absurda para algunos… pero ¿y si funciona? Todo atentado contra la vida de los demás nace de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre que empuja a aniquilar incluso a lo más amado: un hermano, un hijo, una novia, una esposa… Nada externo puede cambiar ese corazón; puede aminorar su virulencia o frenar por miedo su ira, pero no cambiarlo. Sólo una fuerza interior puede convertir la violencia del corazón en un amor que no mata, sino que da la vida por quien se ama y esa fuerza es Dios. Dios metido en el corazón. No perdemos nada por intentarlo…

 

Grupo Areópago

 

¿Violencia machista?

El pasado 5 de agosto conocíamos la terrible noticia del asesinato en Castelldefels de una mujer y sus dos niños a manos del marido, padre de las criaturas, que terminó suicidándose; el 31 de julio había saltado a la luz otra noticia similar: un hombre divorciado mataba en Moraña (Pontevedra) a sus dos hijas y después intentaba quitarse la vida. La pasada semana se descubrían los cuerpos de dos chicas desaparecidas en Cuenca supuestamente estranguladas por el ex novio de una de ellas. En todos estos casos, los medios de comunicación han presentado los hechos como violencia machista, es decir, como asesinatos producidos como consecuencia de la situación de desigualdad de la mujer y de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres. Como siempre, la única reacción de los responsables públicos, que es también mayoritaria en las redes sociales, se ha limitado a condenar los asesinatos y a manifestar la importancia de no tolerar ningún tipo de violencia de género. Ninguna reflexión más allá; ninguna medida que vaya a la causa última de esta situación.

Todas estas muertes son consecuencia de la violencia, ciertamente. Violento es aquél que, estando fuera de su estado natural, actúa con fuerza contra otra persona, atentando contra su integridad física. La pregunta que debe formularse es qué lleva a esa persona a actuar de esa manera. La única explicación en todos los casos no puede ser, sencillamente, su actitud de prepotencia respecto de las mujeres. Por tanto, la única medida no puede consistir en plantear esta realidad como un conflicto entre mujeres y hombres.

La clave de todo ello es el amor. Hemos convertido el amor en puro sentimiento en vez de considerarlo opción de vida por una persona. Hemos transformado la relación de pareja en un simple contrato que se rompe cuando una de las partes lo desea, en lugar de considerarla como un consorcio de vida y amor, como una relación basada en la aceptación y en la entrega mutua y recíproca. Hemos renunciado a la concepción de la vida como una oportunidad para servir a los demás, empezando por aquéllos a los que tenemos más cerca, para pasar a considerarla como un medio para servirnos de los demás en función de nuestros propios intereses. Hemos reducido la familia a una cuestión privada sin relevancia pública, olvidando su carácter nuclear para la sociedad.

La lucha contra la violencia en la familia exige el apoyo a la familia, la revalorización del matrimonio, la promoción de la paternidad y de la maternidad. Y, junto con ello, una sociedad en la que lo importante no sean las estadísticas, sino cada persona.

Grupo AREÓPAGO

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