Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Tag: maternidad

Sentido común

El pasado fin de semana ha sido planteada formalmente una hipótesis sociológica muy interesante. La confirmación se ha producido en un contexto insospechado: la reunión de un partido político para designar a su presidente. Efectivamente, el candidato elegido por los compromisarios, en su discurso inicial, propuso como una de sus líneas de actuación “un compromiso con las políticas de familia, de natalidad, de incentivo a la conciliación, de interés contra la despoblación que sufren muchas de nuestras Comunidades Autónomas y de nuestras provincias”. La reacción no se ha hecho esperar. Desde el resto de formaciones el conjunto del mensaje ha sido interpretado como “giro a la derecha”, “derechización” o “vuelta de la extrema derecha”.

 

Ello ha conducido rápidamente a un grupo de sociólogos a abrir una investigación de alto nivel. Se ha tomado como referencia un país, España, con el índice de natalidad más bajo de la Unión Europea, donde los estudios demográficos ponen de manifiesto que no está garantizado el relevo generacional y, por tanto, tampoco la posibilidad de mantener el Estado de Bienestar. Como campo de pruebas se han seleccionado algunas de las iniciativas normativas y de las políticas públicas recientemente adoptadas. En primer lugar, la Proposición de Ley sobre la Eutanasia, presentada por el partido de Gobierno y admitida a trámite con el apoyo de los restantes partidos que se autoproclaman de izquierdas, con la que se pretende introducir en el ordenamiento jurídico el libre derecho a elegir la propia muerte. En segundo lugar, la crítica desde estos mismos sectores al modelo de familia por ellos denominado despectivamente “tradicional” —basado en la unión de hombre y mujer abierta a la vida—, y la propuesta como alternativa de un conjunto de políticas públicas basadas en la ausencia de apoyos a las familias numerosas, en el fomento de las familias monoparentales y en la consideración como familia de las uniones civiles entre personas del mismo sexo. En tercer lugar, la consolidación de Ley, aprobada hace algunos años,  que permite el aborto libre basado en la decisión de la madre sin la existencia de alternativas ni ayudas públicas para aquéllas mujeres que se plantean la posibilidad de continuar con un embarazo no deseado. Por último, y a pesar de que los partidos del entorno de la izquierda se califican a sí mismos como “partidos de los trabajadores”, la inexistencia de políticas reales de conciliación de la vida familiar y laboral y la ausencia de reflexión alguna sobre la llamada “brecha de maternidad” que sufren las mujeres que optan por ser madres y, por ello, ven perjudicadas sus opciones de promoción profesional.

 

Tales hechos, entre otros, son la base sobre la que estos sociólogos han formulado la siguiente hipótesis: ¿El sentido común está a la derecha? Confían en ofrecer resultados provisionales en los próximos meses.

 

 

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Crisis demográfica

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Ha sido una coincidencia que nos puede ayudar a abrir los ojos: el mismo día en que el Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de la situación demográfica en España (el número de nacimientos en 2017, ha sido el más bajo desde 1996 y el de defunciones el más alto desde 1976) el Partido Socialista anunciaba la presentación al Congreso de la Ley de Eutanasia.

Como todos sabemos, la crisis demográfica va a tener como destino final, un país envejecido, con muy poca población joven. Las consecuencias de este tipo de pirámide de población son de todos conocidas y no hace falta abundar en ellas. Pero como en casi toda circunstancia desfavorable, una vez hecho el diagnóstico, es posible aplicar la medicina apropiada para revertir la situación.

Se pueden poner en marcha políticas que favorezcan la maternidad. Recientemente ha saltado a la palestra el ejemplo de Hungría, un país donde alarmados por la tasa de natalidad (1,4 hijos por mujer. En España el dato desciende a 1,3 hijos por mujer) han implementado medidas que verdaderamente están teniendo éxito y que son un firme apoyo para que los nacimientos se incrementen y se proteja y defienda a la familia y para que éstas puedan tener menos trabas para acoger a los hijos sin tener que verse sometidos a tantas presiones, obstáculos y dificultades.

Entre las medidas destacan la de destinar el 3,6% del PIB en ayudas a las familias y a la natalidad. Otra de ellas consiste en incrementar las ayudas a partir del segundo hijo, con el objetivo, de animar a las familias a tener más hijos a partir del segundo. También habrá reducciones fiscales: una rebaja por familia de 33 euros al mes por un hijo, 82 euros al mes por dos hijos, 322 euros por tres hijos y 430 euros mensuales por cuatro hijos.

Cuando escuchamos que una de las primeras medidas del nuevo gobierno, ha sido cambiar la denominación de “Consejo de Ministros”, por “Consejo de Ministros y Ministras” y de fondo, observamos los graves impedimentos que tiene una mujer para poder conciliar su vida familiar y laboral, las escasísimas y vergonzosas ayudas a la maternidad de las que se pueden disponer, sabiendo que esto nos lleva al descalabro social, no se puede por menos que considerar que verdaderamente nuestros políticos no se enteran, o no se quieren enterar de nada.

 

 

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El bien es contagioso

Hace pocas fechas pudimos leer en el periódico: “Muere la mujer que renunció a un tratamiento contra el cáncer para dar a luz a su sexto hijo” (http://www.larazon.es/amp/sociedad/muere-la-mujer-que-renuncio-a-un-tratamiento-contra-el-cancer-para-dar-a-luz-a-su-sexto-hijo-OJ15947669)

Carrie Deklyen, con un cáncer cerebral, decidió libre y voluntariamente proteger la vida de su hijo no nacido, el más vulnerable de todos, negándose a recibir tratamientos teratogénicos, a pesar de que ella moriría.

El instinto maternal prevaleció frente al instinto de supervivencia. Este testimonio nos conduce al asombro ante la grandeza del ser humano y alimenta la esperanza en una humanidad verdaderamente humana.

¿Somos auténticamente libres al satisfacer nuestros deseos aunque perjudiquemos a terceros? ¿El reclamado “derecho a decidir” sobre “mi cuerpo”, justifica dañar a mi propio hijo no nacido, vulnerable entre los vulnerables? ¿Ese “derecho a decidir” me hace libre, me conduce hacia la felicidad?¿O más bien, hacia el vacío, hacia la nada?

El núcleo esencial de la persona radica en amar y ser amado, vivir y dar vida. Esto es propiamente humano, y nos diferencia de otros animales. Nos impulsa a transcender, a salir de nosotros, a no “ensimismarnos”, a salir del “yo-mi-me-conmigo”. Somos seres de encuentro, y esa salida hacia los otros, como ejercicio supremo de nuestra libertad, da sentido verdadero a nuestra vida. Eso es el amor, expresión de la auténtica libertad. Camino necesario para alcanzar una vida plena y una humanidad humanizada.

Carrie ha decidido, en un acto de amor, entregar su vida por completo para dar vida a su hijo. En ese don voluntario ha encontrado la plenitud, la felicidad.

“Vince in bonumalum” (se vence al mal con el bien). La decisión de Carrie no sólo ha salvado la vida de su sexto hijo, sino que puede salvar muchas más, porque el bien es contagioso.

Gracias Carrie.

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El hombre “nuevo” no es natural

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No hace mucho tiempo, el papa emérito Benedicto XVI decía a nuestro papa actual que el gran pecado de nuestro tiempo es el ir contra la verdad de la Creación. Así lo manifiestan constantemente numerosas noticias procedentes de diversos países del mundo a las que ya casi no damos importancia. Sin embargo, deberían sorprendernos, porque nos intentan imponer la Ideología de género y la “Cultura de la muerte”: abundan los casos de la erróneamente llamada “violencia de género”, de la equiparación del también mal llamado “matrimonio homosexual” al matrimonio verdadero, del pretendido “derecho” a la autodeterminación de género, del “derecho” a adoptar por parte de parejas homosexuales, de las posibilidades de la fecundación in vitro para elegir el hijo perfecto,  o de la “compasión” con los enfermos para “acabar con sus vidas”, así como la aprobación de leyes que protegen dichas situaciones. Respecto de estos  y otros muchos titulares, que siempre versan acerca de comportamientos sexuales o relativos a la procreación o el fin de la vida, cuanto mayor es el empeño en justificarlos con argumentos, más queda de manifiesto su incongruencia con la realidad.

Sin embargo, es tal el cúmulo de noticias que bombardean constantemente las mentes y la vorágine de titulares, imágenes y eventos y en la que nos introduce la vida cotidiana que la gente, nosotros mismos, podemos quedar como anestesiados, impertérritos, ante unos mensajes que no solo se oponen al sentido común, sino que intentan imponer como legítimo, verdadero y único un pensamiento que actúa en contra de lo que es natural en su sentido más auténtico y quiere dañar lo que Dios más ama en su creación visible: el hombre, su imagen en la Tierra. Lo que es aún más grave es que en el mundo de la democracia y los derechos, este pensamiento se presenta como “pensamiento único” y, por ello, se ve a la Iglesia o a cualquier institución “tradicional” como enemiga del “nuevo hombre” que se quiere imponer y busca su sitio en la sociedad; o lo que es peor, busca ocupar el único sitio posible desde el que se gobierna y se hace callar y destruir cualquier voz divergente.

Ante este ataque, que tiene detrás al padre de la mentira y homicida desde el principio, debemos confiar en los medios de la Gracia, pero también en nuestros esfuerzos sostenidos por el mismo Dios de aprender a llamar a las cosas por su nombre, de buscar el verdadero valor de las palabras y de intentar educar en la verdad para que haya libertad. Si Dios ha vencido por nosotros en Cristo a través de la Cruz, también sabemos que podremos vencer nosotros, eso sí, pasando por el misterio de la contrariedad y la persecución.

GRUPO AREÓPAGO

¿Decisión verdaderamente libre?

Las Cortes Valencianas han aprobado, el pasado 24 de marzo, la Ley 6/2017, cuyo único artículo tiene por objeto derogar la Ley 6/2009 de protección de la maternidad que se impulsó en una legislatura anterior con la finalidad de ayudar a las mujeres embarazadas en situación de vulnerabilidad económica y social. La justificación de la misma no puede ser más clara: se parte de la premisa de que “desde el poder público no se debería interferir nunca en una decisión que debe corresponder únicamente a la mujer gestante” y se hace desde el “respeto absoluto a las decisiones libres y responsables, así como desde la convicción de que los poderes públicos deben garantizar el apoyo a estas decisiones”.

Cierto es que las leyes, empleadas como instrumentos de propaganda en uno u otro sentido, de poco sirven para cambiar la realidad si no van acompañadas de políticas concretas de aplicación de las mismas y de la dotación económica necesaria. Pero no menos cierto es que partir de la consideración de que la decisión de disponer de la vida de un ser humano es responsabilidad única de la madre supone, en última instancia, abandonarla a su propia suerte.

Una decisión sólo puede ser libremente adoptada si la persona que ha de tomarla lo hace sin presión ni hacia un lado ni hacia otro. Suprimir ayudas, omitir información, prescindir del padre, en definitiva, condenar a la soledad no es precisamente favorecer una decisión libre y responsable.

Un embarazo no deseado puede suponer inicialmente un drama para la madre que, en no pocas ocasiones, se encuentra sola por el rechazo de su pareja, el abandono de su familia o la carencia de recursos o que, incluso, se ve presionada para “poner fin al problema”. Pero, aunque fallen las personas, quien no debería fallar es el Estado, el conjunto de la sociedad, la comunidad en la que se inserta. Es, desgraciadamente, lo que ocurre con iniciativas normativas de esta naturaleza, al sostener que el aborto es una decisión exclusivamente individual e íntima: todos estamos danto la espalda a una mujer que nos necesita y a un niño que quiere nacer.

La mayor parte de nosotros no somos parlamentarios y, por tanto, no tenemos capacidad de elaborar normas. Pero sí elegimos a nuestros representantes políticos y, en consecuencia, este tipo de opciones políticas debería ser debidamente ponderado a la hora de ejercer nuestro derecho al voto. Además, es mucho lo que podemos hacer en lo concreto: iniciativas ciudadanas, como Proyecto Mater, que se dedican a apoyar, de verdad –poniendo nombre y rostro a la mujer que se plantea abortar–, bien merecen nuestra atención, nuestro tiempo y nuestro apoyo económico.

En ausencia de leyes injustas, contribuyamos con nuestros propios medios a construir la auténtica justicia y a trabajar por la verdadera libertad.

Grupo Areópago

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