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Primeras Comuniones y jueces

primera comunión

Mes de mayo, mes de las Primeras Comuniones, mes de celebraciones religiosas y familiares y mes donde también llegan las discusiones y riñas entre padres separados o divorciados por la decisión de si “la niña o el niño tiene que o no que hacer la Primera Comunión”.

Este problema, cada vez más frecuente, surge porque alguna de las partes se niega a que su hijo reciba el Sacramento de la Eucaristía. Las razones para no ponerse de acuerdo pueden ser muchas y muy variadas: no son creyentes; no están de acuerdo con la educación religiosa del menor; no es el deseo del niño o niña; no es el mejor momento en la vida para celebrar este acontecimiento… Sin embargo, en la mayor parte de los casos, la verdadera razón radica en la oposición radical a todo lo que decida la parte contraria. El enfrentamiento es tal, que en ocasiones la falta de acuerdo conduce a que sea un juez quien se vea llamado a determinar si el menor puede o no celebrar la Primera Comunión. Ello suele ocurrir cuando el niño está en el último año del curso de Iniciación Cristiana y, además, ya ha sido bautizado y cursa la asignatura de religión decisión de los padres adoptada antes de iniciar los trámites del divorcio o separación.

Ciertamente, llama la atención que haya de ser un juez quien decida sobre la recepción de un Sacramento tan importante para la vida de un cristiano, como es la celebración de la Primera Comunión.

Judicializar la vida espiritual de los hijos como consecuencia del egoísmo y la soberbia de los progenitores no sólo es contrario a toda lógica; resulta, además, contraproducente para el propio menor. ¿Tan difícil es pensar en el bien espiritual de nuestros hijos?

 

GRUPO AREÓPAGO

Primeras Comuniones

Primeras Comuniones

Durante la Pascua, miles de niños y niñas se acercan a recibir por primera vez a Jesús en la Comunión, bajo la alegre mirada y el apoyo de sus padres. Y junto a ellos, resulta inevitable que acudan a la Eucaristía personas que no suelen hacerlo habitualmente, lo cual provoca a veces situaciones incómodas, no exentas de polémica, cuando la Iglesia recuerda la necesidad de acercarse bien dispuestos a recibir al mismo Dios en la comunión.

Como señala el Papa Francisco,  con la velocidad de las comunicaciones y la selección de contenidos, el mensaje de la Iglesia corre hoy día el riesgo de quedar reducido a aspectos secundarios, separando la enseñanza moral del contexto que le da sentido. Así, suele ser habitual en estas fechas que los medios de comunicación se hagan eco de mensajes de prohibición y condena, atribuidos a la Iglesia, con respecto a personas que viven en situación de pareja sin estar unidos por el sacramento del matrimonio.

Sin embargo, lo que llega a los medios es muchas veces una caricatura del verdadero mensaje de la Iglesia, el cual contiene simultáneamente dos dimensiones igualmente importantes. Por un lado, la compasión y la misericordia, que lleva a la Iglesia a acoger a todos y a ofrecerles, en la medida de lo posible, el camino de retorno a Dios y la reconciliación con Él. Y por otro lado, la verdad y la coherencia, que llevan a la Iglesia a llamar bien al bien y mal al mal.

¿Llega realmente el mensaje de la acogida misericordiosa, junto a la necesidad de recibir a Cristo Eucaristía en debida disposición, en gracia de Dios y bien preparados? ¿Llega, por el contrario, el mensaje descontextualizado de que se acusa y se condena? ¿O de que se señala como pecadores solo a algunos de los que pecan?

Todos somos responsables de que el mensaje no se tergiverse: los sacerdotes, los laicos, los medios de comunicación y los destinatarios. Cada uno desde su posición, contribuyamos a  abordar estas situaciones, particularmente delicadas y dolorosas, desde el respeto a la verdad y el amor a las personas.

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