Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Tag: Papa Francisco

El mundo se derrite

iceberg

“Nueva ola de calor”. “Se desprende de la Antártida un enorme iceberg”. “Una fuerte tromba de agua causa nuevas inundaciones en la capital”. “Alerta por fuertes lluvias y tormentas esta semana”. “El temporal continua azotando”. Son titulares de noticias que estamos leyendo cada día y que demuestran que el calentamiento climático es una realidad. Las fuertes tormentas que llegan sin compasión alguna, las olas de calor insufribles o que se desprenda parte de la Antártida confirman algo evidente: el cambio climático está aquí y no se va a ir. Es obvio que está afectando a nuestra vida diaria. Nuestra vida  la de todos los seres vivos pende del cambio climático.

Según la página web de Acción por el Clima de la Comisión Europea la actividad humana es una de las causas principales del aumento de la temperatura mundial y, en consecuencia, del calentamiento global. ¿Tenemos, por lo tanto, responsabilidad? Sí.  Toda.

El cuidado del medio ambiente está siendo desde hace unos años una preocupación del hombre, con la búsqueda de soluciones y de acuerdos entre países. A nivel político preocupa y mucho; así se puso de manifiesto en  la última llamada a la implementación del Acuerdo de París del G20.

Y a nosotros, ¿no nos preocupa? ¿Cómo podemos cuidar de la naturaleza? ¿Cómo podemos proteger el medio ambiente? ¿Cuál es la responsabilidad del hombre ante el impacto ambiental? Son preguntas que están en el aire y que tienen respuesta. Tenemos una obligación y una responsabilidad: tomar conciencia de la importancia de respetar la naturaleza, transformando nuestros hábitos y nuestra vida cotidiana, educándonos en la preservación del medio ambiente.

Ya el Papa Francisco en el año 2015 publicó la Encíclica Laudato si, dedicada al medio ambiente y a la casa común. Una Encíclica en la que, entre otras cuestiones, hacía un llamamiento a la acción ante las catástrofes medioambientales provocadas por el calentamiento global y al desarrollo de políticas internacionales que actúen ante los desastres.

Nosotros también somos responsables y culpables del deterioro del medio ambiente. No podemos mirar a otro lado.  No podemos esperar más tiempo. Urge actuar y cuidar el planeta. Está en nuestras manos –no en las de nadie más– dejar un buen planeta a nuestros sucesores. Urge empezar ya, dando un pequeño paso; un pequeño paso que será grande si nos unimos todos.

GRUPO AREÓPAGO

Firma invitada: Un juez, convertido en testigo, entre el Papa Francisco y las mujeres separadas por Don José Antonio Martínez, vicario judicial de la Archidiócesis de Toledo

Jesucristo, juez misericordioso, es el título del Motu proprio que el Papa Francisco aprobó en el año 2015 y entró en vigor en el día de la Inmaculada de ese mismo año. Jesucristo, el Buen Pastor, que guía a su rebaño con desvelo, misericordia y con amor, nos ha entregado su Espíritu Santo para que, en su nombre, también nosotros seamos espejo de su caridad pastoral, misericordiosos con los más pobres, acercándonos al sufrimiento de tantas personas, como aquel samaritano que se acercó al malherido en el camino de Jericó. Ese Espíritu Santo ha sido derramado en los Apóstoles y en sus sucesores. Especialmente está presente con su acción misteriosa en los pastores de la Iglesia y, como no, en el que hoy es sucesor de Pedro, el Papa Francisco.

El lunes 26 de junio, por esos misterios que tiene la Providencia, el Papa Francisco invitó a un grupo de mujeres separadas y divorciadas, que forman parte del Grupo de Santa Teresa de Toledo, a tener un encuentro privado en su casa, en Roma. Por la relación estrecha en trabajo pastoral entre la Delegación de Familia y Vida y la Vicaría Judicial, fui invitado a acompañar a este grupo teniendo  la oportunidad de poder exponerle al Santo Padre el trabajo que estamos haciendo conjuntamente.

Así fue: al tiempo que le agradecíamos al Santo Padre su amabilidad para con nosotros, su magisterio tan acertado y lleno de caridad pastoral hacia las familias, le expuse brevemente el camino que hemos recorrido estos años. Una primera parte fue mostrar el trabajo previo que algunos sacerdotes preparados específicamente para ello hacen acogiendo a las personas que solicitan iniciar el proceso de declaración  de nulidad de su matrimonio, a lo que se suma la ayuda inestimable de la Delegación de Familia, los COF´s, y grupos como éste de Santa Teresa. Después hablamos del seguimiento que hacemos durante el proceso y, por último, en concordancia con la pastoral judicial expuesta en el Magisterio pontificio, el período de acompañamiento posterior a la sentencia. Le conté al Santo Padre que, una vez declarado nulo el matrimonio, le hacíamos entrega personal de la sentencia a los cónyuges, explicándoles las razones por los que se llega a la parte dispositiva o resolución judicial; al tiempo que se les ofrecía el amplio programa de actividades pastorales que la Archidiócesis de Toledo lleva a cabo con los matrimonios y las familias, animándoles a integrarse en los grupos parroquiales familiares; y, en los casos en los que los esposos tengan impuesto  un veto y tienen intención de contraer nuevas nupcias, también les proponemos participar en un curso prematrimonial específico, acompañados por un matrimonio y un asesor psicológico que les acoge y les hace profundizar en determinados temas con miras al nuevo matrimonio.

El Santo Padre se interesó mucho por ello, comentó algunas anécdotas acerca del Motu proprio, así como del proceso breve ante el Obispo, confesando que él mismo había firmado el primero en la Diócesis de Roma, de la que él es su Obispo, claro está. También comentó la necesidad de preparar ministros para el Tribunal, a lo que D. Braulio le comentó que en Toledo llevamos tres años haciendo un curso para expertos en derecho matrimonial canónico al que asisten abogados y psicólogos.

Considero que este encuentro significa mucho para el rumbo que actualmente tiene y debe proseguir nuestra Vicaría Judicial. El ministerio de la justicia, que brota de la tria munera que el Obispo diocesano tiene por su consagración episcopal, no es simplemente el ejercicio y la puesta en práctica de los cánones del Código de Derecho Canónico y en la legislación posterior, sino que, del mismo Código y del espíritu del supremo legislador, brota el talante y la caridad pastoral con la que el Obispo, juez y médico, debe tratar estos asuntos –tan delicados y dolorosos la mayoría de las veces-,  así como los ministros que en su nombre ejercen la justicia en los tribunales eclesiásticos. El ministerio de la justicia no está desligado de la caridad pastoral; estamos hablando de una auténtica pastoral judicial, y así se deduce y asegura por las mismas palabras del Papa Francisco en sus comentarios durante nuestra visita.

Además, el Papa Francisco, aludiendo a la Exhortación apostólica Amoris Laetitia, subrayó los cuatro principios que deben regir el trato pastoral a los  matrimonios en dificultad: acoger, acompañar, discernir e integrar. Nuestra Vicaría Judicial, a través de los sacerdotes y abogados que se han preparado para ello, ofrece este ministerio de acogida y de escucha a aquellas personas que desean poner en manos de la Iglesia su matrimonio con el fin de buscar la verdad acerca de su sacramento. Hoy podemos decir que estos sacerdotes se encuentran en las Vicarías territoriales y acogen  a todos aquellos que piden información y exponen su situación matrimonial, dedicándoles muchas las horas con detenimiento y paciencia. Al tiempo, esto está suponiendo un empeño ineludible en el acompañamiento de los que inician el proceso, especialmente a través de los letrados y peritos psicólogos, los cuales son muy conscientes de la responsabilidad eclesial que asumen cuando intervienen en el proceso de declaración de nulidad matrimonial. La etapa propiamente judicial que culmina en la sentencia -positiva o negativa-, supone un discernimiento responsable para todos los ministros del tribunal, así como una sana tensión para los que, desde la pastoral matrimonial, acompañan a los esposos, les alienta y les ofrecen los grupos en los que pueden integrar sus dificultades y sus debilidades, suponiendo un verdadero ministerio de sanación donde encuentran el rostro maternal de la Iglesia.

No se me escapa que desde esta perspectiva la acción pastoral que la Vicaría Judicial puede ejercer no se circunscribe exclusivamente al ámbito procesal, sino que el horizonte se amplía a todos aquellos ámbitos eclesiales donde se pueden encontrar el dolor de la ruptura matrimonial, ofreciendo así un instrumento para llegar a la sanación y a la curación, haciendo siempre prevalecer la verdad y la justicia, atemperada con la misericordia.

Concluyendo: el campo que desde el Magisterio pontificio se nos abre en este sector particular de los matrimonios en dificultad y de la repercusión que esto tiene en el resto de la familia (hijos, padres, abuelos, hermanos, etc.), es amplísimo; la mies abundante y necesitamos obreros para trabajar en esta parcela del Pueblo de Dios. Es entusiasmante, pero duro y urgente. La recompensa: el Señor es buen pagador,… algo ya nos ha llegado: el abrazo del Papa Francisco, sus palabras, su cariño y su aliento.

 

¡¡¡Gracias, Santidad!!

Don José Antonio Martínez García

Vicario Judicial de la Archidiócesis de Toledo

Grupo Papa y Mujeres Separadas

Basureros humanos

Sin entrar en el debate, de si estamos en una época de grandes cambios o en un cambio de época, lo cierto es que los grandes principios que propiciaron lo que se ha dado en llamar la modernidad se han ido extinguiendo en la época contemporánea. La libertad, que logró a base de muchos esfuerzos su implantación política durante el siglo XIX ha quedado reducida a una muy exigua y placentera libertad individual condicionada; la igualdad, se fue deshilachando en el camino absorbida por un capitalismo salvaje y desencarnado; y la fraternidad, ¡pobrecilla!, ni siquiera pudo gozar de su nacimiento; sus raíces cristianas y el principio de “solo razón”, la dejaron sin fundamento.

El sociólogo y escritor-ensayista fallecido hace unos días Z. Bauman, en una de sus últimas obras “la postmodernidad y sus descontentos”, reflexiona sobre una de sus principales tesis sociológicas: el interés por la pureza y su correspondiente obsesión por la lucha contra la suciedad, ideal de todas las culturas, tiene una relación muy directa con el orden establecido. Y desde los principios que determinan este orden en cada época y cultura se verifica la categoría de “extraño”, y como consecuencia, su catalogación como “suciedad” que hay que limpiar.

En estos últimos tiempos nuestra sociedad está profundamente horrorizada por los excesos de “pureza” y los procedimientos de “limpieza” que el nuevo presidente del país más rico del mundo quiere aplicar desde su concepción personalista del orden. Pero la hipocresía de  nuestra sociedad occidentales incapaz de percibir cómo desde el nuevo orden mundial que establece la cultura y sociedad de consumo, cuyo principal criterio de pureza es la búsqueda de la felicidad individual desde el placer inmediato, caiga quien caiga, está produciendo muchas “impurezas” que se  eliminan por ser defectuosas desde esos criterios de orden.

Los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables, los que no tienen voz; sin olvidar los pasos vertiginosos que se están dando ya en algunos países para la legalización de la eutanasia, son productos defectuosos que entorpecen y, por consiguiente, constituyen las “nuevas impurezas” que nuestro orden social actual impuesto por el dios dinero desecha a sus basureros.

El Papa Francisco llama a esto la cultura del descarte. Es la cultura que no prioriza como criterio fundamental del orden social el principio fundamental de la dignidad del hombre.

Grupo AREÓPAGO

Coprofilia informativa

El genio literario de Pablo Neruda nos ha dejado esta preciosa  perla: “Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan…Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció…”

Sí…,todo está en la palabra. Es el cimiento de la cultura y del sentido de la vida. Define a la persona y a los colectivos. Por medio de ella se desarrolla el pensamiento, se expresan los sentimientos y el ser humano crece en su dimensión  comunicativa y social. Con ella se plasma la literatura, la poesía y el lirismo; cobra sentido la metáfora; y hace posible el diálogo…

Una de las muchas paradojas en que está sumida ésta nuestra llamada sociedad de la información y del conocimiento es que la palabra, su principal protagonista, camina a través de ella desacreditada, tal vez enferma. Una simple mirada a los medios de comunicación y a las redes sociales; un breve recorrido por las innumerables tertulias que pululan en el medio audiovisual, por los discursos de los políticos, o sus programas electorales…; en fin, un sencillo paseo por la cotidianidad del chateo y el whatsapp, nos advierten de los muchos síntomas que translucen su enfermedad: sobresaturación, ruidos, simplicidad, desinformación, impostura e incoherencia, o simplemente pérdida de significado.

Cuando a través de los medios de comunicación y las redes sociales se calumnia, se divulgan rumores como si fuesen certezas; cuando se pretende más ensuciar que informar, la palabra sale maltratada porque ha abandonado su función originaria de educar, formar y socializar. El genio profético del Papa Francisco nos ha advertido últimamente de la maldad de la “coprofilia informativa”, que es  consecuencia lógica de la tendencia social a la “coprofagia”. Cuando este mal se generaliza también la sociedad se contamina y enferma.

Urge recuperar el valor de la palabra como compromiso y promesa, reconocer su importancia, reconducir su coherencia. Y es tarea prioritaria aplaudir a personas y medios públicos y privados que buscan la verdad objetiva, que procuran discernir porque las personas y las cosas tienen sus derechos, que ejercen su labor crítica sin herir….En definitiva, a todo aquello que promueve lo profundamente humano.

 

Grupo AREÓPAGO

El sueño de Europa

europa

En el lenguaje y  pensamiento social, ideología y utopía son dos términos que expresan constructos sociopolíticos frecuentemente contrapuestos, y muy presentes en el debate político desde la ambigüedad que les caracteriza. Sin entrar en valoraciones y prescindiendo de las múltiples patologías derivadas de su aplicación práctica, hoy se puede afirmar, que las dos son necesarias y muchas veces complementarias. La ideología, como producto social capaz de crear identidad, y fundamental para la convivencia desde la triple función que se le asigna, integrar, legitimar y estabilizar. Y la utopía como impulsora de la ideología cuando esta se anquilosa y momifica haciendo enfermar el tejido social.

Desde estas perspectivas podemos asegurar que la Europa actual vive en una situación de encrucijada. Aquel proyecto europeo de “solidaridad de hecho” con el que soñaron sus  padres (Declaración Schuman 1950) ha desaparecido de su memoria histórica. La peor muestra de su ideología (la Europa de los mercaderes) se ha significado con toda su crudeza en el asunto de los refugiados. Y es desde esta encrucijada desde donde el Papa Francisco, en su discurso al recibir el Premio Carlomagno, se ha permitido soñar: “Sueño una Europa de la cual no se pueda decir que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía”.

Europa, en su recorrido histórico de los últimos tiempos, ha ido soltando por el camino importantes dimensiones de su proyecto originario: sus raíces cristianas, su cultura humanista; el equilibrio entre el norte rico y el sur que languidece, entre zonas rurales subdesarrolladas y zonas superpobladas e industrializadas, entre lo que desean acoger la inmigración y entre los que la rechazan…

Ante esta “Europa anciana” que ha vendido su alma a la ideología del dinero y de la eficacia, y delante de sus gobernantes, el Papa ha planteado sus sueños. Sueños con la mirada puesta en los que vienen en busca de acogida, para que el ser emigrante no sea un delito; en los enfermos y ancianos para que no sean objetos de descarte; en los jóvenes para que puedan respirar el aire limpio de la honestidad;a favor de políticas familiares centradas más en los rostros que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes…En fin, sueños cargados de esperanza para “ayudar al renacer de una Europa cansada, pero todavía rica de energías y de potencialidades”.

Grupo Areópago

La belleza del amor

amor

A. Marina en su “Diccionario de los sentimientos” hace una disección psicolingüística e histórica, rica y atrevida, de los sentimientos. En uno de sus capítulos señala que “el amor es el arquetipo sentimental por antonomasia”, pero asegura que “es ante todo un lío”, por las “ideas contradictorias” que los humanos parecemos tener sobre él. Seguramente no le falta razón. Hoy día la palabra amor y las expresiones que genera en el lenguaje cotidiano se ha trivializado, manoseado, degradado o cubierto de tan falsos pudores, que es muy difícil reconocerlo en su auténtico sentido, en su valor y profundidad humana. En esta postmodernidad líquida en que estamos sumidos es muy frecuente confundir amor con amoríos y juego, autoestima con egoísmo encubierto, o respeto con indiferencia.

Tal vez, por eso, y seguramente por mucho más, el Papa Francisco en su exhortación “Amoris laetitia” ha querido dotarlo de todo el sentido de plenitud humana y divina que atesora y lo ha valorizado y embellecido hasta el extremo de convertirlo en la idea central del documento. El mismo lo señala en su introducción.

Mucho se ha hablado sobre la familia y las familias, tanto en ámbitos eclesiales como civiles, desde que el Papa convocó los respectivos Sínodos para reflexionar sobre ella. El ruido mediático se ha esforzado en convertir cuestiones accidentales en esenciales y acentuar lo que es átono, desenfocando su problemática según intereses particulares. Sin duda, son muchos e importantes los problemas que afectan hoy a la familia, primera estructura social de acogida, “lugar primario de humanización de la persona y la sociedad”. Pero los que más inciden y propician la crisis que la afecta son todos aquellos que la desestructuran  como “comunidad de amor”, propiciada por lo que algunos llaman “cultura del yo” o de “vivencias”.

De ahí, que la llamada del Papa Francisco a “La alegría del amor”, como tarea permanente para las familias, sea también una llamada de atención a una sociedad donde la obsesión por el disfrute inmediato de la intimidad y la búsqueda sin freno de vivencias y placeres se han convertido en valores sociales dominantes  que, a largo plazo, sólo producen insatisfacción e infelicidad. “El amor amable genera vínculos, cultiva lazos, crea nuevas redes de integración, construye una trama social firme”, son palabras que reafirman el profundo significado de una palabra tan degradada.

Luciano Soto

Grupo Areópago

La Fe como bien común

fe

 
El principal partido de la oposición acaba de hacer pública su propuesta de reforma de la Constitución Española, bajo el título “Por un nuevo pacto de convivencia”. Sobre la base de la necesidad de implicar a las nuevas generaciones en la definición del pacto y de adecuar el texto a las transformaciones experimentadas por nuestra sociedad desde 1978, en ella se contienen diferentes propuestas sobre temas muy variados: organización territorial del Estado, derechos sociales, calidad democrática o relaciones exteriores. En el epígrafe relativo a derechos y libertades, plantea consolidar el principio de laicidad, incluyendo el sometimiento de los representantes públicos al principio de neutralidad religiosa en sus actuaciones. En declaraciones a los medios, desde distintos ámbitos, se ha concretado esta línea de reforma en la eliminación de la mención en nuestro texto constitucional a la Iglesia Católica, la supresión de la religión en la escuela o la prohibición de símbolos religiosos en los espacios públicos.

A nivel individual, la libertad de pensamiento, conciencia y religión conlleva no sólo el derecho a adoptar las creencias que uno considere más adecuadas, sino también la facultad de manifestarlas públicamente. A nivel colectivo, nuestro modelo de civilización se explica en gran parte por el papel que ha jugado a lo largo de la Historia la religión cristiana. Una sociedad como la española no se entiende sin ese componente religioso –que sigue presente y muy vivo en manifestaciones culturales e ideológicas, pero también en expresiones públicas de la fe–. Prescindir de todo ello es, sencillamente, excluir a una parte relevante de españoles del nuevo pacto de convivencia que se pretende forjar. Y, peor aún, implica dejar de lado una forma de entender el ser humano y el mundo que puede ayudar eficazmente a la resolución de los problemas que se nos plantean como comunidad.

La laicidad no consiste en la reducción de la fe al ámbito de lo privado; implica ser verdaderamente neutral ante la religión, permitiendo que ésta tenga su espacio cuando los individuos así lo quieren, personal y comunitariamente. La separación Iglesia-Estado no se rompe únicamente cuando desde el Estado unas determinadas creencias son colectivizadas por imposición, sino también cuando desde el Estado se excluye toda libertad de manifestar públicamente la fe y de tratar de influir, desde el diálogo y el debate, en la toma de decisiones públicas.

Como señala el Papa Francisco en Lumen Fidei, la fe es luz y, como tal, ilumina la vida en sociedad. Definitivamente, la fe es un bien común.

Grupo Areópago

 

Dorothy Day

dorothy day

El Papa Francisco en su reciente viaje a Estados Unidos motivó su histórico discurso al Congreso desde la referencia a cuatro ciudadanos que “con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo”. Entre ellos se encontraba Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Dijo el Papa: “Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.”

Tal vez a muchos nos haya llamado la atención esta mención específica del Papa para una mujer, que es seguramente una gran desconocida en nuestros ambientes. No extraña nada, sin embargo, el recuerdo como memoria hermenéutica para la realidad actual que la dedica el Papa, conociendo su sensibilidad por lo social y sus signos y  mensajes a favor de la dignidad del hombre y la defensa de los más desfavorecidos.

Dorothy Day, después de una profunda crisis personal en su juventud, descubre y experimenta su vocación y pasión por la causa de los pobres en un mundo injusto y desigual, y lo traduce en compromiso social y político. Y es ahí, en el compromiso sociopolítico, donde se encuentra con Dios. Nos dejó esta sabrosa perla: “Una de las experiencias más desconcertantes de la vida espiritual es que Dios te toma la palabra”.

Pese a que la fe religiosa era considerada en sus ambientes activistas como “opio del pueblo”, ella nunca ocultó desde su conversión que el Evangelio era Buena Noticia para los pobres. No es lo mismo defender a las personas marginadas desde lejos que compartir con ellas su vida y su dolor. La institución que fundó, Catholic Worker, fue y sigue siendo casa de misericordia  para muchas personas marginadas. Su atención asistencial no la lleva, sin embargo, a renunciar a su compromiso sociopolítico para cambiar las estructuras económicas injustas; y siempre, desde un pacifismo radical. Rechazó la religiosidad individualista y se identificó con una Fe profética que no pacta con el poder.

Mujer de convicciones recias que no se dejó atrapar por el feminismo radical que se iba imponiendo, defendió el rol maternal de la mujer al mismo tiempo que su dignidad y su igualdad, y se escandalizó de la llamada “revolución sexual” que en aquellos tiempos comenzaba a difundirse por los ambientes juveniles.

Dorothy Day es todo un signo referencial de presencia cristiana-católica sociopolítica en el mundo actual.

Grupo Areópago

 

Todas las criaturas, grandes y pequeñas

laudato si

“Todas las cosas brillantes y hermosas / todas las criaturas, grandes y pequeñas, / todas las cosas sabias y maravillosas / todas las hizo el Señor nuestro Dios”, reza el poema de Cecil Frances Alexander.

Esta concepción de la naturaleza como “creación”, como totalidad conectada donde cada criatura tiene un valor y un significado dentro de un proyecto querido por Dios, ha sido sustituida en la actualidad por una concepción del mundo fragmentaria y aislada que, como nos recuerda el Papa Francisco en su reciente encíclica, desemboca en una grave forma de ignorancia, en una cultura corrompida, en una patología cada vez más extendida que genera una “inequidad planetaria”, un sistema mundial insostenible desde el punto de vista ambiental y social.

La carta encíclica “Laudato si” nos invita a todos y cada uno, creyentes y no creyentes, a reconocer que “todo está conectado”. Que es preciso recuperar la actitud de contemplación ante nuestro mundo, descubrir las verdades y los principios conforme a los cuales debe regirse nuestra relación con los demás y con nuestra casa común.

Todos somos llamados a ponernos ante el espejo y preguntarnos por nuestra coherencia a la hora de reconocer y aplicar los valores que garantizan una verdadera ecología integral y humana. Quizá seamos de los que reciclamos una botella de vidrio, pero abandonamos a nuestros familiares ancianos. O de los que defienden un embrión de águila imperial, pero no un embrión humano. Como afirma el Papa, difícilmente se acogerá a los seres débiles que nos rodean, que a veces son molestos e inoportunos, si no protegemos a un embrión humano aunque su llegada sea causa de molestias y dificultades. O tal vez seamos de aquellos que sí defienden el valor del embrión humano, pero maltratan la naturaleza con un consumo desmesurado e irresponsable.

Urge desterrar la lógica de “usar y tirar” que está degradando nuestro ecosistema. Esa lógica que está detrás, de una u otra manera, tanto de la extinción irresponsable de tantas especies y de la sobreexplotación de recursos naturales, como de la compra de órganos a los pobres para comerciar con ellos o de la eliminación de niños porque no responden al deseo de sus padres.

Escuchemos el grito de la creación y actuemos ahora. A favor de favor de todas las criaturas, especialmente de las más pequeñas y frágiles. Está en juego la dignidad del ser humano.

Grupo AREÓPAGO

 

“Laudato Si”: Problemática ambiental y justicia social

laudato si

No es de hoy la preocupación de la Iglesia Católica por la degradación ambiental que está sufriendo nuestro planeta en los últimos tiempos. Pablo VI en el año 1972,  en su famoso discurso en la Conferencia de las Naciones Unidas en Estocolmo  sobre medio ambiente, señalaba la íntima relación que debe existir entre progreso y naturaleza. En dicho discurso advertía ya de la necesidad de un cambio de mentalidad en relación con el desarrollo técnico indiscriminado que ya se vislumbraba en aquellos momentos.

Desde dicha Conferencia hasta la Nueva Cumbre de la Tierra en 2012 pasando por el Protocolo de Kioto y la Cumbre del Milenio, entre otros encuentros de la comunidad internacional, se está desarrollando como “conciencia ecológica” una gran sensibilidad por las cuestiones ambientales. La Iglesia Católica mediante su enseñanza social contenida en las Encíclicas de los últimos Papas ha colaborado decididamente a la formación de esta “conciencia ecológica” advirtiendo que es necesario un cambio en el paradigma de desarrollo para que sea racionalmente sostenible y llegue a todas las personas.

La promulgación de la Encíclica del Papa Francisco“Laudato Si” que tanto impacto ha producido en todos los ámbitos de la sociedad mundial, es un nuevo aldabonazo a las conciencias. La propuesta del Papa de una ecología humanista inspirada en la cosmovisión cristiana de la vida es una de las aportaciones más importantes que se han hecho a todas esas iniciativas que hemos mencionado en relación con la protección de la naturaleza. Pero además, desde unas perspectivas bastante diferentes. Para el Papa, la crisis ecológica actual es esencialmente una crisis moral, generada por las agresiones de la acción humana al amparo de un desarrollo económico basado en la especulación y el dinero.

El ser humano, alimentado por la autosuficiencia tecnológica, ha perdido la conciencia de sus límites como creatura. “Hoy –dice el Papa- no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteamiento ecológico se convierte siempre en una planteamiento social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.

El cántico de las criaturas compuesto por San Francisco de Asís en 1224 es el marco poético, espiritual e ideal de la Encíclica que da sentido a toda la problemática ecológica actual.

Grupo AREÓPAGO

© 2017 Areópago Diálogo

Theme by Anders NorenUp ↑