Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Vivo con un perro

perro mascota

“¿Cómo hago para saber si puedo confiar en alguien? Si ladra, es confiable al 100%”. Esta frase pertenece a una viñeta del personaje Snoopy y su amigo Charlie. Una frase sencilla que parecía surrealista y cómica se está volviendo ya una realidad. En marzo de 2017 se publicaba un titular “En A Coruña hay ya más perros que niños de entre cero y nueve años“, y de nuevo en marzo de 2018 se divulga la siguiente noticia “Una ciudad de perros: en Madrid hay el doble de canes que de niños menores de 5 años”.

Titulares que demuestran que la sociedad está cambiando; el mundo ya no es lo que era y claro que no lo es; hay más perros que niños pequeños. Son más importantes los perros que los niños. Los animales de compañía están sustituyendo a las personas, y últimamente es una de las alternativas a tener hijos. Los perros dan menos problemas que los hijos, y queremos vivir tranquilos, sin complicaciones. Los hijos generan inconvenientes, gastos, problemas…tantas cosas que si se miran desde el punto de vista egoísta son todas malas.

Es evidente que la gente no quiere vivir sola, necesita compañía pero aunque no quiere cuidar de sus hijos o de sus personas mayores sí prefiere atender a sus mascotas. Es más fácil la convivencia con un perro que con un bebé o con un anciano. Los animales también necesitan atenciones como visitas al veterinario, a la peluquería canina, paseos, comidas, domesticación, etc… pero pese a todos estos cuidados generan menos problemas que una persona. Si se busca sólo la comodidad y el vivir tranquilos, compensa tener un perro.

¿Pero dónde está el problema? ¿Qué está pasando? ¿Por qué es más fácil convivir con una mascota que con otra persona? No se puede dar a las mascotas el lugar más importante de una casa. Una vida humana no se puede sustituir con un animal. El futuro de la sociedad pasa por tener hijos. El problema tiene raíces muy profundas y que ponen de manifiesto que no hay capacidad de tener un hijo porque no se tiene capacidad de amar. No se tiene capacidad de amar porque la sociedad está llena de adultos que no han superado la adolescencia, y no han construido su autoestima. Su capacidad de amar es infantil; sin capacidad de adquirir un compromiso como es la paternidad y por lo tanto no hay compromiso tampoco de amor. Resultado: más perros que hijos.

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Firma invitada: Don Jaime Serrada Sotil. Educar el corazón

jaime serrada

“La reconquista del corazón”. Bien podría ser el título de una película de aventuras, o una historia épica medieval. Pero, en realidad, es la grande y grave tarea que, como educadores, tenemos como misión que se desarrolla día a día. Reconquistar el corazón del joven, del hijo, del alumno, hoy en día, es un reto, es el reto. Es el desafío que hace tambalear muchas veces nuestras convicciones y nuestros propósitos. Y como todo gran desafío, pide un gran esfuerzo. A esta tarea no se le puede hacer frente sin entregarse en cuerpo y alma, en tiempo y dificultad. Todos los que vivimos educando en la era digital tenemos esta experiencia. Experiencia educativa en ocasiones confusa, cansada. Pero, a la vez, gratificante y llena de esperanza. Benedicto XVI puso adjetivo a esta enorme tarea cuando habló de emergencia educativa.

Educar el corazón del educando significa configurar su deseo, su afecto. Para ello hace falta comprender el deseo como realidad educable, que se puede modelar. Así la persona podrá integrar sus deseos y orientarlos hacia el bien verdadero en cada decisión que deba tomar, en cada acción que deba realizar. “El hombre nace incompleto e inadecuado para el acto para el que está hecho. Sólo por medio de la educación, que puede desarrollar en él los gérmenes de las virtudes, puede crecer y adecuarse a la tarea para la cual existe” (Cf. L. Melina, Participar en las virtudes de Cristo, Ediciones Cristiandad, Madrid 2007).

Las virtudes son disposiciones internas, afectos integrados que mueven a la acción excelente. ¿Y cuál es la tarea para la que existimos? El don de sí, la donación de uno mismo a los demás. Por esto, lo que nos estamos jugando al educar la afectividad de la persona es su vida entera, es la posibilidad de que sea capaz de construir una vida grande, una vida plena, que descubra en el amor don de sí la guía de su historia. Educar el corazón, educar el afecto, no es otra cosa que educar en el amor para el amor.

 

Don Jaime Serrada Sotil,

director de proyectos y educador en la Fundación Gift&Task

Anotación: Don Jaime Serrada Sotil es el ponente de la tercera ponencia del  III Curso de “Formación Complementaria sobre sinergias educativas para el momento presente” que tendrá lugar el viernes, 23 de marzo, a las 18.00 horas en el Seminario Mayor de Toledo En esta ocasión. D. Jaime Serrada Sotil disertará sobre la importante tarea de la educación afectiva.

Stephen Hawking: el agujero negro de Dios

Stephen Hawking

Hace una semana nos despertábamos con la noticia del fallecimiento del gran físico británico Stephen Hawking. Gran especialista en astrofísica, brilló por ser uno de los grandes expertos en el estudio de los agujeros negros. Su muerte ha consternado al mundo de la ciencia y múltiples han sido las reacciones desde los distintos ámbitos. Algunos han centrado su atención en las casualidades de las fechas de su vida (fallece el día “pi”, nace el día de la muerte de Newton…) otros en su enfermedad y valiente lucha de superación continua, pero quizás lo más destacado haya sido su posición frente a la existencia o no existencia de Dios.

Para muchos Stephen Hawking ha representado el “golpe definitivo” para proclamar la “muerte” de Dios. Sus postulados científicos, su consideración de la creación espontánea del Universo a partir de la nada, su increencia en la vida después de la muerte suponía para muchos de sus seguidores la demostración científica de la no existencia de Dios. Pero creo sea necesario aclarar un presupuesto epistemológico de gran importancia para no dejarnos llevar por cierta pseudociencia: un buen científico no tiene por qué ser un buen filósofo, o dicho de otro modo, Dios no es objeto de la ciencia al carecer de materia.

Toda reflexión realizada por Stephen Hawking respecto de Dios, aunque era hecha por un científico, era formulada desde un plano filosófico en el cual entremezclaba dos ámbitos que son bien distintos –aunque no sean opuestos-. En sus reflexiones tal separación resultaba inexistente y se entremezclaban continuamente el plano físico con el metafísico, pudiendo originarse errores de contenido. Sus especulaciones filosóficas nada tienen que ver con la ciencia establecida y esto era algo que no quedaba claro al leer sus libros.

La idea de Dios en  siempre estuvo presente y sobre la misma varió a lo largo de su vida. Muchos recuerdan su negación del ser trascendente en su obra “El gran diseño”, que podríamos dudar si correspondería a él o su coautor L. Mlodinow. Sea como fuere, hoy confiamos que su duda haya sido resuelta al salir del agujero negro de la limitación de la racionabilidad humana y entrar en la luz de Dios. Él es suma misericordia y no habrá olvidado las palabras que en su día publicó en su obra Agujeros negros y pequeños universos: “Todo lo que mi obra ha demostrado es que no se debe decir que el modo con el cual el universo ha tenido un inicio sea un capricho personal de Dios. Sin embargo permanece todavía la pregunta: ¿por qué vale la pena que exista el universo? Si crees, puedes decir que Dios sea la respuesta a esta pregunta”.

 

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El “bien común de las mujeres”

Eldiario.es

Eldiario.es

Resuenan aún los ecos de la autoproclamada huelga feminista celebrada el pasado 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer. Más allá de las discrepancias acerca de la conveniencia y del enfoque de la misma, plasmado en el manifiesto de los organizadores, o de su clara utilización con fines propagandísticos por parte de determinados partidos políticos, es patente la necesidad de adoptar medidas para superar las desigualdades entre hombre y mujer que aún pueden apreciarse en nuestra sociedad. Ello, sin embargo, exige dejar de centrar los esfuerzos en el uso del lenguaje, abandonar la oposición hombre-mujer como única estrategia de lucha contra la desigualdad y superar el enfoque restrictivo del problema de la violencia contra la mujer que considera como única causa de esta lacra el “machismo estructural”.

La mujer tiene un doble hecho diferencial que toda sociedad –y familia– necesitan: su ser mujer y su eventual maternidad.

Resulta evidente, no sólo para la ciencia, sino también para el sentido común, que la mujer, desde el punto de vista psicológico, se caracteriza (entre otras muchas cosas) por su sensibilidad, por su ternura, por su capacidad de abrir el corazón a todo y a todos y de asumir el peso sentimental de quienes están a su lado. Al mismo tiempo, no menos obvio es el potencial de la maternidad: sólo la mujer es capaz de concebir y engendrar vida. La libertad de la mujer, la auténtica libertad, no se conseguirá jamás si no se parte de esta doble diferencia. Pretender “liberar” a la mujer a costa de obligarla a renunciar, sin posibilidad de opción, a su maternidad o de forzarla a actuar desde un enfoque distinto al auténticamente femenino es otra forma de esclavitud y, además, fuente de nuevas discriminaciones. ¿Quién está apoyando a todas aquéllas mujeres que desean ser madres sin que ello les suponga dejar de lado su carrera profesional? ¿Quién valora la legítima opción por centrarse voluntariamente en la familia?

En estos días se oían voces proclamando “la necesidad de que todas luchemos unidas por el bien común de las mujeres”. No existe tal concepto. Sólo existe el bien común, sin apellidos, y es claro que, por pura definición, no podrá lograrse prescindiendo de las mujeres, pero tampoco desde la confrontación con los hombres.

Somos personas, seres humanos, hombres y mujeres. Nos necesitamos, tal como somos, unos a otros. Nos debemos, con lo que somos, unos a otros. Hasta que no seamos capaces de dejar de enfrentarnos y pasar a amarnos unos a otros nada cambiará.

GRUPO AREÓPAGO

La paz en cada uno de nosotros

 

Pixabay

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A diario tenemos noticias relacionadas con la muerte de personas provocadas por otras, de diferentes formas y en distintos contextos y situaciones. Muertes, como la del pequeño Gabriel, que nos hacen preguntarnos ¿En qué mundo vivimos? ¿Por qué tanta maldad? ¿Qué le pasa al ser humano?  ¿Estamos realmente tan enfermos? ¿Qué podemos hacer ante estas personas dañinas, que matan, que agraden o que odian al otro? ¿Cómo podemos evitar tanto sufrimiento? Son muchas las preguntas que nos hacemos y para las que no encontramos respuesta inmediata.

Como premisa es fundamental pensar que no todo el mundo es tan malo, ni tan egoísta. Afortunadamente hay más personas haciendo el bien que el mal. Más personas honestas, amables, generosas, nobles y con miles de virtudes que las que se dejan dominar por la maldad y el odio. Lamentablemente no son noticia. Las buenas personas no llaman la atención. No se ofrecen ni se adoptan como modelos de referencia. No atraen a la prensa.

La sociedad tiene que cambiar. Es una obligación urgente trabajar y luchar por recuperar los valores y principios básicos de la vida y la dignidad humana como el amor y la paz entre nosotros, empezando desde la familia y desde la escuela, y es en estos entornos donde hay que crear situaciones en las que a los niños les lleguen las buenas palabras, las buenas acciones, los buenos pensamientos y las buenas intenciones acompañadas de obras igualmente buenas.  Los niños aprenden por imitación y por el ejemplo de los demás, pero ¿qué ejemplo les estamos dando? ¿El ojo por ojo? ¿Eso es lo que buscamos?

Los niños y jóvenes de hoy no pueden ver como algo normal que cada día una persona mate a otra. El asesinato de un ser humano nunca tiene justificación. Los jóvenes no pueden acostumbrarse a estas noticias de odio y de desgracia que a todos nos vuelven insensibles ante al dolor y el sufrimiento del otro. De lo contrario, estaremos promoviendo el odio nosotros mismos.

La paz deber ser un valor permanente en cada uno de nosotros; la paz y el respeto al ser humano tiene que iniciarse dentro de la familia; es necesario un fortalecimiento continuo de estos valores.

Convivir en paz y en armonía desde la niñez son un reto de esta sociedad acostumbrada a la guerra, a la violencia y a los conflictos entre las personas. La paz de nuestro mundo comienza en cada uno de nosotros. La paz de nuestro mundo se construye sobre la base de la paz interior de cada ser humano.

GRUPO AREÓPAGO

Ante la muerte de Gabriel

Toda España llora la muerte de Gabriel. Tras doce días de intensa búsqueda, llenos de sufrimiento, dolor y una mínima esperanza, se ha conocido el fatal desenlace de este niño almeriense de apenas 8 años. Son muchas y muy variadas las muestras de solidaridad con los padres provenientes de todos lados, así como las expresiones dolor –auténtico– experimentado ante el asesinato de un pequeño al que la mayoría no conocíamos, pero que ha estado muy presente en nuestras vidas durante todo este breve periodo de tiempo. No faltan tampoco las peticiones de prisión permanente e, incluso, las llamadas a la aplicación de la Ley del Talión a quien o quienes le han quitado la vida. Es la consecuencia del eco mediático que ha tenido esta tragedia, un eco que debería darse también ante acontecimientos de similar naturaleza que, sin embargo, no son noticia.

Más allá de todo ello, que no deja de ser puro sentimiento –aun sincero–, se echa en falta una reflexión más profunda acerca de los motivos de esta muerte. No basta con señalar que “la sociedad está podrida” ni con mantener que “el ser humano está muy mal”. Tampoco con expresar nuestra indignación en conversaciones y redes sociales. Quedarnos ahí es, sencillamente, permanecer en lo superficial. Si queremos realmente que este crimen tenga algún efecto en nuestra realidad, todos hemos de hacernos preguntas: ¿por qué ocurren estas cosas?  ¿qué puede llevar a asesinar a un niño a alguien de su entorno? ¿por qué la vida cada vez vale menos en nuestra sociedad? ¿qué podemos hacer, individualmente y como comunidad, para evitar este tipo de muertes? ¿en qué estamos fallando a nivel político y legislativo, pero, sobre todo, cultural y social? ¿qué ha de cambiar, en nosotros y en nuestro mundo, para que el amor se imponga al odio?

Hoy no es un día de lamentos. Si queremos que algo cambie, hoy ha de ser un día de preguntas.

Grupo Areópago

Educar la mirada y la escucha

Hay noticias que suelen impactar, pero que los efectos dela velocidad a que está sometida nuestra vida cotidiana, pese a la trascendencia humana y social de sus contenidos, las reducen de inmediato a  olvido y provisionalidad. Es el caso de la noticia aparecida hace unos días sobre las heridas que un adolescente ha producido a su madre por no arreglarle su acceso a internet.

La sociedad  de estos comienzos del segundo milenio viene definida por un nuevo diseño social marcado por las llamadas “redes cibernéticas”. Las nuevas generaciones educadas a la sombra de este paisaje cultural han abandonado el referente tradicional de la pandilla –que sólo cumple su tradicional rito comunitario en los encuentros de “botellón”- para instalarse confortablemente en su propio espacio frente a la pantalla. Su mundo de relaciones se configura en torno al WhatsApp, el facebook, Twiter,… y los videojuegos. Muchos jóvenes de hoy, viven con la mirada puesta en la pantalla y los cascos en sus oídos. Miran pero no ven, y oyen pero no escuchan… Construyen su propio mundo interior con referencias muy dudosas.

Tal vez sea prematuro emitir un juicio sociológico sobre este fenómeno, pues se da la paradoja de que algo  bueno, útil y beneficioso como es el mundo de la imagen, internet y redes sociales, pueda convertirse en un serio problema personal, familiar y social. Muchos expertos, aun con disparidad de opiniones, comienzan a hablar ya de adicciones digitales. La pérdida de control en el uso de internet y el móvil; el malestar significativo cuando faltan o fallan, provocando síndrome de abstinencia; el tiempo excesivo de dedicación;… están produciendo en muchos jóvenes trastornos y desequilibrios en su salud mental y psíquica. Preocupante.

Es indudable que la cultura de la imagen lleva ya tiempo imponiéndose en la vida social. La pantalla y la técnica digital han conseguido con su poder seductor penetrar en todas las facetas de la actividad humana, incluida la educativa. La palabra, elemento fundamental de cohesión social, está desapareciendo de nuestras vidas y de nuestros hogares. Los centros escolares propician esta escaladacuando a estos medios técnicos, considerados “panaceasdidácticas”,se les convierte en finalidades educativas. Hoy es de vital importancia comprender que configurar la personalidad del niño, adolescente o jovenes el fin principal de toda acción educativa. Y para lograrlo en esta cultura de la imagen hay que priorizar la tareade educar la mirada y la escucha. La primera, para aprender a mirar sin absolutizar el medio; y la segunda, para aprender a interrelacionarse.

Un gran reto educativo para tiempos inciertos.

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La revolución de los pensionistas

pensiones

La revolución de los pensionistas, así se movía en twitter la manifestación a las puertas del Congreso de los Diputados. Ellos, con todo el derecho, exigen un tratamiento digno y unas pensiones que sean suficientes para mantener el nivel de vida. La sociedad está en deuda con ellos, sus esfuerzos y generosidad muchas familias han hecho posible que muchas familias sobrevivan tras la gravísima crisis económica que estamos sufriendo.

Escuchando las noticias, leyendo periódicos, mirando las características de nuestra sociedad, resuenan las palabras pronunciadas por una religiosa ante las familias que se quejaban y protestaban por el cierre de un colegio, en un pueblo. Decía aquella monja: “Yo, nosotras las hermanas, hemos hecho cuanto hemos podido para que el colegio siga abierto”. Y ante el comentario inoportuno de algunos padres, la hermana con mucha serenidad dijo a aquel padre: “-Mire salvo tener hijos, las hermanas hemos hecho todo lo que ha estado en nuestras manos para que el colegio siga abierto, como no hay niños no podemos continuar nuestra labor”.

Algo parecido se podría decir a nuestra sociedad. Las pensiones y el bienestar de nuestros mayores dependen de muchos y variados factores socioeconómicos; pero sobre todo depende de los jóvenes. Si nuestra sociedad sigue decreciendo y no hay más nacimientos podremos firmas muchos pactos, realizar grandes promesas a los pensionistas. Podremos gravar con más impuestos a la sociedad, pero seguiremos sin recursos para atender dignamente a las personas mayores.

Nuestra sociedad necesita urgentemente una reforma del sistema de pensiones, una reunión del pacto de Toledo, escuchamos a diario. Esa reunión quiere reformar el sistema de pensiones, y esto exige de nuestros representantes y de toda la sociedad una apuesta de futuro y fomentar una cultura de la vida, en todos los aspectos: cuidado de la familia, apuesta por la natalidad, mejora de los salarios, formación de los más jóvenes para que puedan tener unas condiciones de vida y trabajo dignas. Nuestros mayores, los actuales pensionistas, nos han enseñado que la sociedad avanza cuando la familia es cuidada y crece, aprendamos la lección.

 

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¿Qué es un matrimonio?

matrimonio

El Tribunal Supremo ha dictado una sentencia en la que reconoce el derecho a pensión de viudedad española a las dos mujeres casadas con un soldado marroquí polígamo. Esta sentencia rectifica la decisión adoptada por la Seguridad Social y por el primer tribunal que conoció el caso, que solo reconocían el derecho a la primera mujer, considerando —conforme a la propia doctrina anterior del Tribunal Supremo— que  la bigamia es un delito en nuestro ordenamiento jurídico y, por tanto, reconocer a esa situación efectos jurídicos atentaría contra la concepción española del matrimonio y contra la dignidad constitucional de la mujer. Dos magistrados de la sala suscribieron voto particular en contra del parecer mayoritario de la sala, considerando que la aplicación de este criterio interpretativo ataca nuestra cultura y nuestro sistema de valores, va en contra de la dignidad de la mujer y  abre brechas que debilitan nuestras señas de identidad.

La Constitución Española se limita a afirmar, en su artículo 32, que el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio. Y el Código Civil, en el 44 y siguientes, establece los requisitos, forma de celebración y efectos. Pero no existe una definición legal de matrimonio. Esto es así porque, en nuestra cultura, nunca ha sido necesaria tal definición legal: todos sabían lo que era un matrimonio desde el Derecho Romano hasta nuestros días. La definición del matrimonio dada por juristas romanos como Ulpiano o Modestino difería más bien poco de la que en el siglo veinte formulaba Castán: “la unión legal de un hombre y una mujer para la plena y perpetua comunidad de existencia”. Esta idea de matrimonio ha servido de cimiento al progreso de la sociedad occidental durante siglos, sustentando también un determinado concepto de familia que —como célula básica de la sociedad— ha configurado nuestra civilización.

Ahora se destruye esa célula sin aportar alternativa. El matrimonio ya no es estable, sino que se puede romper con más facilidad que cualquier otro contrato. Tampoco se concibe necesariamente desde la complementariedad entre hombre y mujer. Y parece que ahora tampoco tiene que estar formado, necesariamente, por un solo hombre y una sola mujer.

En definitiva, para el ordenamiento jurídico, los tribunales y las leyes no existe ya el matrimonio según el concepto de Ulpiano o de Castán. Pero ¿alguien sabe qué es el matrimonio en España hoy? ¿Qué sociedad podemos construir si no sabemos con qué células lo vamos a hacer? ¿Es igual de valioso para la sociedad el matrimonio único, estable y entre sexos que el formado, por ejemplo, por dos hombres y dos mujeres?

Deberíamos entre todos plantearnos seriamente esta cuestión. Porque si todo vale para ser llamado matrimonio, ¿qué sentido tiene proscribir como delito la bigamia? Pero también podemos preguntarnos qué sentido tiene prohibir el matrimonio entre hermanos o entre hijos y padres.

Si la decisión personal e individual es la única fuente creadora de matrimonio y esa decisión obliga a la sociedad al reconocimiento de efectos como matrimonio para cualquier tipo de unión, simplemente habrá dejado de existir el matrimonio. Cuando cualquier cosa sea matrimonio, en realidad nada lo será.

 

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La moda, un falso ideal

En las últimas semanas están ocupando portadas y noticias los diferentes desfiles de pasarelas que dan comienzo a la semana de la moda en nuestro país, y que pretenden dibujarnos las supuestas líneas que marcarán los estilos del año.

Se nos proponen unos modelos y cánones “perfectos”, que pretenden vendernos como fórmulas de la felicidad. Sin embargo, tal y como pone de manifiesto una simple consulta al diccionario, la moda no es sino simplemente un conjunto de perfiles que se usan durante un periodo de tiempo determinado. Por definición, la moda será efímera, tendrá un fin. Es la imagen que resume a la perfección uno de los males más característicos de nuestra sociedad: la ausencia de auténticos modelos solventes y duraderos. El bombardeo indiscriminado de influencias que recibimos y la dificultad de encontrar referentes sólidos hacen que muchos jóvenes tengan sus modelos de vida en ideales superfluos y caducos, sin llegar a profundizar en los valores que formarán su personalidad y que le acompañarán toda la vida.

En una sociedad visiblemente acomodada en la superficialidad y con gran cantidad de prejuicios, se hace imprescindible que nos paremos a pensar si estamos viviendo de forma auténtica y no siendo meros imitadores de patrones cortoplacistas. Si estamos siendo capaces de vivir nuestro propio ideario, que es Verdad actualizada a nuestra vida, sin fecha de caducidad.

Planteémonos que quizás nosotros mismos estamos llamados a ser referencia viva en nuestra propia familia, en nuestro trabajo, en nuestro ambiente; porque sólo empezando por nosotros mismos, ofreciendo a los demás las capacidades que tenemos, podremos ser creadores de “moda” y empezar a cambiar el mundo.

 

 

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