Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Adoctrinamiento en las aulas

escuela

El adoctrinamiento en las aulas es cada vez más patente y tiene múltiples expresiones, conscientes o inconscientes. Desde hace no mucho, en algunos centros de Primaria –muy pocos– se ha sustituido la celebración del día del Padre y del día de la Madre por el día de la Familia. En algunos casos se ha tomado esta decisión por la solicitud de algunos padres divorciados; en otros por la petición de los padres –ambos del mismo sexo– de uno de los escolares.

Es comprensible y digno de aprecio que un grupo de padres quiera solidarizarse con un niño que no tiene padre y madre. Un gesto solidario semejante se hace con niños enfermos de cáncer cuando se les cae el pelo por los efectos de la quimioterapia, y sus compañeros deciden ir a clase con el pelo rapado. Sin embargo, este gesto solidario no tiene nada que ver con la necesidad de considerar preferible o valiosa la situación en sí: me corto el pelo para solidarizarme contigo; pero esto no significa que tenga que considerar digno de admiración o valioso carecer de pelo, ni mucho menos sufrir un cáncer.

En el caso de los colegios que renunciaron a celebrar el día del Padre o el día de la Madre, el gesto solidario no debe ocultar la realidad de que un padre y una madre son un bien en sí, independientemente de si un niño es huérfano de padre, o de madre, o si un niño tiene dos tutores del mismo sexo. Celebrar el día de la familia no es malo, pues la familia es algo que merece ser celebrado; lo malo es ocultar una realidad que es también bella: la paternidad y la maternidad. Hacerlo es una aberración, aunque se haga con una buena intención.

Por eso, no debería establecerse esta medida sino de modo excepcional y con carácter provisional. Los padres y las madres deberían proteger el valor de la paternidad y la maternidad. Hacer lo contrario es ceder ante una ideología que unos pocos pretenden imponer al resto de la sociedad: la ideología de género.

 

GRUPO AREÓPAGO

 

La educación, un derecho básico del niño

El 20 de noviembre celebramos el “Día internacional del niño”, que surge para concienciar a la sociedad sobre la importancia de proporcionar a los más pequeños una infancia digna y feliz que les permita construir su identidad como persona, es el marco desde el cual hemos de considerar la educación como un valor básico para tal fin. En este  marco nos preguntamos si la familia actual, primer ámbito de acogida y reconocimiento del niño para educarle e integrarle en la gran familia humana, está respondiendo a dicha finalidad.

Sociólogos y analistas importantes están bastante de acuerdo en diagnosticar que nuestra sociedad está sumida en una gran crisis pedagógica que afecta a las transmisiones y por tanto a la socialización y a la educación del niño. Y qué duda cabe, a las instituciones educativas tradicionales comenzando por la familia.

 

Sin entrar en consideraciones sobre los modelos de familia vigentes en la sociedad actual y en su influencia en la educación de los hijos –que son muchas y muy importantes-, existen factores socioculturales  que planean interrogadores sobre las respuestas que la mayor parte de las familias están dando en y desde su faceta educadora. El individualismo creciente que la modernidad nos ha dejado a través de varios siglos es uno de ellos. Conforma la “cultura del yo” (H. Béjar, 1993).  Atrapada en sus redes, la familia,  se ha alejado de la vida pública. El llamado “Estado providencia” ha ido asumiendo tareas que le son propias, sobre todo en el terreno de la educación. Muchos padres en la actualidad han desertado de su labor educativa para delegar totalmente en el Estado. Sus consecuencias en relación con muchos problemas que plantea la educación son fáciles de deducir.

 

Y no le va a la zaga la renuncia de muchos padres al ejercicio de la autoridad sobre los hijos. La familia actual, intentando superar el autoritarismo de otros tiempos, no ha sabido o no ha podido conjugar el debido equilibrio autoridad-libertad, fundamental en cualquier proceso educativo y socializador. Si a estos dos importantes factores unimos las prisas y la provisionalidad como notas distintivas en las relaciones sociales, y la influencia de la llamada “sociedad del postdeber o de las vivencias” (G. Lipovetsky, 1994) que sitúan como eje experiencial familiar el clima emocional y la obsesión por el disfrute, nos encontramos con un tipo de familia incapaz de realizar proyectos comunes, como es el de la educación, que requieren el largo plazo.

El “Día internacional del niño” es una invitación a la reflexión.

 

 

GRUPO AREÓPAGO

Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación.

Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar.

Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores.

Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si).

La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.

 

 GRUPO AREÓPAGO

 

Fin de curso

educacion

Hace pocas semanas terminaba el curso escolar. Todavía estamos esperando el pacto educativo; pacto demandado por toda la comunidad educativa que esperamos pondrá fin a la sucesión de reformas de los últimos años, ya que desde que comenzó el siglo hemos tenido en España, tres sistemas educativos diferentes.

La sociedad, los medios de comunicación, los tertulianos, las redes sociales opinan sobre el sistema educativo y sobre los docentes. Las percepciones que se vierten en estos medios muchas veces nacen de la impresión que nos puede producir una noticia, o un dato (un caso de acoso escolar, los datos del informe PISA, el calor de los últimos días que hacía casi imposible impartir clase). Algunos, como prestidigitadores de feria, inventan soluciones rápidas y fáciles para hacer frente a las dificultades del momento que vivimos en la comunidad educativa.

Escuchando noticias, leyendo comentarios, hablando con padres y profesores podemos esbozar algunos rasgos del pacto que necesita nuestro sistema educativo. El pacto debe nacer del artículo 27 de nuestra constitución, que es el gran consenso educativo de nuestra democracia. Cada uno de sus diez puntos recogen los pilares del sistema educativo: Derecho a la educación y libertad de enseñanza. Finalidad del sistema educativo. Primacía del derecho de los padres para elegir el tipo de educación para sus hijos. Gratuidad de la enseñanza obligatoria. Red de centros educativos que pueden ser de iniciativa social o de iniciativa pública y que son complementarios en el tenor del texto constitucional; y por tanto reconoce la libertad de creación de centros educativos. Participación en la gestión de los centros de toda la comunidad educativa. Y el deber de los poderes públicos de ayudar, organizar y velar para que los centros educativos cumplan con su finalidad.

Cada uno de estos puntos, del pacto educativo de nuestra Constitución, nos daría para una profunda reflexión, y con estas palabras lo único que pretendemos es ayudar a pensar y reflexionar. La educación y el sistema educativo es cuestión que afecta a toda la sociedad. El art. 27 reconoce que toda la sociedad debe colaborar en mejorar la educación. Y nuestra pregunta es doble: ¿Los poderes públicos cuentan realmente con toda la sociedad en este pacto educativo? ¿La sociedad, nosotros, estamos dispuestos a aportar nuestro grano de arena en el pacto educativo?

El tiempo de criticar el sistema educativo, la diversas leyes, los resultados, a los docentes ha pasado. Es tiempo de edificar, no conocemos lo que saldrá del parlamento, pero podemos contribuir a mejorar nuestro sistema educativo, si cada uno de nosotros colabora en la medida de sus posibilidades. Una buena forma de cerrar el curso y abrir el próximo.

 

GRUPO AREÓPAGO

 

Política y religión

congreso

Es un hecho constatable que, en los últimos tiempos, representantes de lo que se ha dado en llamar la nueva política intentan resucitar postulados laicistas decimonónicos, impropios de democracias avanzadas donde se reconoce la libertad personal y se respetan los derechos humanos. Tiempos que pretendían situar el hecho religioso fuera de la esfera pública. “La religión a la sacristía”, decían.

Y también, es un hecho constatable, que cuando se habla de religión y política los fundamentalismos laicistas y también los religiosos hagan imposible el diálogo.“En el laicismo y en el fundamentalismo se pierde la posibilidad de un diálogo fecundo y de una provechosa colaboración entre la razón y la fe religiosa”, decía Benedicto XVI (2009).

El rancio furor laicista de la nueva izquierda, al que hace “la ola” alguna parte de la derecha postmoderna, dirige sus dardos sectarios sobre cuestiones que ya han sido superadas en la mayor parte de los países democráticos de nuestro entorno. Laicismo que se ha hecho institucional en algunos territorios autonómicos y que resume todo su hacer político en la denuncia de los acuerdos de la Iglesia con el Estado de 1979.

Cuando algún asiduo lector de periódicos lea la noticia de que; “El Congreso y algunos ayuntamientos, como Madrid y Valencia, piden suprimir la exención del IBI que tiene la Iglesia” seguramente pensará que es algo justo, porque hay que eliminar privilegios. Pero si profundiza en la información observará que esa exención del impuesto del IBI responde a la llamada ley del Mecenazgo por la cual están exentas de ese tributo muchos edificios considerados de interés público: edificios propiedad de fundaciones, federaciones deportivas, partidos políticos, agrupaciones sindicales u ONG. Privilegio, pues, ninguno.

Y otro tema de gran interés actual en las relaciones entre religión y política gira en torno a la educación. Cuando uno oye que la enseñanza religiosa escolar y los conciertos educativos están impidiendo los acuerdos para el ansiado “pacto por la educación”,tiende a pensar en el sectarismo latente que reviste el anticlericalismo de algunas fuerzas políticas.

 

 Grupo AREÓPAGO

Con la comida no se juega

Un tercio de los alimentos acaba en la basura”. Éste es el lema de la reciente campaña de sensibilización de Manos Unidas en la lucha contra la pobreza y el hambre.

Hasta hace poco, nadie se planteaba presentar un proyecto para acabar con el desperdicio de alimentos, porque la sociedad tenía interiorizada la “política” de aprovechar los alimentos y no tirar nada; no en vano, en la conciencia colectiva estaba grabado lo que era pasar hambre en el contexto de una guerra o en la escasez de una dictadura. Actualmente el derroche alimentario es una de áreas de acción de los programas políticos y de trabajo de muchas organizaciones, a pesar de la crisis económica que estamos atravesando. Es llamativo que organizaciones como FAO o Manos Unidas tengan no solo que trabajar por erradicar y luchar contra la pobreza en países del tercer mundo, sino también concienciar sobre el mal uso que se hace de la comida.

El Papa Francisco ya en 2013, en el ámbito de la Jornada Mundial del Medioambiente, realizó una llamada al mundo para evitar el desperdicio de alimentos y trabajar por una mejor distribución de la comida. Recientemente, en enero de 2017, el Tribunal de Cuentas de la UE publicó un informe especial “La lucha contra el despilfarro de alimentos: una oportunidad para la UE de hacer más eficiente el empleo de recursos en la cadena de suministro alimentario” que insistía en estas ideas.

El desperdicio de alimentos es un problema global. Tanto es así, que se ha convertido en objeto de iniciativas legislativas en la Unión Europea, decisiones que permiten regular las acciones políticas que se desarrollen en los Estados Miembros relacionadas con el desecho de alimentos. Países como Francia e Italia han aprobado en los dos últimos años leyes contra el desperdicio de alimentos.

Está claro que los políticos están tomando conciencia de la importancia de reducir el desperdicio de comida y de incentivar su donación, pero desde el punto de vista del ciudadano, ¿qué podemos hacer? ¿Qué estamos haciendo nosotros? Es un grave problema que no podemos ignorar, cuando son muchos los millones de personas que viven en la pobreza y en la desigualdad.

Todos estamos llamados a ello, y no solo debe haber razones económicas o medioambientales para reaccionar, sino también éticas. Es deber de todos que el mundo sea más justo. La base está en la educación y en nuestra propia responsabilidad a la hora de valorar los alimentos que compramos y tenemos, para no desperdiciarlos, realizando un consumo responsable.

Alimentarse es una de las primeras necesidades del ser humano, y cuidar y proteger el medio ambiente también es tarea de todos. El hambre, decía la campaña de Manos Unidas, no sólo se combate con comida, sino con la ayuda de todos. En nuestras manos está luchas por ello.

GRUPO AREÓPAGO

No importa si tus hijos no te escuchan, te ven

padres

Impactante es una noticia sobre dos padres que iniciaron una pelea en un partido de fútbol de categoría de los  juveniles. Los hechos sucedieron en Gran Canaria, cuando en un partido de fútbol que se desarrollaba con normalidad, en el minuto 60 dos aficionados comenzaron una fuerte discusión que acabó en golpes y en agresiones mutuas. Dos aficionados que resultaron ser padres de los jugadores.

Una vez más vuelve a surgir la violencia en el fútbol, incidentes que se aborrecen desde todas las instituciones, pero ¿se condena el hecho de que los que se pelean sean padres?

 

Este suceso tan vergonzoso que ocurrió puntualmente en Gran Canaria, y que alguien grabó con su cámara, se produce cada fin de semana en cientos de partidos y de actos deportivos, donde los padres acompañan a sus hijos y donde insultan al árbitro o a los propios deportistas; donde se discute o se pelean por tonterías que suceden en el acontecimiento deportivo y que nada tienen que ver con el deporte.

El deporte tiene que ser un medio para fomentar buenos valores, como el trabajo en equipo, o el respeto mutuo, pero nunca deben fomentar la rivalidad mal entendida. En este tipo de acontecimientos los padres más que nunca deben dar ejemplo de respeto, de tolerancia, de buen comportamiento, y de buena educación.  ¿Qué podemos pedir a un niño si su padre tiene comportamientos agresivos y violentos? Resulta muy lamentable y muy doloroso el ejemplo que se da a nuestros hijos.

Educar a un hijo no es tarea fácil y más en la sociedad actual en la que vivimos, donde los actos violentos son constantes, pero no hay que olvidar que los hijos son el mejor reflejo de los padres, el niño proyecta en su comportamiento lo que vive. Decía Santa Teresa de Calcuta que “no importa si tus hijos no te escuchan. Te ven”.

Los padres debemos ser el primer ejemplo de integridad, de amor y de respeto a los demás.  La familia tiene que ser modelo de conducta para sus hijos y es dentro de la familia donde los niños aprenden a comportarse, a convivir y a relacionarse con los demás.

La educación de nuestros hijos debe empezar por nosotros mismos, por nuestra casa, en nuestra familia, pues de nuestro ejemplo y de los valores que impulsemos dependerá nuestro futuro.

 

Grupo AREÓPAGO

El deseado pacto escolar

Españolito que vienes al mundo te guarde Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón. ¡Qué sagacidad la del poeta! Es difícil superar con un lenguaje sencillo y bello un análisis sociológico tan profundo y preclaro sobre el acontecer sociopolítico de nuestro país. Acontecer que tiene síntomas de enfermedad crónica y que el ya largo periodo democrático no ha lograda curar.

Pero si el enfrentamiento ideológico de las dos Españas ha helado el corazón de muchos españoles en importantes momentos de nuestra historia moderna, cobra especial sentido  en el momento actual cuando se habla de escuela y educación. Porque no nos equivoquemos, el principal impedimento para lograr el tan ansiado y necesario pacto escolar que la tercera España (Paul Preston) reclama es simplemente ideológico.

La ideología no permite a nuestros responsables políticos penetrar y ver en el tupido y oscuro boscaje  en que está sumido nuestro mediocre sistema educativo. Las altas tasas de fracaso escolar, el abandono prematuro del sistema, la poca atención a la formación profesional, el deterioro de la función docente y la pérdida de su autoridad son, entre otros factores, claros indicios de enfermedad. La respuesta política en el periodo democrático ha sido la elaboración de trece leyes educativas, todas ellas realizadas por imposición del partido en el gobierno, sin consultar a los auténticos protagonistas y responsables de la educación –familia y profesorado- y, por supuesto, con la enmienda a la totalidad, sin matices, del grupo o grupos de oposición. El genio creativo de Unamuno cuando hablaba de los hunos y los hotros presenta una triste caricatura de esta situación difícil de encontrar en algún país de nuestro entorno.

La comunidad educativa lleva ya bastante tiempo exigiendo el tan deseado pacto nacional por la educación. En los últimos días se han vislumbrado posicionamientos que invitaban a la esperanza, pero que la praxis política tan contumaz ha sido capaz de desmentir de inmediato.

¿Acaso no pueden sentarse en la misma mesa para su reconciliación aspectos tan básicos para que el sistema funcione como la libertad de enseñanza y el derecho a la educación; la equidad y la calidad; la cultura del esfuerzo y la pedagogía de la adaptación; la escuela pública y la concertada; …? En conclusión: ¿la LOGSE y la LOMCE? Nos preguntamos en la tercera España.

 

Grupo AREÓPAGO

Los deberes

En estos días se está hablando de la huelga de deberes. Dicen que los niños tienen muchos deberes, no disfrutan de su infancia, no tienen tiempo para divertirse. ¿A qué dedican el tiempo libre nuestros pequeños? Tienen muchas actividades extraescolares (refuerzo, inglés, algunas disciplinas artísticas y deportes). El resto del tiempo, de forma generalizada, lo dedican a beber y alimentarse de la televisión o de otras fuentes nacidas de las nuevas tecnologías. Y el niño, el pobre alumno, tiene que hacer los ejercicios, tareas, lecturas (deberes) de forma automática, muchas veces sin comprender lo que hace, porque con tantas cosas no hay tiempo.

Un huelga de deberes ¿Tiene sentido? Tal y como está planteada creo que no. Los profesores y maestros buscan que los pequeños afiancen sus conocimientos con las tareas cotidianas, que a modo de entrenamiento piden que sus alumnos realicen en casa. Si hubiera conflicto, falta de coordinación entre profesores, o excesivas tareas, siempre se puede dialogar, formar parte de los consejos escolares, pedir a los profesores que busquen un equilibrio; pero decir a los niños que sus profesores se equivocan es un poco arriesgado.

Ahora bien, si miramos desde otra óptica, puede que tenga sentido esta huelga de deberes:

– Si los padres, que quieren que sus hijos no hagan tarea, están dispuestos a dedicar cada día unos minutos a leer con sus hijos un buen libro, podríamos apuntarnos.

– Si los padres, que hacen huelga de deberes, están dispuestos a dar con sus hijos un paseo por los campos y explicar cada una de las estaciones del año y con ello un poco de ciencias naturales, nos apuntamos a la huelga.

– Si no tener deberes quiere decir que los padres apagarán la tele, y sí es preciso el móvil; y dedicarán la tarde a compartir lo que sus hijos han hecho en el Colegio, podemos apuntarnos a la huelga.

 

¿Es buena la huelga de deberes? Poner en tela de juicio la acción formativa de los profesores de nuestros hijos no puede ser bueno. Ahora ser responsables y dedicar más tiempo a la principal tarea que tienen todos los padres que es la educación de los hijos, no sólo es bueno es urgente.

 

Grupo AREÓPAGO

El recuerdo de Laura

Fuente: El Periódico

Fuente: El Periódico

Querida Laura:

Estos días muchos buscan culpables de tu muerte inútil. ¿Tendrían que detener a la persona que os vendió la bebida alcohólica, a tus amigos que no te llevaron con rapidez al centro de salud, a tu familia que te permitió participar en un botellón siendo tan joven? Posiblemente todos buscamos un culpable de tu muerte para poder seguir con nuestra vida anestesiada.

El problema de tu muerte no es buscar un culpable, o muchos, sino buscar responsables; es decir, ¿quién o quiénes pueden o podemos responder de tu muerte? Y esto ya es más escabroso. Pero intentamos aventurar algunas respuestas.

-Es responsable la sociedad que permite macro-botellones y que, muy a menudo, se justifica diciendo: son jóvenes, tienen que divertirse. Eso sí, cuando hemos conocido tu muerte, todos nos rasgamos las vestiduras y decimos: No hay derecho, no se puede permitir. Palabras de condena que de poco o nada servirán porque nadie denunciará a su vecino por dar alcohol a un menor, es más puede que lo justifiquemos.

-Son responsables los medios de comunicación y las redes sociales, que permiten y presentan como un modo de diversión, de pasar un gran momento, de vivir a tope, la ingesta del alcohol u otras sustancias.

– Somos responsables las familias que, en vez buscar alternativas de ocio para nuestros hijos, dejamos que otros les introduzcan en la vida y diversión adulta sin preguntarnos ni cómo, ni con quién.

– Son responsables los amigos mayores, las pandillas, que afean a aquellos que optan por no beber. Esos amigos que consideran que con un poco de bebida se puede ligar y hacer otra cosas mejor.

Tenemos una gran tarea: evitar que esto vuelva a pasar. Sociedad, medios de comunicación, familia, amigos, escuelas todos juntos debemos empezar a fomentar y cultivar tiempos de ocio sanos que ayuden a las personas a crecer y a divertirse sin necesidad de evadirse.

Esperamos que tu recuerdo nos sirva para ello. Adiós, Laura.

Grupo Areópago

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