Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Tag: inmigrantes

El Síndrome de Ulises

Pixabay

Pixabay

Ulises, primer personaje migrante que la historia literaria de ficción nos ha dejado para la posterioridad, en uno de los pasajes de su vida enfrentada a la adversidad lejos de su familia, para protegerse del gigante Polifemo le dice: “preguntas cíclope cómo me llamo… Mi nombre es Nadie, y Nadie me llaman todos”. Este “Nadie” puede ser hoy la metáfora perfecta para significar al hombre migrante: al sin papeles, sin nombre, sin hogar, sin trabajo…

El psiquiatra Joseba Achotegui, de la Universidad de Barcelona, ha utilizado el nombre de este personaje mitológico para describir los males que afectan o pueden afectar a las personas migrantes como consecuencia  de la separación forzada de los miembros de la familia, los peligros del viaje migratorio, el aislamiento social, la sensación de fracaso, la lucha extrema por la supervivencia…

Pues bien, a este “Nadie” es a quien el Papa Francisco dedica su mensaje y reflexión en la Jornada Mundial de la Paz del año que comienza, asociando su vida a la búsqueda de la paz.

El fenómeno de la migración al que se ha unido últimamente el de los refugiados que huyen de la guerra es uno de los desafíos más importantes que tiene nuestra civilización, y representa la manifestación más sangrante de la desigualdad, la injusticia y el empobrecimiento del mundo actual. Considerado por unos como un problema, pues produce incomodidad y llamada de atención para nuestras vidas instaladas en el confort; representa para otros, sin embargo, la clave para medir la estatura democrática de un país.

Nuestra mirada a la emigración se alimenta de imágenes construidas sobre un conjunto de tópicos que dificultan el afrontar con seriedad las verdaderas necesidades que plantea. Desde aquellos que vinculan emigración con delincuencia, hasta la consideración que se tiene de ella como una especie de invasión que deja sin trabajo a los nativos, se configuran una serie de prejuicios que ayudan muy poco a la integración del emigrante. Se obvia, sin embargo  los aspectos positivos y enriquecedores que aportan a la sociedad en la que se integran.

En esta Jornada Mundial de la Paz nuestra reflexión nos ha de llevar a considerar que el emigrar es un derecho fundamental e inalienable de todo hombre, vinculado a la afirmación de su dignidad como persona. Sin que esto signifique que no haya que regular los flujos migratorios. Desde la puesta en valor del principio de hospitalidad para construir la convivencia humana y la paz, el Papa nos propone cuatro “piedras angulares”: acoger, proteger, promover e integrar.

 

GRUPO AREÓPAGO

Basureros humanos

Sin entrar en el debate, de si estamos en una época de grandes cambios o en un cambio de época, lo cierto es que los grandes principios que propiciaron lo que se ha dado en llamar la modernidad se han ido extinguiendo en la época contemporánea. La libertad, que logró a base de muchos esfuerzos su implantación política durante el siglo XIX ha quedado reducida a una muy exigua y placentera libertad individual condicionada; la igualdad, se fue deshilachando en el camino absorbida por un capitalismo salvaje y desencarnado; y la fraternidad, ¡pobrecilla!, ni siquiera pudo gozar de su nacimiento; sus raíces cristianas y el principio de “solo razón”, la dejaron sin fundamento.

El sociólogo y escritor-ensayista fallecido hace unos días Z. Bauman, en una de sus últimas obras “la postmodernidad y sus descontentos”, reflexiona sobre una de sus principales tesis sociológicas: el interés por la pureza y su correspondiente obsesión por la lucha contra la suciedad, ideal de todas las culturas, tiene una relación muy directa con el orden establecido. Y desde los principios que determinan este orden en cada época y cultura se verifica la categoría de “extraño”, y como consecuencia, su catalogación como “suciedad” que hay que limpiar.

En estos últimos tiempos nuestra sociedad está profundamente horrorizada por los excesos de “pureza” y los procedimientos de “limpieza” que el nuevo presidente del país más rico del mundo quiere aplicar desde su concepción personalista del orden. Pero la hipocresía de  nuestra sociedad occidentales incapaz de percibir cómo desde el nuevo orden mundial que establece la cultura y sociedad de consumo, cuyo principal criterio de pureza es la búsqueda de la felicidad individual desde el placer inmediato, caiga quien caiga, está produciendo muchas “impurezas” que se  eliminan por ser defectuosas desde esos criterios de orden.

Los pobres, los inmigrantes, los ancianos, los niños no nacidos, las personas económicamente vulnerables, los que no tienen voz; sin olvidar los pasos vertiginosos que se están dando ya en algunos países para la legalización de la eutanasia, son productos defectuosos que entorpecen y, por consiguiente, constituyen las “nuevas impurezas” que nuestro orden social actual impuesto por el dios dinero desecha a sus basureros.

El Papa Francisco llama a esto la cultura del descarte. Es la cultura que no prioriza como criterio fundamental del orden social el principio fundamental de la dignidad del hombre.

Grupo AREÓPAGO

© 2018 Areópago Diálogo

Theme by Anders NorenUp ↑