Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Trabajo digno

El trabajo es una dimensión fundamental de la existencia humana. De ahí la urgencia de llevarlo a debate público y reflexión en unos tiempos en los que se acentúa el paro y la precariedad laboral, los salarios son extremadamente bajos y se miden a la baja los derechos de los trabajadores. Ese es el objetivo del “Día del trabajo decente” que desde hace unos años se viene  celebrando en todo el mundo el 7 de octubre impulsado por la Organización Internacional del Trabajo.

El trabajo es un fenómeno humano que ha experimentado grandes cambios a través de la historia. Su proceso evolutivo va unido a dos dimensiones fundamentales que le valorizan como eminentemente humanizador y le convierten en pilar de la dignidad del hombre: la autonomía personal y su dimensión social. Desde la primera, esfundamental para que el hombre se haga persona, se perfeccione, y al mismo tiempo que crea, se cree a sí mismo; y desde la segunda, al mismo tiempo que ayuda al hombre  a satisfacer sus necesidades primarias, participa a través de él en el progreso social y cultural de la humanidad.

Estas dos dimensiones del trabajo se encuentran hoy en entredicho. La irrupción de la economía de mercado en la que todo se subordina a la rentabilidad y a la acumulación ilimitada de riqueza material, ha propiciado en nuestra sociedad la transformación de todas las cosas en mercancías, incluido el trabajo humano. El trabajo se ha reducido a empleo, algo que se tiene o no se tiene, algo que se puede comprar y vender.  Desde esta perspectiva el trabajo ha pasado de ser un bien para la vida a ser un bien para la producción, y con ello a su degradación: se resiente el derecho del hombre ala vida, su derecho a vivir y su derecho a ser, y con ello la desintegración progresiva de la cohesión social.

La celebración de este día es una oportunidad para sensibilizar a la sociedad y a los poderes públicos sobre el logro de vidas dignas para los trabajadores del mundo. El trabajo se dignifica cuando todas las personas pueden acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo y con seguridad en el lugar de trabajo, protección social para las familias y mejores perspectivas de desarrollo personal e integración social.

Repensar hoy el trabajo digno significa también revisar el modelo económico, la vida política, y la sociedad en su conjunto.

GRUPO AREÓPAGO

La profesionalidad para construir un mundo mejor

trabajadores

Constantemente, y de forma cada vez más habitual, y a cada cual más escandalosa, salpican los medios de comunicación con noticias donde vemos a importantes y destacados profesionales implicados en casos de corrupción, delitos  y/o fraudes fiscales. Estas personas son banqueros, abogados, empresarios, funcionarios… De ellos destaca su elevado prestigio, su exitosa carrera, su amplia formación, la magnitud de sus empresas, su dilatada experiencia, su influencia… Por su trabajo y logros, estas personas han contado con la admiración y el respecto de sus colegas, al igual que con la admiración y el respeto del resto de la sociedad. Todo esto nos hace entender que han sido personas capaces y dotadas para el ejercicio de su profesión. Pero, ¿podemos decir que estas personas han sido profesionales? ¿Han hecho uso de su profesionalidad?

Cuando hablamos de profesionalidad la entendemos como la capacidad para ejercer una actividad laboral según sus exigencias y con destacado afán. La profesionalidad es algo que se reclama a quien presta un servicio o de quien adquirimos un producto, y a la vez, algo de lo que nos gusta presumir. De este modo, bien cuando acudimos al médico, contratamos a un abogado o compramos un producto en un supermercado, siempre deseamos obtener de una manera satisfactoria, y cuanto más mejor, aquello que solicitamos; y además, nos  sentimos orgullosos cuando vemos que en el esfuerzo del ejercicio de nuestra profesión, encontramos valoración.

La profesionalidad en sí es un valor en la sociedad, algo de lo que nos gusta disfrutar y ofrecer a la vez. Por este motivo es muy importante depurar su concepto y comprender que una actividad laboral no basada en las buenas prácticas ni enfocada al bien de los seres humanos, carece de profesionalidad. Debemos entender la profesionalidad desde la honradez, la leal competencia, el esfuerzo personal u organizativo, el deseo de mejorar, la convivencia, el trabajo en equipo, la humildad, el respeto y la sinceridad de que en aquello que ofrecemos, está lo mejor de nosotros mismos. No hay profesionalidad cuando existe el engaño, la estafa, el ascenso inmerecido, el aprovechamiento y el delito. El rigor de la profesionalidad no es algo de lo que haya gente exenta, todos estamos requeridos por ella, y a la vez, para el cristiano, es medio eficaz de santificación. Por todo esto es de vital importancia entender que una profesionalidad sin ética, no es profesionalidad. Desde esta perspectiva, la profesionalidad se convierte en una maravillosa herramienta para aportar valor a la sociedad y una enriquecedora manera de construir un mundo mejor.

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