Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Última hora: La Iglesia renuncia a la enseñanza concertada

“Toledo, 10/09/2018 (Agencias).- El curso escolar en Castilla-La Mancha se estrena hoy con el sorprendente comunicado conjunto hecho ayer por los obispos de la Provincia Eclesiástica de Toledo (que comprende las cinco diócesis castellano-manchegas) y Escuelas Católicas de Castilla-La Mancha (FERE-CECA y EyG) anunciando la renuncia de todos los centros educativos católicos a sus respectivos conciertos educativos para el curso 2019/2020”.

El comunicado conjunto hace hincapié en el “ninguneo hacia los padres y alumnos con creencias católicas”, así como “la flagrante y continua vulneración de derechos” que, según los obispos y los representantes de los centros, “ha llegado a lo inadmisible”. Por otra parte, el texto pone de manifiesto que “en las actuales condiciones no resulta posible en la educación concertada el desarrollo de la labor propia de la Iglesia Católica, que no es otra que la de anunciar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida”. Preguntados los obispos por la posibilidad de que pudieran resultar embargados los centros educativos, e incluso otras propiedades de la Iglesia, para cubrir las eventuales responsabilidades económicas derivadas de los despidos del profesorado, el portavoz episcopal ha señalado que “se ha creado un cuerpo jurídico que estudiará las posibilidades legales para exigir que las responsabilidades sean asumidas por el Estado” si bien “tampoco sería un problema que, como resultado de esta decisión, tuviéramos en Castilla- La Mancha ‘una Iglesia pobre para los pobres’, como viene demandando el papa Francisco”.

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha declinado hacer declaraciones, limitándose a publicar un tuit afirmando que cree en la enseñanza pública, pero no a costa de la concertada. Sin embargo, fuentes cercanas al consejero de Educación, Cultura y Deportes sí han mostrado una gran preocupación respecto a los problemas que este hecho pudiera representar para el desarrollo del proceso de admisión del alumnado que comenzará en febrero de 2019, ya que podría suponer tener que gestionar en torno a 54.000 solicitudes de admisión más (según una primera aproximación), lo que podría representar un incremento de solicitudes cercano al 55% en toda Castilla-La Mancha. El problema podría ser aún mayor en las grandes ciudades, con una mayor concentración de centros católicos hasta ahora concertados. En concreto en Toledo,  se estima que el sistema público podría directamente colapsar.

El ofrecimiento de negociaciones por parte del consejero de Educación, Cultura y Deportes ha sido aceptado por los obispos, condicionado a que se blinde el respeto a los derechos de padres y alumnos a elegir una educación conforme a sus convicciones y el respeto a la libertad de la Iglesia para enseñar de acuerdo a dichas convicciones.

Desde el Gobierno de España no se han hecho declaraciones oficiales. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Educación consultadas ayer por este periódico expresaron su temor hacia un posible contagio de esta iniciativa a otras diócesis y Comunidades Autónomas. La vicepresidenta del Gobierno, por su parte, ha criticado duramente en una entrevista la frase del comunicado episcopal “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech. 5,29)”, considerándola machista y gravemente insultante, ya que, a su juicio, en España no solo mandan hombres sino también mujeres y personas de los restantes géneros, lo que, según ella, refuerza la conveniencia de impulsar su reciente propuesta de imponer en los centros católicos la utilización de una versión oficial de la Biblia traducida al lenguaje inclusivo y en clave de género. Las espadas están en alto.»

Evidentemente, esta noticia no se ha producido; es pura invención. Ninguno de los hechos relatados en este artículo han sucedido ni tampoco sucederán. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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Una nueva dictadura

politicos

Hace no mucho tiempo, en la historia de nuestro país, sucedieron unos hechos un tanto insólitos que auguraban la instauración de un régimen cuya ideología iba a imponerse en la mente de sus ciudadanos.

Aprovechando la debilidad de un gobierno democráticamente elegido por la nación, éste fue depuesto instaurándose un nuevo líder que sin el apoyo de las urnas iba a instaurar sus ideas en poco tiempo. Una nueva bandera iba a enarbolarse en los ayuntamientos, signo del nuevo cambio, bandera no votada por sus ciudadanos sino impuesta por la nueva ideología que venía a gobernar. Necesario era el apoyo de la comunidad internacional y nuevos gestos, bajo capa de humanidad, se iban a realizar para demostrar la cara amable del nuevo gobernador.

Para imponer tal proyecto ideológico era necesario controlar dos grandes poderes: la comunicación y la educación. Para el primero urgiría hacerse cuanto antes con su dominio, poniendo al frente a alguien favorable al cambio instaurado, encargado de difundir las ideas del nuevo gobierno. Para el segundo, nada mejor que obligar a sus ciudadanos más débiles, los niños, a beber de las fuentes del nuevo “espíritu nacional” violando el derecho inalienable de los padres a la educación e instaurando brigadas para controlar la difusión de la nueva ideología. Para garantizar tal estabilidad urgía la “reforma mental” del poder judicial donde la naturaleza dejaba de ser el referente y fuente de los derechos, para ser sometida al dominio despiadado de la ley positiva emanada de tal cabeza rectora.

Así surgiría una nueva nación, la cual exigía celebrar un día propio, el día de la nueva “raza hispánica”, con todo olor de multitudes, que sería signo claro y modelo a seguir de lo que pretendía instaurarse en el nuevo orden. Para consumar la imposición de tal proyecto urgía la necesidad de des-terrar (=quitar tierra) a todos aquellos que pudieran representar valores contrarios a los recién impuestos.

He aquí un nuevo orden, he aquí un hecho reciente de nuestra historia, he aquí que los extremos se tocan, he aquí el nuevo caudillaje en España, una nueva dictadura.

 

 

GRUPO AREÓPAGO

Influencias y oportunidades de la tecnología de la información y la comunicación en los procesos educativos. Por Ignacio Calderón Castro

IGNACIO CALDERON

Es evidente que la irrupción de las tecnologías y de la información y la comunicación (t.i.c.) en los colegios y en el mundo de la educación en general está ya consolidado y que su presencia es irreversible.

La cuestión es, ¿se han introducido de acuerdo a una lógica y conforme a unos planes bien pensados, madurados, ordenados y establecidos, o más bien se está aprovechando las oportunidades que ofrece la tecnología según vamos descubriendo nuevas aplicaciones?

Desgraciadamente la experiencia indica que las llamadas desde hace 15 o 20 años “nuevas tecnologías” – en algún momento habrá que dejar de referirse a ellas como “nuevas” -, están siendo introducidas tanto en las casas como en los colegios como oportunidades y como bienes con un fin en sí mismos y no como meras herramientas.

Las tablets, móviles, aplicaciones para el ordenador o la televisión van incorporándose a la vida diaria como anexos al conjunto de actividades, desplazando o anulando otras sin que muchos se paren a considerar si están ocupando el espacio y el tiempo debido.

Sin duda las t.i.c. son los grandes elementos de la globalización. Hoy las fronteras, al menos a través de internet y en países donde hay libertades humanas mínimamente conservadas – no así en países teocráticos y / o comunistas – han quedado completamente diluidas y podemos acceder a información e incluso formación que se produce desde gran parte del globo.

Las t.i.c. ofrecen formas de enseñar y acceder a la formación que en muchos casos hacen que ésta sea más atractiva, más fácil de aprender, y ofrecen nuevas formas de manipulación de la información, pero lo importante es la información y su utilización, no la herramienta per se.

Al margen de cómo ha sido su introducción en nuestras vidas, debemos tener en cuenta los riesgos que acompañan a estas t.i.c.: – Estimulación de determinadas áreas cerebrales que provoca una hiperatención a la información que provenga de la tecnología (Tablet, móvil, o pantalla), pero simultáneamente un déficit de atención hacia la información “analógica”: profesor, libro, padres.

– El tipo de análisis de información que se hace con las t.i.c. es mucho más superficial que con los medios tradicionales.

– Hiper-socialización digital (Facebook, Instagram, musicali, whatsapp, etc.) pero una pérdida significativa de calidad en las relaciones personales.

– Altera calidad de nuestra relación social y la posición que ocupamos con los demás: las redes sociales nos colocan en una situación en la que podemos ser mirones (voayer) o exhibicionistas.

– Apertura completa a contenidos inadecuados para un correcto desarrollo personal: pornografía, cotilleo y otras muchas formas de pérdidas de tiempo.

– Constituyen unas herramientas que – en sí mismas – son altamente adictivas (basta considerar la cantidad de veces que hemos mirado el whatsapp en lo que llevamos de día).

Por todo ello conviene regular, no necesariamente desde el punto de vista legislativo, bastaría una regulación corporativa, escolar, familiar y personal, pero si éstas no llegan tendremos que recurrir a las leyes para protegernos. Es necesario concienciarnos de la necesidad de tener espacios y tiempos libres de t.i.c.s ya que éstas son aplicables y aplicadas (no siempre podemos decir útiles) en el ámbito escolar, laboral, de ocio, del hogar, etc., es decir una omnipresencia que genera una percepción de necesidad y dependencia que, siendo falsa, puede convertirse en un auténtico lastre en el desarrollo de la libertad personal.

 

© Ignacio Calderón Castro

Psicólogo.

Educarconsentido.com www.inpa.info

 

  • Ignacio Calderón Castro será el ponente de la sesión del viernes, 27 de abril, a las 18.00 horas en el Seminario Mayor de Toledo del III Curso de Formación Complementario “La Verdad os hará libres”.

Firma invitada: Don Jaime Serrada Sotil. Educar el corazón

jaime serrada

“La reconquista del corazón”. Bien podría ser el título de una película de aventuras, o una historia épica medieval. Pero, en realidad, es la grande y grave tarea que, como educadores, tenemos como misión que se desarrolla día a día. Reconquistar el corazón del joven, del hijo, del alumno, hoy en día, es un reto, es el reto. Es el desafío que hace tambalear muchas veces nuestras convicciones y nuestros propósitos. Y como todo gran desafío, pide un gran esfuerzo. A esta tarea no se le puede hacer frente sin entregarse en cuerpo y alma, en tiempo y dificultad. Todos los que vivimos educando en la era digital tenemos esta experiencia. Experiencia educativa en ocasiones confusa, cansada. Pero, a la vez, gratificante y llena de esperanza. Benedicto XVI puso adjetivo a esta enorme tarea cuando habló de emergencia educativa.

Educar el corazón del educando significa configurar su deseo, su afecto. Para ello hace falta comprender el deseo como realidad educable, que se puede modelar. Así la persona podrá integrar sus deseos y orientarlos hacia el bien verdadero en cada decisión que deba tomar, en cada acción que deba realizar. “El hombre nace incompleto e inadecuado para el acto para el que está hecho. Sólo por medio de la educación, que puede desarrollar en él los gérmenes de las virtudes, puede crecer y adecuarse a la tarea para la cual existe” (Cf. L. Melina, Participar en las virtudes de Cristo, Ediciones Cristiandad, Madrid 2007).

Las virtudes son disposiciones internas, afectos integrados que mueven a la acción excelente. ¿Y cuál es la tarea para la que existimos? El don de sí, la donación de uno mismo a los demás. Por esto, lo que nos estamos jugando al educar la afectividad de la persona es su vida entera, es la posibilidad de que sea capaz de construir una vida grande, una vida plena, que descubra en el amor don de sí la guía de su historia. Educar el corazón, educar el afecto, no es otra cosa que educar en el amor para el amor.

 

Don Jaime Serrada Sotil,

director de proyectos y educador en la Fundación Gift&Task

Anotación: Don Jaime Serrada Sotil es el ponente de la tercera ponencia del  III Curso de “Formación Complementaria sobre sinergias educativas para el momento presente” que tendrá lugar el viernes, 23 de marzo, a las 18.00 horas en el Seminario Mayor de Toledo En esta ocasión. D. Jaime Serrada Sotil disertará sobre la importante tarea de la educación afectiva.

Educar la mirada y la escucha

Hay noticias que suelen impactar, pero que los efectos dela velocidad a que está sometida nuestra vida cotidiana, pese a la trascendencia humana y social de sus contenidos, las reducen de inmediato a  olvido y provisionalidad. Es el caso de la noticia aparecida hace unos días sobre las heridas que un adolescente ha producido a su madre por no arreglarle su acceso a internet.

La sociedad  de estos comienzos del segundo milenio viene definida por un nuevo diseño social marcado por las llamadas “redes cibernéticas”. Las nuevas generaciones educadas a la sombra de este paisaje cultural han abandonado el referente tradicional de la pandilla –que sólo cumple su tradicional rito comunitario en los encuentros de “botellón”- para instalarse confortablemente en su propio espacio frente a la pantalla. Su mundo de relaciones se configura en torno al WhatsApp, el facebook, Twiter,… y los videojuegos. Muchos jóvenes de hoy, viven con la mirada puesta en la pantalla y los cascos en sus oídos. Miran pero no ven, y oyen pero no escuchan… Construyen su propio mundo interior con referencias muy dudosas.

Tal vez sea prematuro emitir un juicio sociológico sobre este fenómeno, pues se da la paradoja de que algo  bueno, útil y beneficioso como es el mundo de la imagen, internet y redes sociales, pueda convertirse en un serio problema personal, familiar y social. Muchos expertos, aun con disparidad de opiniones, comienzan a hablar ya de adicciones digitales. La pérdida de control en el uso de internet y el móvil; el malestar significativo cuando faltan o fallan, provocando síndrome de abstinencia; el tiempo excesivo de dedicación;… están produciendo en muchos jóvenes trastornos y desequilibrios en su salud mental y psíquica. Preocupante.

Es indudable que la cultura de la imagen lleva ya tiempo imponiéndose en la vida social. La pantalla y la técnica digital han conseguido con su poder seductor penetrar en todas las facetas de la actividad humana, incluida la educativa. La palabra, elemento fundamental de cohesión social, está desapareciendo de nuestras vidas y de nuestros hogares. Los centros escolares propician esta escaladacuando a estos medios técnicos, considerados “panaceasdidácticas”,se les convierte en finalidades educativas. Hoy es de vital importancia comprender que configurar la personalidad del niño, adolescente o jovenes el fin principal de toda acción educativa. Y para lograrlo en esta cultura de la imagen hay que priorizar la tareade educar la mirada y la escucha. La primera, para aprender a mirar sin absolutizar el medio; y la segunda, para aprender a interrelacionarse.

Un gran reto educativo para tiempos inciertos.

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Eugenio Nasarre, exsecretario general de Educación: La libertad: prioridad del proyecto educativo que necesita España

Precisamente en estos días hace cuarenta años el Congreso de los Diputados debatía el proyecto de Constitución que los españoles refrendamos el 6 de diciembre de 1978 por una muy amplia mayoría. Fue el gran pacto que hicimos para sentar las bases de nuestra convivencia sobre los valores superiores de la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo. Pero, sobre todo, fue el gran Pacto de la Concordia, pues nació con el afán de superar los viejos litigios históricos que habían enfrentado dramáticamente a los españoles.

No fue fácil, desde luego, lograr ese gran acuerdo. Hubo que trabajar mucho. Solamente la conciencia muy arraigada de que era imprescindible por el bien de España propició los compromisos y las necesarias concesiones mutuas que se plasmaron en el texto que asumimos los españoles con nuestro voto.

La educación fue uno de los temas que generó mayor controversia. Hasta el punto que en un determinado momento la ponencia constitucional se rompió. El motivo fue precisamente la cuestión de la libertad. Hubo que hacer muchos esfuerzos para recomponer el consenso. Finalmente se logró sin que la libertad de enseñanza fuera sacrificada y quedó recogida en el frontispicio del artículo 27, junto a la proclamación de que “todos tienen derecho a la educación”.

En el sistema de libertades que en los dos últimos siglos se ha ido configurando en la vida política de Europa la libertad de enseñanza ha tenido una vida frágil y tormentosa. Ha sido la libertad menos amada por gran parte del pensamiento liberal y la más combatida por el pensamiento socialista. En el fondo lo que ha pasado es que se ha topado con la pretensión de que toda la educación debe estar en manos del Estado. Esta idea arranca de lejos. Fichte en sus Discursos a la nación alemana creó la figura del “Estado educador”. A lo largo del siglo XIX los Estados se sirvieron de la educación para sus “construcciones nacionales”. La exacerbación de los nacionalismos en la primera mitad del siglo XX, con el surgimiento de los totalitarismos causó grandes estragos en Europa. Como sana reacción, cuando, tras la segunda guerra mundial hay una voluntad de crear un nuevo orden mundial para preservar la paz, en las Declaraciones de Derechos Humanos y en los Pactos sobre derechos y libertades se proclaman las libertades educativas: la de los padres para escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos, la de la iniciativa social para establecer y dirigir instituciones de enseñanza.

Estas libertades, que se sintetizan en lo que llamamos “libertad de enseñanza”, son más necesarias que nunca: en bien de la propia educación y en bien de una sociedad libre y plural. He vivido con intensidad los problemas, los retos y las políticas de nuestra educación a lo largo de estos cuarenta años. Con esta experiencia ha arraigado en mí un creciente aprecio por las libertades educativas, las que han de ejercer los padres y la que ha de ejercer la sociedad.

Pero los tiempos que corren no son desgraciadamente favorables a la libertad en el ámbito de la educación. Vivimos un momento en que la sociedad reclama un pacto educativo para evitar los vaivenes que tanto perjudican y hacer un sistema educativo más vertebrado y cohesionado. Pero, de nuevo, algunos pretenden que el valor de la libertad sea sacrificado o, al menos, preterido.

Cuando finalizaba la segunda guerra mundial y había que reconstruir las democracias en Europa, Jacques Maritain publicó un lúcido ensayo sobre “los fines de la educación”. Observaba en él que el debate que se estaba produciendo se centraba en los medios, pero se estaba olvidando lo que era más importante: cuáles son los fines de la educación, sobre los cuales -exhortaba- es vital tener ideas acertadas.

Ahora también tenemos el riesgo de dar primacía a los medios, a los recursos, a los métodos y relegar la cuestión fundamental de los fines. Por eso reviste tanta importancia el valor de la libertad. La libertad es la que permite dotarnos de instituciones educativas fuertes, con identidad y con proyectos educativos que se propongan lo que verdaderamente es la tarea educativa: elevar a la persona en todas sus dimensiones. La escuela tiene una gran responsabilidad para llevar a cabo esta tarea. Pero necesita el concurso de las familias. Recuperar el sentido del binomio familia-escuela es clave para el éxito de la formación. Reforzar ese vínculo exige que se entable una relación de confianza y de cooperación. Si hay libertad de elección de los padres esa confianza y cooperación será más potente. Y ayudará también al conjunto del sector educativo. Porque los centros educativos no son como las gasolineras, en las que uno reposta en la que tiene a mano. Fortalecer la identidad de cada institución educativa y su ideario es vital para que se pueda dar una buena educación.

Retroceder en un marco que garantice y propicie las libertades educativas sería dramático para la sociedad española. Por ello, la defensa de la libertad debe considerarse como una prioridad en cualquier proyecto sociopolítico al servicio del bien común.

 

*Resumen de la ponencia “La educación como proyecto-socio político” de D. Eugenio Nasarre, el pasado viernes 23 de febrero en el III Curso de Formación Complementaria “La verdad os hará libres. Sinergias educativas para el momento presente” que cada último viernes de mes se celebra a las 18.00 horas en el Salón de Grados del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Toledo.

¿Qué te han echado los Reyes?

Reyes-Magos

Esta es la primera pregunta con la que solemos enfrentarnos en la fiesta de los Reyes Magos. Y seguramente será el principal tema de conversación para nuestros hijos cuando se reanuden las clases en el colegio. El regalo de Reyes, extendido a toda la Navidad en otras culturas, es uno de los fenómenos sociales que han prendido con mayor fuerza en el proceso de inculturación que ha realizado la tradición cristiana en estas fechas navideñas.

El profundo, rico y diverso simbolismo antropológico y teológico que contiene el acontecimiento de los magos de Oriente narrado por el evangelista Mateo con una finalidad catequética, ha quedado reducido prácticamente a una sola dimensión: la del regalo. Eso sí, totalmente desvinculada para muchos de su originalidad cristiana enraizada en la experiencia del don, y fuertemente estimulada por nuestra esquizofrénica sociedad de consumo. Las demás dimensiones simbólicas que dan significado al acontecimiento han quedado oscurecidas para una amplia mayoría social. Es el caso de la búsqueda del sentido de la vida, la universalidad del mensaje de Jesús o su manifestación mistérica a los hombres de buena voluntad.

Es indudable que ello no reduce la importancia experiencial del regalo, pues, tanto a nivel psicológico como social, el dar y el recibir favorece la interacción entre personas, ayuda a establecer y definir relaciones y fortalece los vínculos familiares y de amistad.

Pero si la tradición del regalo es importante para los adultos, toma un especial significado para los niños en la noche de Reyes. La magia que para ellos representa todo este gran acontecimiento escenificado en la preparación de su “carta” donde idealiza sus deseos, ha de ser objeto de reflexión para los padres por la trascendencia educativa que puede tener.

El valor educativo y social del juego es un hecho reconocido por pedagogos y psicólogos. El juguete es sólo un instrumento subordinado a esta finalidad. Y es desde este principio desde donde los padres hemos de valorar los posibles desajustes psicológicos y educativos que pueden producir en los niños una equivocada pedagogía del acontecimiento y del regalo de Reyes.

El influjo totalitario que ejerce hoy día la publicidad decretando lo que es bueno y lo que está bien, y creando necesidades superfluas, puede desorientarnos en nuestra tarea educativa de acompañar un acontecimiento tan especial para nuestros hijos como es esta fascinante “noche”. Tal vez sea en esto perfectamente aplicable aquella célebre frase de Montaigne: “El niño no es una botella a llenar, sino un fuego que es preciso encender”.

 

 

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Adoctrinamiento en las aulas

escuela

El adoctrinamiento en las aulas es cada vez más patente y tiene múltiples expresiones, conscientes o inconscientes. Desde hace no mucho, en algunos centros de Primaria –muy pocos– se ha sustituido la celebración del día del Padre y del día de la Madre por el día de la Familia. En algunos casos se ha tomado esta decisión por la solicitud de algunos padres divorciados; en otros por la petición de los padres –ambos del mismo sexo– de uno de los escolares.

Es comprensible y digno de aprecio que un grupo de padres quiera solidarizarse con un niño que no tiene padre y madre. Un gesto solidario semejante se hace con niños enfermos de cáncer cuando se les cae el pelo por los efectos de la quimioterapia, y sus compañeros deciden ir a clase con el pelo rapado. Sin embargo, este gesto solidario no tiene nada que ver con la necesidad de considerar preferible o valiosa la situación en sí: me corto el pelo para solidarizarme contigo; pero esto no significa que tenga que considerar digno de admiración o valioso carecer de pelo, ni mucho menos sufrir un cáncer.

En el caso de los colegios que renunciaron a celebrar el día del Padre o el día de la Madre, el gesto solidario no debe ocultar la realidad de que un padre y una madre son un bien en sí, independientemente de si un niño es huérfano de padre, o de madre, o si un niño tiene dos tutores del mismo sexo. Celebrar el día de la familia no es malo, pues la familia es algo que merece ser celebrado; lo malo es ocultar una realidad que es también bella: la paternidad y la maternidad. Hacerlo es una aberración, aunque se haga con una buena intención.

Por eso, no debería establecerse esta medida sino de modo excepcional y con carácter provisional. Los padres y las madres deberían proteger el valor de la paternidad y la maternidad. Hacer lo contrario es ceder ante una ideología que unos pocos pretenden imponer al resto de la sociedad: la ideología de género.

 

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La educación, un derecho básico del niño

El 20 de noviembre celebramos el “Día internacional del niño”, que surge para concienciar a la sociedad sobre la importancia de proporcionar a los más pequeños una infancia digna y feliz que les permita construir su identidad como persona, es el marco desde el cual hemos de considerar la educación como un valor básico para tal fin. En este  marco nos preguntamos si la familia actual, primer ámbito de acogida y reconocimiento del niño para educarle e integrarle en la gran familia humana, está respondiendo a dicha finalidad.

Sociólogos y analistas importantes están bastante de acuerdo en diagnosticar que nuestra sociedad está sumida en una gran crisis pedagógica que afecta a las transmisiones y por tanto a la socialización y a la educación del niño. Y qué duda cabe, a las instituciones educativas tradicionales comenzando por la familia.

 

Sin entrar en consideraciones sobre los modelos de familia vigentes en la sociedad actual y en su influencia en la educación de los hijos –que son muchas y muy importantes-, existen factores socioculturales  que planean interrogadores sobre las respuestas que la mayor parte de las familias están dando en y desde su faceta educadora. El individualismo creciente que la modernidad nos ha dejado a través de varios siglos es uno de ellos. Conforma la “cultura del yo” (H. Béjar, 1993).  Atrapada en sus redes, la familia,  se ha alejado de la vida pública. El llamado “Estado providencia” ha ido asumiendo tareas que le son propias, sobre todo en el terreno de la educación. Muchos padres en la actualidad han desertado de su labor educativa para delegar totalmente en el Estado. Sus consecuencias en relación con muchos problemas que plantea la educación son fáciles de deducir.

 

Y no le va a la zaga la renuncia de muchos padres al ejercicio de la autoridad sobre los hijos. La familia actual, intentando superar el autoritarismo de otros tiempos, no ha sabido o no ha podido conjugar el debido equilibrio autoridad-libertad, fundamental en cualquier proceso educativo y socializador. Si a estos dos importantes factores unimos las prisas y la provisionalidad como notas distintivas en las relaciones sociales, y la influencia de la llamada “sociedad del postdeber o de las vivencias” (G. Lipovetsky, 1994) que sitúan como eje experiencial familiar el clima emocional y la obsesión por el disfrute, nos encontramos con un tipo de familia incapaz de realizar proyectos comunes, como es el de la educación, que requieren el largo plazo.

El “Día internacional del niño” es una invitación a la reflexión.

 

 

GRUPO AREÓPAGO

Escuela y educación

El grave momento político e institucional por el que está atravesando nuestro país ha oscurecido el protagonismo  que por tradición e importancia le corresponde a la escuela y al comienzo del  curso escolar. Y consecuentemente, está hurtando a la sociedad la reflexión y el debate que se merece la más importante de las tareas que el hombre ha de abordar, pues de ella y sus buenas o malas prácticas depende el futuro de un país: la educación.

Reflexión y debate que hoy por hoy debe recaer no sólo sobre el sistema organizativo escolar, ya de por sí importante, sino principalmente sobre el modelo educativo vigente. Pues si fundamental es legislar sobre los contenidos curriculares a desarrollar, sus espacios y tiempos, o sobre el rol social y profesional de maestros y profesores, o la excesiva burocratización del sistema…; es mucho más importante, porque afecta  y de ello depende todo lo demás, el debate sobre el modelo educativo. Es llevar la reflexión al terreno de los fines, y al tipo de persona a educar.

Cualquier observador crítico puede darse cuenta de que el modelo educativo escolar actual en la mayoría de los países se centra en formar buenos profesionales, técnicamente bien preparados. Así se lo exigen a la escuela la sociedad y hasta las mismas familias. Se identifica educación con instrucción; y desde esta concepción se organiza el currículo, prevaleciendo la dimensión materialista y mercantil de la enseñanza sobre sus aspectos más formativos y humanizadores.

Repensar hoy la escuela es plantear un nuevo modelo educativo transformador y contracultural desde la idea de que educar es mucho más que instruir. Modelo sobre el que ya incidió el célebre informe “JacquesDelors” a la UNESCO sobre la educación en el siglo XXI, que propugnaba el sentido integral de la educación desde los cuatro pilares básicos que lo habrían de sostener: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Entre otros muchos, el Papa Francisco también lo reivindica: “La educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir  un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (Laudato si).

La escuela cada vez más orienta su enseñanza hacia los contenidos instrumentales y se olvida de aquellos aspectos que inciden en la configuración de la personalidad de los alumnos y su dimensión social. De ahí el recorte de contenidos y tiempos que están sufriendo la filosofía y las humanidades. El ansiado pacto escolar, si es que llega, lo ha de considerar seriamente.

 

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