Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Prohibido prohibir

prohibido

Esta es una de las muchas y variopintas consignas de los movimientos que prepararon y promovieron hace ya 50 años el mítico “Mayo del 68”. Sin entrar en valoraciones del acontecimiento -no es nuestra intención-, sí creemos necesario llevar a reflexión las repercusiones que han tenido en las generaciones actuales algunas de sus consignas y las ideologías que lo promovieron.

Y motiva esta reflexión el avance de la agresividad y la violencia en la sociedad actual y la situación de normalidad que están adquiriendo. Se visibiliza en los hogares y en los colegios; se hace notar en los medios de comunicación, en las redes sociales, en los deportes y momentos de ocios, en la vida política… Y solamente surge la indignación y el rechazo social ante hechos especialmente virulentos. Indignación que, sin embargo, no lleva a preguntarse por sus causas, que sin duda se encuentran en el ámbito de la educación.

La generación que vivió y promovió el mítico “Mayo del 68” creció y vivió en una época de rebeldía frente a la generación silenciosa y obediente de sus padres (Javier Urra, 2007). Fue la generación del rock and roll, la televisión, la liberación femenina… Los nuevos medios de información propiciaron grandes cambios culturales y de valores que de alguna manera repercutieron en el hecho educativo. Con Vargas Llosa (2009) nos atrevemos a afirmar que el “prohibido prohibir” del Mayo del 68 y las ideologías que lo sustentaban “extendió al concepto de autoridad su partida de defunción”. A fuer de combatir el autoritarismo, se erró en el diagnóstico y se eliminó “la autoridad”, elemento básico en todo proceso educativo. Sus principales víctimas: la familia y la escuela.

Aquellos hijos rebeldes, instrumentalizados por las ideologías dominantes, se convirtieron con el tiempo en padres permisivos, sumisos a sus hijos, volubles e indecisos; amigos y compañeros mejor que padres, sin atreverse a imponer reglas para que sus hijos no sufran y se frustren. Este perfil de padres ha traído consigo lo que algunos llaman “la generación de niños tiranos”: Excluidos de la obediencia, consideran la vida como algo a disfrutar sin exigencias y esfuerzos. El “niño tirano” suele ser intolerante, individualista, demandante de acción inmediata y con tendencia al aislamiento, el hedonismo y a la agresividad cuando no se atienden sus deseos.

¿Se podrá dar respuesta educativa a nuestros problemas convivenciales desde este modelo de familia permisiva y desde una escuela que ha disminuido su capacidad socializadora con la pérdida de autoridad de maestros y profesores?  Para la reflexión.

El discurso del odio en internet

internet pixabay

Desde el año 2016 han ocurrido muchos acontecimientos que han provocado que se hable en las redes sociales del llamado discurso del odio. ¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de discurso de odio? Según un Informe sobre la Evolución de los Incidentes relacionados con los delitos de odio en España, publicado por el Ministerio del Interior Español en 2016, estos son aquellos que “tienen que ver con injurias, amenazas, vejaciones o tratos degradantes tipificados como antisemitas, racistas, sexistas”.

Hace ya tres años que los Estados Miembros de la Unión Europea vienen colaborando con las empresas de medios de comunicación social para garantizar que se luche contra la incitación al odio en Internet, y por este motivo en mayo de 2016 la Comisión Europea, junto con las empresas TI (Facebook, Twitter, Youtube y Microsoft) hicieron público un Código de conducta que incluía una serie de compromisos contra la incitación al odio en Internet en Europa.  Las instituciones de la Unión Europea y los Estados Miembros lo tienen claro pero ¿las empresas están cumpliendo con el código de conducta? Sería discutible.

Otro dato interesante del informe del Ministerio del Interior es que la mayoría de los investigados por delitos de odio eran hombres españoles de entre 18 y 40 años, jóvenes denunciados por injurias y amenazas de carácter ideológico, sexista o racista realizadas a través de internet.  Estos jóvenes representan el futuro de la sociedad, jóvenes que fomentan el odio entre la sociedad. Jóvenes youtubers que se graban agrediendo a quienes no les gusta, como el joven de 19 años, con un millón de seguidores, que se grabó humillando a un mendigo en Barcelona.

Ante estos comportamientos cabe preguntarse ¿Qué futuro nos espera? ¿Dónde queda el respeto, la tolerancia entre todos?  ¿Qué hacemos nosotros para evitar el odio?

Internet es un canal de comunicación demasiado rápido para promover esta clase de incidentes y comentarios relativos al odio hacia los demás ¿Cómo podemos combatir esta clase de delitos realizados a través de internet? La libertad de expresión es un derecho, pero nunca se puede superar si esa libertad implica saltarse todos los límites del respeto, la tolerancia y la convivencia. El buen uso de las nuevas tecnologías está en nuestras manos, y denunciar las injusticias y agresiones también.

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Alfie Evans y el llanto de Raquel

Dentro de la liturgia católica, en la fiesta de los Santos Inocentes, se proclama el relato de la huida a Egipto por parte de San José con la Virgen María y el niño Jesús, para evitar que el recién nacido fuera asesinado por Herodes. El evangelista refiere en este momento una profecía de Jeremías donde proclama el llanto de Raquel por sus hijos que “ya no viven”.

En los últimos días venimos asistiendo a lo que parece ser una “versión moderna” del pasaje referido. Unos padres que desean trasladar a su hijo a otro hospital que les brinda acogida y posibilidades de continuar con un tratamiento del que desiste el hospital en que residen, huyendo ante la posibilidad de asesinato de su hijo. No entraremos en cuestiones sobre si se trata de un encarnizamiento terapéutico o no –que parece queda clarificada por la intervención del Papa Francisco, de la directora del hospital Bambino Gesù de Roma, del gran experto en Bioética Cardenal Sgreccia y de la gran ofensiva diplomática llevada a cabo por Italia, entre otros –  ni en el clamoroso silencio mediático que a este caso se ha dado en la prensa nacional de nuestro país, sino en las terribles consecuencias derivadas del triunfo del positivismo legal sobre el iusnaturalismo.

¿Qué potestad tiene un juez para decretar la muerte de un ciudadano inocente? ¿Qué peligro para el bien común de la sociedad se deriva de mantener a Alfie Evans con vida? ¿Con qué autoridad un juez quita la patria potestad a unos padres que lo único que buscan es mantener con vida a su hijo con la posibilidad de ofrecerle otros tratamientos en otros hospitales que han ofrecido todos los medios posibles para llevarlo a cabo?  ¿Por qué esa cerrazón de ofrecer una segunda posibilidad a Alfie Evans para seguir luchando por su vida? ¿Acaso los hijos son una propiedad mercantil del Estado?

La “legalidad” parece imponerse sobre la “naturalidad” de la vida, prevaleciendo su peso por encima de aquello que la naturaleza le ha regalado. Lo natural se vuelve esclavo de lo legal, con la terrible consecuencia de que nuestra libertad queda vendida al arbitrio de una ley presa de aquellos que la cocinan según el gusto de cada época.

Esta situación genera que de nuevo se pueda escuchar el grito de Raquel porque sus hijos “ya no viven”, pero ¿qué hijos no viven? ¿Aquellos que son sentenciados a muerte o aquellos que permanecen callados ante tal injusticia? ¿Qué vida se puede esperar de un Estado que devora a sus hijos? ¿Dónde esos gritos de los que se definen valedores de los derechos?

Alfie sigue combatiendo, y en el momento que estas líneas se escriben, todavía con vida. Queda claro que él no es de los que “ya no viven”, cabe preguntarnos si nosotros, personas del siglo XXI, de la defensa de derechos de todo tipo, estamos vivos o hemos muerto devorados por un positivismo legal que en nombre de la libertad nos quita la vida.

 

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¿Por qué no somos más?

marchaporlavida

Domingo de esta recién estrenada primavera. Las calles de Madrid empiezan a vibrar envueltas en la actividad propia de cada fin de semana: paseos tranquilos, desayunos prolongados en las primeras terrazas que abren sus mesas a turistas y paisanos que hoy  no viven bajo el agobio del reloj.

Muchas personas caminando sin prisa, pero sin pausa, acompañadas de su familia y amigos, hacia el evento que les ha traído hasta aquí: una marcha para celebrar y defender la vida. Antes de llegar al punto de encuentro, en el camino hacia allí se cruzan con otro evento. Se trata de una manifestación en la que se reivindican pensiones justas.

Y apenas se ha andado quinientos metros, hay un numeroso grupo de personas que se han concentrado para promover el respeto a la vida de los animales y hacer caer en la cuenta a la sociedad de la importancia de erradicar  el maltrato animal.

Por  fin se llega al destino. La Marcha del Sí a la Vida. Hay ambiente de fiesta y eslóganes que recuerdan que cada vida importa.

La reacción de todos los que se cruzan por el camino son diversas. Hay sonrisas llenas de ironía; en otros hay, sin embargo, gestos de adhesión a esta causa. ¿Por qué no somos más? ¿Por qué no se unen los que están pidiendo pensiones más justas en un contexto de desierto demográfico, y los que luchan por evitar el maltrato animal?  La defensa de la vida humana debería reunir a muchas más personas. Muchas personas que valoran la vida como un don.  Los testimonios con los que concluye la marcha ponen de manifiesto que importa luchar por la vida humana. Testimonios como los de un joven con síndrome de Down: veinticinco años, trabajo fijo, entusiasta del deporte, etc. Un joven luchador. Sin embargo se estima que en España cada año deberían nacer setecientos niños con síndrome de Down, y sólo nacen setenta. Seiscientos treinta son abortados. Seiscientos treinta abortados. Conviene repetirlo porque no se conoce.

¿Qué nubla nuestro entendimiento? ¿Cuál es la causa de esta frialdad en nosotros ante la causa de la defensa de la vida? ¿Por qué no somos más? Si la vida de un ser humano indefenso en el vientre materno, en el final de su vida, en la enfermedad o pobreza no nos moviliza, entonces cualquier cosa es posible. Ha llegado el momento de defender lo evidente. Ha llegado el momento de movilizarse y gritar allá donde estemos ¡Sí a la Vida!

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El hilo de Ariadna

ariadnaTodas las civilizaciones, culturas y sociedades que se han sucedido a través de la historia se han visto sometidas a las experiencias propias de la vida humana: han nacido, evolucionado, se han expandido, languidecido y, por supuesto, fracasado y muerto. A estas experiencias vitales no es ajena nuestra cultura y estilo de vida actual. No puede eludir, por tanto, los fermentos de descomposición que como nuevos “minotauros” intentan devorarla.

No es tarea fácil para el simple observador de la realidad reconocer estos fermentos, pero tal vez se nos facilite el análisis si aplicamos un serio discernimiento a la respuesta que dio Gandhi cuando le preguntaron sobre los factores que podrían destruir al ser humano: “política sin principios, comercio sin moral, riqueza sin trabajo, educación sin carácter, ciencia sin humanidad, placer sin consciencia y religión sin sacrificio”.

A la vista queda, según estas sabias palabras, que la sociedad actual, si no está totalmente fracasada, sí está enferma y necesitada de una importante regeneración. Y puestos a discernir, es fácil constatar -recurriendo nuevamente al recurso del lenguaje mitológico- que aunque existen muchos “teseos”, personales y colectivos implicándose en la muerte del “minotauro” o “minutauros” que están fagocitando al hombre y a la sociedad actual, les resulta muy difícil ponerse de acuerdo sobre cuál es el “hilo de Ariadna” que permita salir de la caverna.

Hay un consenso muy generalizado entre las mentes más lúcidas del mundo actual en continuidad con el pensamiento clásico en señalar a la ética, y desde nuestra perspectiva a la ética de la virtud, como ese único hilo conductor capaz de sanar cualquier sociedad. “Sin ética no hay futuro posible, ni a nivel local, ni a nivel global” (F.Torralba 2016). Proponer las virtudes, tan desprestigiadas en los últimos siglos y ausentes en la actualidad como reliquias del pasado, como categoría ética supone considerarlas ejes de la tarea que en todos los tiempos ha sido su centro: buscar y enseñar la vida buena, personal y social.

Acontecimientos actuales de nuestra vida política, económica y social, donde la mentira, el cinismo, la corrupción, la insolidaridad, el ataque furibundo al adversario…, campan a sus anchas, producen sin duda indignación. Pero la indignación sin compromiso es un simple acto emotivo que no regenera, sino entristece.

Nuestro compromiso actual es buscar y enseñar la ética de las virtudes. Tarea ardua y trabajosa que ha de tener a las instituciones educativas, principalmente a la familia, y a la escuela como principal marco de entrenamiento. Es nuestro “hilo de Ariadna”.

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Póngame cuarto y mitad de máster

FOTOGRAFÍA DE EFE

FOTOGRAFÍA DE EFE

Cuentan que el último día de la travesía, tras varias semanas de navegación, el segundo oficial del barco escribió en el diario de a bordo: “el capitán no se ha emborrachado hoy”. Esto era verdad, por supuesto. Pero también lo era que ninguno de los días anteriores el capitán se había emborrachado. El oficial no dijo, por tanto, ninguna mentira y, sin embargo, el capitán fue expedientado por embriaguez habitual, una falta que no había cometido.

Quiere esto decir que, tanto en la navegación como en el resto de actividades de la vida y de la política, para ser sincero no basta con no decir ninguna mentira; es necesario además decir positivamente la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, como escuchamos en los juicios americanos. Es por ello que una primera aproximación al asunto en que se ha visto envuelta la presidenta de la Comunidad de Madrid, en relación con las presuntas irregularidades de un máster, lleva a exigirle que no se limite simplemente a no decir ninguna mentira, sino que diga positivamente la verdad. Y está bien que así se haga.

Pero una segunda aproximación nos debe llevar a caer en la cuenta del peligro de degradación en el que se encuentra la universidad española, precisamente en un nivel académico —el de posgrado— en el que se pretende ofrecer y se debería exigir una especial seriedad. Debemos preguntarnos si los másteres que ofrece hoy la universidad española son realmente herramientas de capacitación y especialización profesional de alto nivel o se convierten —especialmente en los ámbitos de las humanidades y las ciencias sociales— en títulos vacíos de contenido y de la más mínima exigencia, diseñados más bien para sufragar el grave déficit económico de nuestras universidades, para agrandar artificialmente el prestigio de los políticos o, en el peor de los casos, para otorgar una determinada etiqueta ideológica de “políticamente correcto” para acceder a determinados puestos de libre designación.

Por último, es legítimo y necesario exigir responsabilidades a la señora Cifuentes, pero no solo en materias ajenas a la política, sino, ante todo, es necesario exigir a los políticos transparencia, coherencia y sinceridad en su acción política. Y entonces, ¿cómo es que casi nadie exige responsabilidades a la señora Cifuentes por una política absolutamente contraria a los principios y valores cristianos, por ejemplo, que su partido algún día aparentó y afirmó defender? ¿Engañar en un máster tiene consecuencias graves y engañar en materia de principios ninguna? Una sociedad que cuela el mosquito y se traga el camello es una sociedad hipócrita. Y enferma.

 

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Vivo con un perro

perro mascota

“¿Cómo hago para saber si puedo confiar en alguien? Si ladra, es confiable al 100%”. Esta frase pertenece a una viñeta del personaje Snoopy y su amigo Charlie. Una frase sencilla que parecía surrealista y cómica se está volviendo ya una realidad. En marzo de 2017 se publicaba un titular “En A Coruña hay ya más perros que niños de entre cero y nueve años“, y de nuevo en marzo de 2018 se divulga la siguiente noticia “Una ciudad de perros: en Madrid hay el doble de canes que de niños menores de 5 años”.

Titulares que demuestran que la sociedad está cambiando; el mundo ya no es lo que era y claro que no lo es; hay más perros que niños pequeños. Son más importantes los perros que los niños. Los animales de compañía están sustituyendo a las personas, y últimamente es una de las alternativas a tener hijos. Los perros dan menos problemas que los hijos, y queremos vivir tranquilos, sin complicaciones. Los hijos generan inconvenientes, gastos, problemas…tantas cosas que si se miran desde el punto de vista egoísta son todas malas.

Es evidente que la gente no quiere vivir sola, necesita compañía pero aunque no quiere cuidar de sus hijos o de sus personas mayores sí prefiere atender a sus mascotas. Es más fácil la convivencia con un perro que con un bebé o con un anciano. Los animales también necesitan atenciones como visitas al veterinario, a la peluquería canina, paseos, comidas, domesticación, etc… pero pese a todos estos cuidados generan menos problemas que una persona. Si se busca sólo la comodidad y el vivir tranquilos, compensa tener un perro.

¿Pero dónde está el problema? ¿Qué está pasando? ¿Por qué es más fácil convivir con una mascota que con otra persona? No se puede dar a las mascotas el lugar más importante de una casa. Una vida humana no se puede sustituir con un animal. El futuro de la sociedad pasa por tener hijos. El problema tiene raíces muy profundas y que ponen de manifiesto que no hay capacidad de tener un hijo porque no se tiene capacidad de amar. No se tiene capacidad de amar porque la sociedad está llena de adultos que no han superado la adolescencia, y no han construido su autoestima. Su capacidad de amar es infantil; sin capacidad de adquirir un compromiso como es la paternidad y por lo tanto no hay compromiso tampoco de amor. Resultado: más perros que hijos.

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Firma invitada: Don Jaime Serrada Sotil. Educar el corazón

jaime serrada

“La reconquista del corazón”. Bien podría ser el título de una película de aventuras, o una historia épica medieval. Pero, en realidad, es la grande y grave tarea que, como educadores, tenemos como misión que se desarrolla día a día. Reconquistar el corazón del joven, del hijo, del alumno, hoy en día, es un reto, es el reto. Es el desafío que hace tambalear muchas veces nuestras convicciones y nuestros propósitos. Y como todo gran desafío, pide un gran esfuerzo. A esta tarea no se le puede hacer frente sin entregarse en cuerpo y alma, en tiempo y dificultad. Todos los que vivimos educando en la era digital tenemos esta experiencia. Experiencia educativa en ocasiones confusa, cansada. Pero, a la vez, gratificante y llena de esperanza. Benedicto XVI puso adjetivo a esta enorme tarea cuando habló de emergencia educativa.

Educar el corazón del educando significa configurar su deseo, su afecto. Para ello hace falta comprender el deseo como realidad educable, que se puede modelar. Así la persona podrá integrar sus deseos y orientarlos hacia el bien verdadero en cada decisión que deba tomar, en cada acción que deba realizar. “El hombre nace incompleto e inadecuado para el acto para el que está hecho. Sólo por medio de la educación, que puede desarrollar en él los gérmenes de las virtudes, puede crecer y adecuarse a la tarea para la cual existe” (Cf. L. Melina, Participar en las virtudes de Cristo, Ediciones Cristiandad, Madrid 2007).

Las virtudes son disposiciones internas, afectos integrados que mueven a la acción excelente. ¿Y cuál es la tarea para la que existimos? El don de sí, la donación de uno mismo a los demás. Por esto, lo que nos estamos jugando al educar la afectividad de la persona es su vida entera, es la posibilidad de que sea capaz de construir una vida grande, una vida plena, que descubra en el amor don de sí la guía de su historia. Educar el corazón, educar el afecto, no es otra cosa que educar en el amor para el amor.

 

Don Jaime Serrada Sotil,

director de proyectos y educador en la Fundación Gift&Task

Anotación: Don Jaime Serrada Sotil es el ponente de la tercera ponencia del  III Curso de “Formación Complementaria sobre sinergias educativas para el momento presente” que tendrá lugar el viernes, 23 de marzo, a las 18.00 horas en el Seminario Mayor de Toledo En esta ocasión. D. Jaime Serrada Sotil disertará sobre la importante tarea de la educación afectiva.

Stephen Hawking: el agujero negro de Dios

Stephen Hawking

Hace una semana nos despertábamos con la noticia del fallecimiento del gran físico británico Stephen Hawking. Gran especialista en astrofísica, brilló por ser uno de los grandes expertos en el estudio de los agujeros negros. Su muerte ha consternado al mundo de la ciencia y múltiples han sido las reacciones desde los distintos ámbitos. Algunos han centrado su atención en las casualidades de las fechas de su vida (fallece el día “pi”, nace el día de la muerte de Newton…) otros en su enfermedad y valiente lucha de superación continua, pero quizás lo más destacado haya sido su posición frente a la existencia o no existencia de Dios.

Para muchos Stephen Hawking ha representado el “golpe definitivo” para proclamar la “muerte” de Dios. Sus postulados científicos, su consideración de la creación espontánea del Universo a partir de la nada, su increencia en la vida después de la muerte suponía para muchos de sus seguidores la demostración científica de la no existencia de Dios. Pero creo sea necesario aclarar un presupuesto epistemológico de gran importancia para no dejarnos llevar por cierta pseudociencia: un buen científico no tiene por qué ser un buen filósofo, o dicho de otro modo, Dios no es objeto de la ciencia al carecer de materia.

Toda reflexión realizada por Stephen Hawking respecto de Dios, aunque era hecha por un científico, era formulada desde un plano filosófico en el cual entremezclaba dos ámbitos que son bien distintos –aunque no sean opuestos-. En sus reflexiones tal separación resultaba inexistente y se entremezclaban continuamente el plano físico con el metafísico, pudiendo originarse errores de contenido. Sus especulaciones filosóficas nada tienen que ver con la ciencia establecida y esto era algo que no quedaba claro al leer sus libros.

La idea de Dios en  siempre estuvo presente y sobre la misma varió a lo largo de su vida. Muchos recuerdan su negación del ser trascendente en su obra “El gran diseño”, que podríamos dudar si correspondería a él o su coautor L. Mlodinow. Sea como fuere, hoy confiamos que su duda haya sido resuelta al salir del agujero negro de la limitación de la racionabilidad humana y entrar en la luz de Dios. Él es suma misericordia y no habrá olvidado las palabras que en su día publicó en su obra Agujeros negros y pequeños universos: “Todo lo que mi obra ha demostrado es que no se debe decir que el modo con el cual el universo ha tenido un inicio sea un capricho personal de Dios. Sin embargo permanece todavía la pregunta: ¿por qué vale la pena que exista el universo? Si crees, puedes decir que Dios sea la respuesta a esta pregunta”.

 

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El “bien común de las mujeres”

Eldiario.es

Eldiario.es

Resuenan aún los ecos de la autoproclamada huelga feminista celebrada el pasado 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer. Más allá de las discrepancias acerca de la conveniencia y del enfoque de la misma, plasmado en el manifiesto de los organizadores, o de su clara utilización con fines propagandísticos por parte de determinados partidos políticos, es patente la necesidad de adoptar medidas para superar las desigualdades entre hombre y mujer que aún pueden apreciarse en nuestra sociedad. Ello, sin embargo, exige dejar de centrar los esfuerzos en el uso del lenguaje, abandonar la oposición hombre-mujer como única estrategia de lucha contra la desigualdad y superar el enfoque restrictivo del problema de la violencia contra la mujer que considera como única causa de esta lacra el “machismo estructural”.

La mujer tiene un doble hecho diferencial que toda sociedad –y familia– necesitan: su ser mujer y su eventual maternidad.

Resulta evidente, no sólo para la ciencia, sino también para el sentido común, que la mujer, desde el punto de vista psicológico, se caracteriza (entre otras muchas cosas) por su sensibilidad, por su ternura, por su capacidad de abrir el corazón a todo y a todos y de asumir el peso sentimental de quienes están a su lado. Al mismo tiempo, no menos obvio es el potencial de la maternidad: sólo la mujer es capaz de concebir y engendrar vida. La libertad de la mujer, la auténtica libertad, no se conseguirá jamás si no se parte de esta doble diferencia. Pretender “liberar” a la mujer a costa de obligarla a renunciar, sin posibilidad de opción, a su maternidad o de forzarla a actuar desde un enfoque distinto al auténticamente femenino es otra forma de esclavitud y, además, fuente de nuevas discriminaciones. ¿Quién está apoyando a todas aquéllas mujeres que desean ser madres sin que ello les suponga dejar de lado su carrera profesional? ¿Quién valora la legítima opción por centrarse voluntariamente en la familia?

En estos días se oían voces proclamando “la necesidad de que todas luchemos unidas por el bien común de las mujeres”. No existe tal concepto. Sólo existe el bien común, sin apellidos, y es claro que, por pura definición, no podrá lograrse prescindiendo de las mujeres, pero tampoco desde la confrontación con los hombres.

Somos personas, seres humanos, hombres y mujeres. Nos necesitamos, tal como somos, unos a otros. Nos debemos, con lo que somos, unos a otros. Hasta que no seamos capaces de dejar de enfrentarnos y pasar a amarnos unos a otros nada cambiará.

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