Areópago Diálogo

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Tag: Eucaristía

Primeras Comuniones y jueces

primera comunión

Mes de mayo, mes de las Primeras Comuniones, mes de celebraciones religiosas y familiares y mes donde también llegan las discusiones y riñas entre padres separados o divorciados por la decisión de si “la niña o el niño tiene que o no que hacer la Primera Comunión”.

Este problema, cada vez más frecuente, surge porque alguna de las partes se niega a que su hijo reciba el Sacramento de la Eucaristía. Las razones para no ponerse de acuerdo pueden ser muchas y muy variadas: no son creyentes; no están de acuerdo con la educación religiosa del menor; no es el deseo del niño o niña; no es el mejor momento en la vida para celebrar este acontecimiento… Sin embargo, en la mayor parte de los casos, la verdadera razón radica en la oposición radical a todo lo que decida la parte contraria. El enfrentamiento es tal, que en ocasiones la falta de acuerdo conduce a que sea un juez quien se vea llamado a determinar si el menor puede o no celebrar la Primera Comunión. Ello suele ocurrir cuando el niño está en el último año del curso de Iniciación Cristiana y, además, ya ha sido bautizado y cursa la asignatura de religión decisión de los padres adoptada antes de iniciar los trámites del divorcio o separación.

Ciertamente, llama la atención que haya de ser un juez quien decida sobre la recepción de un Sacramento tan importante para la vida de un cristiano, como es la celebración de la Primera Comunión.

Judicializar la vida espiritual de los hijos como consecuencia del egoísmo y la soberbia de los progenitores no sólo es contrario a toda lógica; resulta, además, contraproducente para el propio menor. ¿Tan difícil es pensar en el bien espiritual de nuestros hijos?

 

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Una dictadura que deshumaniza

 

primera comunionMuchas flores, vestidos  y peinados de gala, fotos, invitaciones para comer con barra libre indefinida, castillos hinchables y payasos. Entrar hablando para seguir comentando. Dejarse llevar por el impacto que la estética provoca sobre la sensibilidad para aclamar a gritos …

Conseguir estos fines requiere un medio: euros. ¡Qué terror si no sale todo bien! Acabado el momento, queda en una foto y en el descanso de haberse quitado una carga de encima. Si esto son las fiestas, ¡pobre humanidad! Pero la dictadura del relativismo nos conduce a que “todo sea relativo al bienestar personal, y para ello debes comprarlo”.

Probablemente los lectores reconozcan en esta ilustración el noventa por ciento del ambiente que envuelve la celebración de los Sacramentos . El diez por ciento que no se ve consiste en el motivo de la fiesta que el cristiano coherente se dispone a vivir.

Los sacramentos realizan “hoy” lo que significan. Una primera Comunión consiste literalmente en recibir a Jesús, Dios y hombre, que amó tanto a cada hombre, que se le dio por entero; y depositó su entrega en pan y vino, para poder alimentar con su amor el amor de cada hombre. La realidad de todo sacramento es “el acontecimiento de Jesús que se hace presente hoy” en la vida de quienes lo reciben.

El cristiano es consciente de estar recibiendo un bien tan enorme, que le desborda y que no merece en absoluto, pero al que es invitado por un Dios que se adecúa al ser humano para humanizarlo. Y en el corazón del “invitado” la celebración misma del sacramento se convierte en una fiesta, admirado por el realismo histórico en el que Dios se le está haciendo presente.

Esta experiencia es la que se comparte y expresa después con los amigos, en la comida, con algún regalo. El cristiano no  excluye “lo cortés” de “lo valiente”, simplemente pone las cosas en su sitio.

 

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Divorciados y comunión eucarística

comunión

Con ocasión de los Sínodos sobre la familia, intencionadamente se ha provocado cierta confusión en importantes cuestiones sobre el matrimonio, poniendo en boca del Papa afirmaciones que no ha hecho. Una de estas cuestiones es la de los divorciados y comunión eucarística.

En la práctica de la Iglesia los católicos divorciados vueltos a casar no son admitidos a la comunión sacramental. ¿Por qué esta praxis? Las razones por las que la Iglesia actúa de este modo se apoyan en principios objetivos de orden sobrenatural, no son de carácter puramente racional. Si las razones eclesiales fueran fruto de un razonamiento puramente humano, serían susceptibles de revisión, de cambio e, incluso, de ser calificadas de intolerantes y discriminatorias.

¿Cuáles son estas razones? El matrimonio cristiano está íntimamente relacionado con el amor de Cristo a la Iglesia. Los esposos cristianos al contraer matrimonio establecen un vínculo de amor que es signo del amor infinito de Cristo a la Iglesia que se manifiesta en su donación en la Eucaristía. Si alguno de los esposos intenta romper ese vínculo por contraer  nuevas nupcias en el ámbito civil, serían estos mismos contrayentes los que impedirían que se les admitiesen a la comunión, ya que su estado y situación de vida contradirían objetivamente la unión de amor de Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía.

Sin embargo, estas personas deben saber que la Iglesia las ama, no está alejada de ellas y sufre por su situación. Además, como bautizados, tales fieles están llamados a encontrar caminos de conversión y a participar activamente en la vida eclesial de modo que desarrollen cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, la escucha de la Palabra de Dios, la frecuencia a la liturgia, la educación cristiana de los hijos, con la caridad y el servicio a los pobres, etc. Por tanto, estas personas han de comprender que, aunque hayan roto el vínculo matrimonial y por ello no tengan acceso a la Eucaristía, no deben perder la esperanza en la gracia de Dios.

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Primeras Comuniones

Primeras Comuniones

Durante la Pascua, miles de niños y niñas se acercan a recibir por primera vez a Jesús en la Comunión, bajo la alegre mirada y el apoyo de sus padres. Y junto a ellos, resulta inevitable que acudan a la Eucaristía personas que no suelen hacerlo habitualmente, lo cual provoca a veces situaciones incómodas, no exentas de polémica, cuando la Iglesia recuerda la necesidad de acercarse bien dispuestos a recibir al mismo Dios en la comunión.

Como señala el Papa Francisco,  con la velocidad de las comunicaciones y la selección de contenidos, el mensaje de la Iglesia corre hoy día el riesgo de quedar reducido a aspectos secundarios, separando la enseñanza moral del contexto que le da sentido. Así, suele ser habitual en estas fechas que los medios de comunicación se hagan eco de mensajes de prohibición y condena, atribuidos a la Iglesia, con respecto a personas que viven en situación de pareja sin estar unidos por el sacramento del matrimonio.

Sin embargo, lo que llega a los medios es muchas veces una caricatura del verdadero mensaje de la Iglesia, el cual contiene simultáneamente dos dimensiones igualmente importantes. Por un lado, la compasión y la misericordia, que lleva a la Iglesia a acoger a todos y a ofrecerles, en la medida de lo posible, el camino de retorno a Dios y la reconciliación con Él. Y por otro lado, la verdad y la coherencia, que llevan a la Iglesia a llamar bien al bien y mal al mal.

¿Llega realmente el mensaje de la acogida misericordiosa, junto a la necesidad de recibir a Cristo Eucaristía en debida disposición, en gracia de Dios y bien preparados? ¿Llega, por el contrario, el mensaje descontextualizado de que se acusa y se condena? ¿O de que se señala como pecadores solo a algunos de los que pecan?

Todos somos responsables de que el mensaje no se tergiverse: los sacerdotes, los laicos, los medios de comunicación y los destinatarios. Cada uno desde su posición, contribuyamos a  abordar estas situaciones, particularmente delicadas y dolorosas, desde el respeto a la verdad y el amor a las personas.

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