Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Combatir la soledad

Acaba de conocerse la noticia de que la Primera Ministra del Reino Unido, Theresa May, ha encargado a uno de sus ministerios la elaboración de un Plan Interministerial que tendrá como objetivo “combatir la soledad”.

Diferentes informes en el país ponen de manifiesto que alrededor de 200.000 ancianos no han hablado con un amigo o con un pariente en más de un mes. A ellos se suman una importante cantidad de personas que poseen algún tipo de discapacidad y viven sin compañía.

Más allá del efecto demagógico y mediático que se busca con esta iniciativa en un contexto de crisis gubernamental -la misma fue propuesta en su momento por una joven diputada del partido de la oposición que fue asesinada en 2016 justo unos días antes de la celebración del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea-, impresiona el saber que existen tantas personas en un país desarrollado que viven en soledad. En una sociedad avanzada donde existen todos los medios de comunicación que el hombre ha podido soñar, hay personas que viven alejadas de sus familias, no integradas en su comunidad, sin vivir lo que significa la auténtica vecindad.

Seguramente no pocos pensarán que todo ello es la consecuencia de una mentalidad muy alejada de la nuestra, llamada informalmente mediterránea, donde la familia es una de las instituciones más valoradas en torno a la cual giran las vidas de las personas. Sin embargo, si pensamos en los datos que nos ofrecen las estadísticas referidas a España, podemos aventurar que en un futuro a corto plazo, estaremos viviendo una situación muy similar: la reducción de uniones estables, el aumento imparable del número de divorcios, la disminución de la natalidad, la práctica imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar son elementos que apuntan a ello.

Quizás aún estamos a tiempo de rectificar. ¿Por qué no optar por políticas públicas que fomenten la unidad de la familia? ¿Por qué no valorar la aprobación de planes de aumento de la natalidad? ¿Por qué no legislar en materia de horarios laborales y de trabajo a distancia para permitir a los matrimonios tener más hijos si así lo desean y poder atender a nuestros mayores?

Si no queremos vernos en la tesitura de tener que aprobar ministerios de la soledad, quizás deberíamos empezar de forma urgente por poner en práctica planes para promover la natalidad, fortalecer el matrimonio y la familia, recuperar el concepto de vecindad y, en definitiva, hacer verdadera comunidad.

GRUPO AREÓPAGO

Hace más de un mes del Brexit…el bien común

brexit

El pasado 23 de junio los ciudadanos del Reino Unido, por una ligera mayoría, votaron a favor de que su país abandone la Unión Europea. La pregunta era clara: “¿Debe el Reino Unido seguir siendo miembro de la Unión Europea o debe dejar la Unión Europea?”. Con una participación ciertamente relevante (más de un 70%), un 51,9 % de las personas que votaron optaron por la segunda de las respuestas.

Ciertamente, un referéndum no sirve para medir mucho más que el porcentaje de voto con relación a una pregunta que, en ningún caso, es suficiente para expresar todas las implicaciones que tiene la respuesta a la misma, sea cual sea ésta. Para ello, en teoría, está la campaña previa, donde los diferentes partidos políticos y, en general, los propios ciudadanos, pueden expresar sus argumentos para convencer al cuerpo electoral en uno u otro sentido. Es aquí donde hemos de centrar la atención.

Transcurrido más de un mes desde la celebración del referéndum, más allá de que son muchas aún las incertidumbres, tenemos algunas certezas: la decisión de convocar el referéndum respondía a intereses políticos partidistas de carácter coyuntural; los partidarios de la salida de la Unión Europea han reconocido que muchos de sus argumentos eran falsos; quienes lideraron las respectivas campañas por el Brexit y por el Bremain no están ya en la escena política, incluyendo al Primer Ministro que, apenas un año antes, había sido reelegido por mayoría absoluta, con lo no corresponderá a ellos hacer valer sus posicionamientos; no existe un camino pautado para llevar adelante el proceso, en esencia porque se discute la constitucionalidad del referéndum –que, de hecho, ha sido impugnado–, se debate sobre la necesidad de que el Parlamento dé el visto bueno al Gobierno para plantear formalmente la retirada y no se sabe cómo acabarán las negociaciones para la formalización de la misma, pues el famoso artículo 50 del Tratado de la Unión Europea simplemente contiene disposiciones generales.

La lección es evidente: sólo la búsqueda del bien común, fundada en la verdad, es capaz de lograr el auténtico desarrollo y progreso de los pueblos. Todo lo demás conduce al fracaso, al retroceso y al debilitamiento de la comunidad. Confiemos que, al menos, la hayamos aprendido.

Grupo AREÓPAGO

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