Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

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Fútbol es fútbol

Fotografía Expansión

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A un célebre entrenador de fútbol de hace ya un tiempo, cuando se le preguntaba sobre algunas cuestiones referidas a este deporte, siempre contestaba: “fútbol es fútbol”. Es una expresión que se ha hecho tópico en el argot futbolístico de este país para referirse a alguna cuestión técnica difícil de explicar, o a algún resultado insólito y a determinadas jugadas difíciles de interpretar desde los parámetros de la simple lógica humana.

Es cuestionable que el llamado “deporte rey” lo sea por sus extraordinarias excelencias deportivas, que sin duda las tiene, o por la belleza estética que desarrolla cuando se le contempla como espectáculo, que también la ofrece; sino por otros muchos y variados aspectos que lo sitúan en la dinámica de fenómeno social universal que trasciende los esquemas puramente deportivos y de espectáculo de masas. Valga como botón de muestra el espectacular desarrollo del Campeonato del mundo celebrado en días pasados en Rusia. Hoy día es difícil encontrar acontecimiento social que ofrezca las cifras de seguimiento presencial y virtual que se han dado en dicho evento. Los medios de comunicación hablan de tres millones de espectadores presenciales y  otros tantos millones de seguimiento en televisión. Sin mencionar los espacios que ha ocupado en medios escritos y radiofónicos.

Por eso la expresión “Fútbol es fútbol” podría ser también metáfora de lo que representa este deporte en la vida cotidiana de las gentes: es tema de conversación en todas las tertulias y despierta grandes pasiones y a veces graves conflictos; los jugadores son referentes para niños y jóvenes de todo el mundo, a los que idealizan, idolatran y desean imitar… De ahí la gran cantidad de literatura que se vierte sobre el tema y el interés que suscita para muchos sociólogos, filósofos y antropólogos. Algunos, en la explicación del fenómeno, lo contemplan como “filosofía y metáfora de la vida”; otros, como fenómeno social en búsqueda de la identidad perdida; e incluso, otros en fin, como la “religión del siglo XXI”.

Sin entrar en el debate sobre dichos planteamientos, sí es preciso señalar que el fútbol tal como se contempla en la actualidad y que tiene indudables valores como deporte asociativo a practicar y como espectáculo de masas para entretener, encubre graves patologías y grandes mentiras que discurren desde el culto idolátrico a la persona y la confrontación extrema que lleva muchas veces a la violencia fanática y partidista, hasta la mercantilización y corrupción que predomina en torno a los multimillonarios y obscenos fichajes.

Tal vez debamos hoy recordar que aquel fenómeno sociocultural que surgió en el mundo clásico dando origen al olimpismo y que tendía a cultivar importante valores humanos y sociales lo llevó a su crisis y desaparición las mismas circunstancias que se están dando hoy en este mal llamado “deporte rey”.

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Necesito likes

likes¿Qué serías capaz de hacer por un like? Es el lema de una campaña publicitaria de una compañía de telefonía. El spot narra la historia de un adolescente que se prepara para ir de fiesta, y lo sube a las redes sociales. Pero es mentira.  No va de fiesta aunque para sus seguidores sí que va. Este anuncio publicitario pretende hacer ver que las redes sociales se convierten en grandes escaparates para nuestra vida –a veces inventada y manipulada- y son grandes herramientas para condicionar quiénes somos y qué hacemos.

Este anuncio es solo un ejemplo de lo que cada día millones de adolescentes – y no adolescentes- publican en las redes. Su vida se muestra sin pudor en la red social del momento, donde miles de personas pueden opinar sobre si lo que publica el adolescente les gusta o no.  ¿Cuántos “me gusta” tiene esta actividad que ha realizado? ¿Cuántas reacciones positivas? Para un adolescente el número de likes puede ser muy importante en su día a día y se puede convertir en algo vital. Significa que es aceptado por sus amigos o por todos los followers que tenga. Puede llegar a magnificarse e incluso quererse más.

Es más que cierto que el comportamiento de todos nosotros con el uso de las redes sociales ha cambiado en los últimos tiempos; y su manejo es inevitable, pero siempre dentro de unos límites y con prudencia. No pueden convertirse en la autoridad de nuestra vida. Las redes son una herramienta de socialización juvenil, donde conocen a otros chicos o donde interactúan con otros adolescentes, pero tienen sus peligros y es ahí donde surgen los problemas de aceptación de uno mismo; problemas como el ciberbullying o la adicción a las redes sociales viviendo una vida de mentira o incluso de exclusión si eres de los que decides apartarte de la tiranía de las nuevas formas de comunicación social.

En verano se dispone de más tiempo libre y en ese tiempo libre existe el peligro de mostrar en exceso nuestra vida en las redes. Siempre es bueno y conveniente recordar que la vida real está fuera de las redes sociales; que todo tiene sus límites y que los amigos no se ganan si te dan likes o te siguen en tu red social. Es preciso alertar del buen uso de las mismas, un uso seguro y prudente; y que exista supervisión por parte de los padres, sobre todo si son menores, estableciendo normas para regular su uso.  Estos consejos no sólo son para adolescentes sino para los adultos que estamos igual de enganchados que ellos.

 

Enlace al vídeo de referencia https://youtu.be/Iw1TaPifnDI

 

 

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Asentados sobre el polvorín silencioso del odio de género

Fotografía 20minutos

Fotografía 20minutos

Firma invitada: Rosa María Arcones Baeza. Letrada especializada en Derecho de Familia

 

La Ley Orgánica de Violencia de Género, aprobada el 28 de diciembre de 2004, solo ampara un tipo de violencia, la de “género”, ejercida por el hombre sobre la mujer con la que ha mantenido o mantiene una relación afectiva. Si bien es cierto que en nuestra sociedad existe la lacra de mujeres maltratadas por hombres, de esta norma se excluye la regulación de cualquier otro tipo de violencia en el ámbito familiar, como si esos otros tipos de violencia no importaran. Precisamente por ello, a juicio de un sector amplio de juristas, es una ley claramente excluyente. No en vano, la realidad está demostrando que la ideología que subyace detrás de ella prácticamente convierte al varón en maltratador genético por el mero hecho de ser hombre.

Con este caldo de cultivo, el pasado verano se nos bombardeó a través de los medios de comunicación con el caso “Juana Rivas”, en el que un importante sector de la población se posicionó de manera irreflexiva y pasional a favor de esta madre a través del eslogan “Todos somos Juana Rivas”, tratando de hacernos ver en ella una heroína llevada en volandas por claros partidarios de la ideología de género.

Sin embargo, la realidad fue que la Sra. Rivas, muy mal asesorada jurídicamente, optó por colocarse por encima de la justicia, desobedeciendo varias resoluciones judiciales y optando por caminos equivocados. En lugar de acudir a la justicia por los cauces legales, amparándose en una condena de malos tratos del padre del año 2009, procedió a ocultar a sus hijos durante más de un mes para impedirlos que, según correspondía por resolución judicial, pasaran el periodo vacacional con su padre, con el que de manera voluntaria y libre volvió a convivir durante varios años más.

Justo ahora, al año de aquella maniobra legal que pretendía ser un paso más en el adoctrinamiento de la ideología de género, la Sra. Rivas ha sido juzgada por un delito de sustracción de menores y condenada en calidad de autora de dicho delito a 5 años de prisión, a 6 años de privación de la patria potestad de sus dos hijos y al pago de una indemnización de 30.000 euros a favor del padre de los menores.

La reacción de un cierto sector social ha sido la de considerar como excesiva y fuera de la realidad social la condena impuesta a la Sra. Rivas. Por ejemplo, la Asociación de Mujeres Juezas de España ha calificado la resolución judicial como “decisiones desproporcionadas o dictadas al margen de la realidad social producto de ignorar la obligación de integrar la perspectiva de género en la aplicación del derecho”, y ha hecho un  llamamiento a “dejar de ser herederos y herederas de una justicia patriarcal que la sociedad no tolera y la comunidad internacional condena”, pues, en su opinión, sólo así se podrá “mantener la confianza de la ciudadanía en sus instituciones”.

No nos corresponde valorar la crudeza o no de la pena impuesta tras la celebración del correspondiente procedimiento judicial y la oportuna valoración de los hechos enjuiciados por el Tribunal correspondiente. Tampoco la situación personal de la condenada, clara víctima de un mal asesoramiento. Que cada cual saque sus conclusiones. Pero es significativo que, como se recoge en sentencia y se ha hecho público, esta madre no valorara el daño futuro para sus hijos.

Hay que recalcar que un delito es siempre un delito, independientemente del sexo del que lo lleva a cabo, por lo que el hecho de ser mujer no debe dulcificar una condena que caería con todo el peso de la ley en caso de ser hombre, dado que, como todo español conoce, en nuestro Ordenamiento jurídico y, en concreto, en el art. 14 de la Constitución, se recoge expresamente que todos somos iguales ante la ley sin distinción de sexo, religión, raza.

¿No detectamos que tras la mal llamada Ley de Violencia de Género se respira un claro odio de género?

¿No dejará la justicia de ser justicia si se tiñe por completo de esta ideología?

¿No perderemos mucho de humanidad? ¿Estallará el polvorín del odio de género sobre el que estamos silenciosamente asentados, en una sociedad ya de por sí muy dañada por todo tipo de odios?

Sánchez, Casado ¡Necesitamos Pactos de Estado!

La elección del nuevo líder del PP ha estado acompañada de una cascada de reacciones desde todos los ámbitos de la sociedad, especialmente desde los medios de comunicación de la izquierda. Aunque aún no ha tomado decisiones, ni en un sentido ni en otro, algunos intentan quitar legitimidad a Pablo Casado, otros lo critican duramente por su giro a la derecha o por ver amenazado el espacio político ganado en los últimos tiempos. Pocos ven este cambio como una oportunidad para, dejando de lado las diferencias políticas, alcanzar acuerdos sobre temas importantes. Existen tres particularmente urgentes.

En primer lugar, resulta imprescindible un Pacto por la familia, la vida y la dignidad de las personas, con el objetivo de reconstruir nuestra sociedad actualmente herida. Contemplar medidas para favorecer la maternidad y lograr una integración real de la mujer en la vida social, sin tener que optar entre ser madre o realizarse profesionalmente; apoyar a las mujeres embarazadas en circunstancias difíciles para que libremente puedan optar por seguir con su maternidad; ayudar y atender a las personas que viven el miedo ante la enfermad incurable, a la soledad o al abandono de los suyos; ampliar y mejorar los cuidados paliativos y concienciar a la sociedad de la necesidad de atender dignamente a todas las personas,  no son medidas ideológicas, sino decisiones que pueden contribuir a regenerar la sociedad, a fomentar la solidaridad, a erradicar la violencia y, en definitiva, a hacer sostenible el Estado de Bienestar.

En segundo lugar, es crucial un Pacto por la Educación. La educación de nuestros hijos ha de quedar fuera del debate ideológico de carácter político y, contando con los padres y madres, escuchando sus demandas, respetando su derecho a educar conforme a las propias convicciones, ha de fomentarse una escuela que forme personas maduras y libres. Configurada como servicio público, prestado por el Estado y por entidades de iniciativa social, ha de estar siempre orientada al bien común y al crecimiento de la persona.

Finalmente, en tercer lugar, un Pacto por la integración. La inmigración, si bien en el corto plazo puede entenderse como un problema, bien afrontada constituye una oportunidad de enriquecimiento mutuo social y culturalmente. La división entre ciudadanos, provocada por el auge de los nacionalismos egoístas, debe ser superada mediante el fomento de lo que nos une y no desde la profundización en lo que nos diferencia. La polarización ideológica, consecuencia de la reaparición de fantasmas del pasado, ha de ser superada para construir una sociedad plural, abierta, respetuosa y en paz.

Ciertamente, en un contexto político y social como el actual, alcanzar estos Pactos de Estado exige altura de miras, pensar en el conjunto de ciudadanos y no en los propios votantes, valentía para abordarlos desde la certeza de la contribución al bien común. Sin embargo, promoverlos no es sólo responsabilidad de nuestros dirigentes políticos. Es igualmente misión de todos nosotros.

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Instinto

fotografía de Pixabay

fotografía de Pixabay

«Los adolescentes necesitan: en primer lugar crear su grupo, es decir, pertenecer a una tribu; demostrar a la tribu que son fieles a la tribu; y, por otra parte, buscar pareja». Estas son, según Álvaro Bilbao, neuropsicólogo de cabecera del programa Fin de Semana de COPE, las «tres claves cerebrales» en las que se desenvuelve la vida de los adolescentes (COPE, 10-06-2018. Programa Fin de Semana, Escuela de Padres). http://www.cope.es/audios/escuela-padres-con-alvaro-bilbao/alvaro-bilbao-los-ninos-son-mentirosos-patologicos_509150

Es importante añadir aquí que cuando el neuropsicólogo habla de estas tres claves cerebrales de los adolescentes, no se está refiriendo a los ejemplares jóvenes pertenecientes a una manada de leones, lobos marinos o babuinos, sino a los pertenecientes a la especie Homo sapiens sapiens. Una especie a la que parece pertenecer el propio neuropsicólogo y a la que seguramente pertenecerán la mayoría de los que lean estas líneas.

Hace mucho tiempo, en una sociedad humana muy, muy lejana —según parece—, se enseñaba en las escuelas que los principales indicios para distinguir a los primeros humanos de sus arcaicos antecesores primates se referían a la capacidad de fabricar herramientas, crear arte abstracto, desarrollar ritos funerarios, demostrar una cierta espiritualidad … Pero ahora sabemos que en realidad eso no era correcto. Por fin hemos descubierto que no es tanto lo que diferencia nuestro ADN ni nuestro cerebro del de los animales y, además, los animales son también sujetos de derechos (por supuesto, no de obligaciones) y deben ser objeto de una protección igual —y a veces superior— a la que se merece cualquier ser humano. Después de todo, los animales cuidan y protegen el planeta, mientras que el hombre es un ser abyecto y enemigo del medio ambiente cuya única aportación a la historia del planeta ha sido destrucción, deforestación y basura no biodegradable.

Pero todos esos «logros» no eran suficientes: ahora sí que empezamos a tener un enfoque verdaderamente científico del comportamiento humano y de su cerebro. Lo importante no es diferenciarnos de los animales, sino parecernos cada vez más a ellos: tener sus mismas necesidades, sentir sus mismas pulsaciones y adoptar los mismos comportamientos. Por eso lo mejor es que —ya desde adolescentes— los ejemplares jóvenes de nuestra especie entiendan que sus necesidades cerebrales básicas son pertenecer a una tribu (o, mejor, a una manada), buscar siempre la aprobación de la masa y garantizarse el ejercicio de la vida sexual.

El problema es que las especies que sobreviven suelen hacerlo gracias a su instinto de conservación. Y lo que nos ha hecho prosperar como especie es precisamente lo que nos distingue de los animales, ya que ni en fuerza ni en velocidad ni en número podemos competir con la mayoría de ellos. Por eso, la falsa humanización de los demás animales y nuestra propia despersonalización como seres humanos, es decir, la pérdida de nuestro instinto de conservación, solo nos llevará a la desaparición como especie. Y es que, como dice la letra de la vieja canción infantil, «cada día que amanece el número de tontos crece … crece … crece».

 

 

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Última hora: La Iglesia renuncia a la enseñanza concertada

“Toledo, 10/09/2018 (Agencias).- El curso escolar en Castilla-La Mancha se estrena hoy con el sorprendente comunicado conjunto hecho ayer por los obispos de la Provincia Eclesiástica de Toledo (que comprende las cinco diócesis castellano-manchegas) y Escuelas Católicas de Castilla-La Mancha (FERE-CECA y EyG) anunciando la renuncia de todos los centros educativos católicos a sus respectivos conciertos educativos para el curso 2019/2020”.

El comunicado conjunto hace hincapié en el “ninguneo hacia los padres y alumnos con creencias católicas”, así como “la flagrante y continua vulneración de derechos” que, según los obispos y los representantes de los centros, “ha llegado a lo inadmisible”. Por otra parte, el texto pone de manifiesto que “en las actuales condiciones no resulta posible en la educación concertada el desarrollo de la labor propia de la Iglesia Católica, que no es otra que la de anunciar a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida”. Preguntados los obispos por la posibilidad de que pudieran resultar embargados los centros educativos, e incluso otras propiedades de la Iglesia, para cubrir las eventuales responsabilidades económicas derivadas de los despidos del profesorado, el portavoz episcopal ha señalado que “se ha creado un cuerpo jurídico que estudiará las posibilidades legales para exigir que las responsabilidades sean asumidas por el Estado” si bien “tampoco sería un problema que, como resultado de esta decisión, tuviéramos en Castilla- La Mancha ‘una Iglesia pobre para los pobres’, como viene demandando el papa Francisco”.

El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha declinado hacer declaraciones, limitándose a publicar un tuit afirmando que cree en la enseñanza pública, pero no a costa de la concertada. Sin embargo, fuentes cercanas al consejero de Educación, Cultura y Deportes sí han mostrado una gran preocupación respecto a los problemas que este hecho pudiera representar para el desarrollo del proceso de admisión del alumnado que comenzará en febrero de 2019, ya que podría suponer tener que gestionar en torno a 54.000 solicitudes de admisión más (según una primera aproximación), lo que podría representar un incremento de solicitudes cercano al 55% en toda Castilla-La Mancha. El problema podría ser aún mayor en las grandes ciudades, con una mayor concentración de centros católicos hasta ahora concertados. En concreto en Toledo,  se estima que el sistema público podría directamente colapsar.

El ofrecimiento de negociaciones por parte del consejero de Educación, Cultura y Deportes ha sido aceptado por los obispos, condicionado a que se blinde el respeto a los derechos de padres y alumnos a elegir una educación conforme a sus convicciones y el respeto a la libertad de la Iglesia para enseñar de acuerdo a dichas convicciones.

Desde el Gobierno de España no se han hecho declaraciones oficiales. Sin embargo, fuentes del Ministerio de Educación consultadas ayer por este periódico expresaron su temor hacia un posible contagio de esta iniciativa a otras diócesis y Comunidades Autónomas. La vicepresidenta del Gobierno, por su parte, ha criticado duramente en una entrevista la frase del comunicado episcopal “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech. 5,29)”, considerándola machista y gravemente insultante, ya que, a su juicio, en España no solo mandan hombres sino también mujeres y personas de los restantes géneros, lo que, según ella, refuerza la conveniencia de impulsar su reciente propuesta de imponer en los centros católicos la utilización de una versión oficial de la Biblia traducida al lenguaje inclusivo y en clave de género. Las espadas están en alto.»

Evidentemente, esta noticia no se ha producido; es pura invención. Ninguno de los hechos relatados en este artículo han sucedido ni tampoco sucederán. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

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Una nueva dictadura

politicos

Hace no mucho tiempo, en la historia de nuestro país, sucedieron unos hechos un tanto insólitos que auguraban la instauración de un régimen cuya ideología iba a imponerse en la mente de sus ciudadanos.

Aprovechando la debilidad de un gobierno democráticamente elegido por la nación, éste fue depuesto instaurándose un nuevo líder que sin el apoyo de las urnas iba a instaurar sus ideas en poco tiempo. Una nueva bandera iba a enarbolarse en los ayuntamientos, signo del nuevo cambio, bandera no votada por sus ciudadanos sino impuesta por la nueva ideología que venía a gobernar. Necesario era el apoyo de la comunidad internacional y nuevos gestos, bajo capa de humanidad, se iban a realizar para demostrar la cara amable del nuevo gobernador.

Para imponer tal proyecto ideológico era necesario controlar dos grandes poderes: la comunicación y la educación. Para el primero urgiría hacerse cuanto antes con su dominio, poniendo al frente a alguien favorable al cambio instaurado, encargado de difundir las ideas del nuevo gobierno. Para el segundo, nada mejor que obligar a sus ciudadanos más débiles, los niños, a beber de las fuentes del nuevo “espíritu nacional” violando el derecho inalienable de los padres a la educación e instaurando brigadas para controlar la difusión de la nueva ideología. Para garantizar tal estabilidad urgía la “reforma mental” del poder judicial donde la naturaleza dejaba de ser el referente y fuente de los derechos, para ser sometida al dominio despiadado de la ley positiva emanada de tal cabeza rectora.

Así surgiría una nueva nación, la cual exigía celebrar un día propio, el día de la nueva “raza hispánica”, con todo olor de multitudes, que sería signo claro y modelo a seguir de lo que pretendía instaurarse en el nuevo orden. Para consumar la imposición de tal proyecto urgía la necesidad de des-terrar (=quitar tierra) a todos aquellos que pudieran representar valores contrarios a los recién impuestos.

He aquí un nuevo orden, he aquí un hecho reciente de nuestra historia, he aquí que los extremos se tocan, he aquí el nuevo caudillaje en España, una nueva dictadura.

 

 

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Los héroes de la vida

Fotografía de BBC

Fotografía de BBC

Desde hace más de dos semanas estamos viviendo con intensidad las noticias que nos llegan sobre los doce niños atrapados junto con su monitor en una cueva en el norte de Tailandia. Son miles las personas que se han movilizado, algunas procedentes de otros países, para ayudar en su rescate: localizarles, llevarles alimentos, prestarles apoyo psicológico y cuidados médicos, transmitir mensajes a sus familias, enseñarles a bucear para poder abandonar el lugar en el que están encerrados. No pocos están arriesgando sus vidas para salvar las de los pequeños. De hecho, uno de los buzos voluntarios ha muerto en el intento.

En situaciones de tal naturaleza nos resulta evidente la necesidad de hacer uso de todos los medios disponibles para salvar la vida de una persona, hasta el punto de entregar otras si es preciso. Y así debe ser: la vida de cada ser humano tiene un valor pleno. Es posible que algunos se pregunten en este caso si realmente el precio es proporcionado: no tanto el coste material cuanto el riesgo para la vida de los profesionales y voluntarios que participan en el rescate.

La vida de ese buzo, perdida en su misión de asistir a los niños, también poseía un valor pleno. En ejercicio de su libertad la ha entregado por ellos. Nos ha dado ejemplo a todos.

Son muchas las situaciones similares que se plantean cada día, todas ellas menos mediáticas que la que estamos viviendo casi en directo. Son muchos los héroes que, como el buzo, no dudan en arriesgar su vida para salvar la de otros. En un contexto cultural en el que el valor de la vida ha quedado devaluado, presentar esta realidad, en positivo, es más necesario que nunca; reflexionar sobre ella resulta imprescindible si verdaderamente queremos construir una sociedad en la que la vida y la dignidad de cada ser humano estén en el centro de las políticas públicas, de las normas jurídicas, de nuestras decisiones personales y familiares. Sí, cada vida importa.

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Pedir perdón es de católicos

En días pasados se ha afirmado repetidamente, si bien en diferentes contextos y ante distintos escenarios, que el perdón es una cuestión moral y, por tanto, no procede en supuestos de esta naturaleza exigir que los responsables de daños causados a otros pidan perdón a sus víctimas y a todas las demás personas indirectamente afectadas. Así se ha hecho tanto ante el anuncio de la disolución de la banda terrorista ETA como respecto de casos de corrupción política, por señalar dos ejemplos. La premisa para mantener tal afirmación radica en que “pedir perdón es de católicos”.

Resulta evidente que quien hace mal a alguien, causándole un daño, está obligado a reparar el mismo. No menos evidente es que tal reparación no será completa si no parte de un presupuesto fundamental: el arrepentimiento.  Sin embargo, sentir pesar por haber hecho –o dejado de hacer– algo que ha dañado a otro tampoco es suficiente por sí mismo. Ese pesar ha de ser exteriorizado, compartido, dirigido a quien ha sufrido por ello y, en última instancia, supone esperar a ser redimido de la falta. A todo eso, sencillamente, se le llama pedir perdón.

Pedir perdón implica reconocer el error y, por ello, rebajarse, humillarse, acercarse al ofendido. Rehusar a hacerlo es muestra de ausencia de arrepentimiento. No se puede prescindir del mismo, pues ello significaría mantenerse en una posición de superioridad (al no tener que esperar la respuesta de quien ha sufrido el daño) y autoatribuirse la facultad de considerar completamente reparado el mismo prescindiendo de la víctima.

Pedir perdón, lejos de constituir patrimonio exclusivo de los católicos, es algo muy humano, inherente a nuestro ser, que está además fuertemente arraigado en nuestra sociedad.

El catolicismo no se ha limitado en relación con este extremo a reconocer lo evidente –el perdón es necesario para la reparación–, sino que ha hecho del mismo la razón de su existencia. Quizás sea esta la verdadera causa del rechazo al perdón. Pero esa es otra historia.

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Crisis demográfica

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Ha sido una coincidencia que nos puede ayudar a abrir los ojos: el mismo día en que el Instituto Nacional de Estadística publicaba los datos de la situación demográfica en España (el número de nacimientos en 2017, ha sido el más bajo desde 1996 y el de defunciones el más alto desde 1976) el Partido Socialista anunciaba la presentación al Congreso de la Ley de Eutanasia.

Como todos sabemos, la crisis demográfica va a tener como destino final, un país envejecido, con muy poca población joven. Las consecuencias de este tipo de pirámide de población son de todos conocidas y no hace falta abundar en ellas. Pero como en casi toda circunstancia desfavorable, una vez hecho el diagnóstico, es posible aplicar la medicina apropiada para revertir la situación.

Se pueden poner en marcha políticas que favorezcan la maternidad. Recientemente ha saltado a la palestra el ejemplo de Hungría, un país donde alarmados por la tasa de natalidad (1,4 hijos por mujer. En España el dato desciende a 1,3 hijos por mujer) han implementado medidas que verdaderamente están teniendo éxito y que son un firme apoyo para que los nacimientos se incrementen y se proteja y defienda a la familia y para que éstas puedan tener menos trabas para acoger a los hijos sin tener que verse sometidos a tantas presiones, obstáculos y dificultades.

Entre las medidas destacan la de destinar el 3,6% del PIB en ayudas a las familias y a la natalidad. Otra de ellas consiste en incrementar las ayudas a partir del segundo hijo, con el objetivo, de animar a las familias a tener más hijos a partir del segundo. También habrá reducciones fiscales: una rebaja por familia de 33 euros al mes por un hijo, 82 euros al mes por dos hijos, 322 euros por tres hijos y 430 euros mensuales por cuatro hijos.

Cuando escuchamos que una de las primeras medidas del nuevo gobierno, ha sido cambiar la denominación de “Consejo de Ministros”, por “Consejo de Ministros y Ministras” y de fondo, observamos los graves impedimentos que tiene una mujer para poder conciliar su vida familiar y laboral, las escasísimas y vergonzosas ayudas a la maternidad de las que se pueden disponer, sabiendo que esto nos lleva al descalabro social, no se puede por menos que considerar que verdaderamente nuestros políticos no se enteran, o no se quieren enterar de nada.

 

 

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