Areópago Diálogo

“Hacia una cultura del encuentro"

Month: junio 2018

Fin del Ramadán

 

Fotografía de Pixabay

Fotografía de Pixabay

El 15 de junio la comunidad musulmana celebró el fin del Ramadán, festividad religiosa islámica que significa, entre otras cosas, el final del ayuno. Día, sin duda, muy especial para los musulmanes. Ese mismo día el presidente del Gobierno felicitó por twitter a los musulmanes españoles por la conclusión del Ramadán, y se sumaron a través de sus respectivas redes sociales muchos primeros ministros europeos en sus respectivos países.

El Consejo Pontificio para el Dialogo Interreligioso del Vaticano el pasado 18 de mayo también felicitó por el inicio del Ramadán, mes sagrado para los musulmanes. Se pone de manifiesto la buena relación entre que existe entre las dos religiones y la convivencia entre las mismas, después de una larga historia de enfrentamiento.

En 2013 el Papa Francisco dirigió un mensaje a los musulmanes de todo el mundo siendo el primer Papa que se dirigió a la comunidad islámica con motivo del fin del Ramadán. En aquella ocasión subrayó la importancia del respeto mutuo como base de la educación y de la formación de los jóvenes, respetando a otras personas que profesan una creencia religiosa distinta, siendo imprescindible el respeto para que pueda existir una buena amistad entre todas las religiones.

Durante estos días son muchas las reacciones de personas —sobre todo cristianas— que se sienten ofendidas porque ni sus alcaldes ni sus primeros ministros les felicitaron el pasado 1 de abril por Pascua de Resurrección, principal fiesta para los católicos que celebramos en todo el mundo; son numerosos los reproches realizados.

Sin embargo, no podemos contrariarnos por este hecho y no podemos quedarnos con el enfado por no ser nosotros felicitados por la Pascua de Resurrección. Quizás nosotros no lo vivamos tan intensamente. Pensemos cómo expresamos nuestra alegría. Aprendamos del ejemplo del Papa Francisco, expresando los mejores de deseos con motivo de esta celebración musulmana y respetando sus enseñanzas, símbolos y valores.  Construyamos una auténtica fraternidad con nuestros hermanos de otras religiones. Los mejores deseos de paz en esta festividad islámica. ¡Claro que sí!

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Sobre el aborto

Estos últimos meses  Irlanda y Argentina han votado leyes que despenalizan el aborto.  La prensa nos recuerda que durante años se ha intentado que se legalizara la muerte de estos pequeños inocentes. Las asociaciones pro-aborto no han parado y han insistido una y otra vez hasta que han conseguido su fin; y después hemos visto cómo se ha celebrado en las calles la victoria de la muerte.

Estas votaciones nos interrogan: ¿Las personas, los grupos sociales que creemos en la vida somos tan activos como los grupos contrarios a la vida?  Percibimos una sensación de derrota, parece que los que creemos en el derecho a la vida de todo ser humano hemos arrojado la toalla ante este silencioso holocausto. Muchos dicen: «no podemos hacer nada, hemos perdido la batalla en favor de la vida».

¿Qué ha pasado en nuestra sociedad para que ningún grupo del arco parlamentario sea defensor de la vida del no nacido? Durante años nos han vacunado poco a poco y el virus provida está anestesiado. Nuestras sociedades consideran un grave problema la crisis económica y creen un avance de derechos que se legalicen el aborto y la eutanasia.

Hace unos años alguien recriminaba a un político el cambio de postura de su partido respecto al aborto, y el político respondía: «parece que te importa más el aborto que la grave crisis económica». Aquel pobre hombre, reflejo de nuestra sociedad, no había entendido que una vida humana es infinitamente más importante que todas las medidas dirigidas a aumentar el consumo de las personas y la mejora de las condiciones económicas.

Es urgente que empecemos a recuperar espacios para la vida. Es un imperativo para todos mostrar a la sociedad, adormecida por la fiebre del consumo y del egoísmo, la belleza del amor, la alegría de una vida nueva, el gozo y el don que supone el nacimiento de un hijo.

Hay quienes optan por la queja de los tiempos que toca vivir, lamentarse porque hemos perdido todas las batallas. Eso no sirve de mucho. Lo que está en nuestras manos es ser levadura y fermento en la sociedad. Levadura de la civilización del amor y fermento de nuevos tiempos que reviertan la anestesia social ante el horrendo crimen del aborto.

 

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Togas negras, batas blancas

El Congreso de los Diputados ha aprobado el debatir la despenalización de la eutanasia junto con el suicidio asistido; Tal despenalización conllevaría exonerar de responsabilidad penal a quien ayude a morir a un enfermo terminal o incurable, cuya enfermedad le provoque sufrimiento físico o psíquico grave.

Despenalizar la eutanasia supondrá la reforma del actual código penal, que hasta ahora castiga la eutanasia con una pena de prisión de 4 a 8 años y entre 2 y 5 años de prisión el suicidio asistido.

Como ya ocurrió con el tema de la despenalización del aborto, se busca que el principio de la mayoría se convierta nuevamente en el  único criterio de la verdad, con una concepción deficiente del valor de la persona y del sentido de justicia; Como en el tema del aborto, con la búsqueda de la eutanasia como derecho y derecho financiado por el Sistema Nacional de Salud, se intenta volver a  unir “las togas negras” con las “batas blancas” en defensa de la cultura de la muerte, en lugar de proponer una ley a nivel estatal que garantice e invierta en cuidados paliativos y  que respete la vida humana hasta la muerte natural .

Lo que se pretende en nuestro país en este momento con una apariencia de “buenismo” y que pretende ser un derecho para enfermos terminales basado en la autonomía del paciente, aventuro a decir que de regularse para determinadas situaciones terminará siendo la puerta abierta a decidir cómo y cuándo morir a la carta …como se nos ha recordado recientemente con el caso de David Goodal, que no sufría ninguna enfermedad terminal, pero que se cansó de vivir.

Entre los factores que más influyen en la creciente aceptación social de la eutanasia está la imposibilidad de la cultura dominante de descubrir el sentido y valor del sufrimiento.

Estamos llamados a encontrar el camino para ayudar a todos los hombres de nuestro tiempo a descubrir los bienes y valores escondidos en el sufrimiento, empezando por nuestras casas, enseñando a nuestros hijos que existe el sufrimiento y que tiene un gran valor acogerlo e incorporarlo a nuestra propia existencia humana, abriendo nuestras vidas al sufrimiento de los otros, mostrándonos cercanos hacia los enfermos, ancianos, necesitados… vivir así el sentido del sufrimiento es “cuestión de experiencia”, para el que solo existe el camino del amor, la acogida y el servicio a la vida humana….y desde ahí confiar en que entre ” las togas negras” se alcen con fuerza voces a favor de legislar  leyes justas que defiendan el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural y que  entre “las batas blancas” sigan existiendo valientes profesionales sanitarios que sin ser reconocida su labor por los medios de comunicación, sigan cuidando y acompañando al enfermo y su familia hasta que esas vidas siempre dignas se apaguen de manera natural.

 

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Necesitamos hombres y mujeres de Estado

En los últimos días hemos vivido en España una situación que inesperadamente ha dado la vuelta al panorama político, hasta tal punto que en pocas horas hemos estrenado gobierno.

A poco que uno se detenga a analizar los hitos principales de las últimas semanas, el asombro y la indignación se asoman. No hay atisbo alguno, en ninguno de los representantes políticos, de búsqueda del bien común.

Los que una semana antes aprobaban unos presupuestos que configuran, definen y encaminan la vida del país para todo un año, días después retiran la confianza a quienes la demandaron con este fin.

Quien quizás tenía que haber pensado en una dimisión a tiempo, que pusiera en marcha el mecanismo de unas elecciones donde el voto de los ciudadanos sea quien decida el futuro de la nación, tampoco activa este mecanismo.

Hay otros que no han tenido problema en pactar con aquellos que renuncian a la unidad de España, que promueven el independentismo radical y que incluso, se permiten denostar nuestro estado de derecho, aludiendo a él como el “régimen del 78”.

¿Pretendemos echar balones fuera y culpar sólo a la clase política de semejante desaguisado?

La respuesta es un rotundo no. Si bien es cierto que España necesita verdaderos hombres y mujeres de Estado, que trabajen y promuevan el bien común no lo es menos que en cada una de las elecciones, los ciudadanos tenemos en nuestra mano, elegir si queremos seguir perpetuando a unos políticos que miran mucho más a las encuestas, que al presente real y al futuro de un país que sin duda merece que todos arrimemos el hombro y demos lo mejor de nosotros mismos.

Winston Churchill decía: “El político se convierte en estadista, cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

Necesitamos con urgencia estadistas, hombres y mujeres de bien y de algo más: responsables y decididos a trazar un futuro de convivencia y desarrollo estables y verdaderamente beneficiosos para esta gran nación, España.

Seamos también electores responsables y decididos a colaborar con nuestro voto en la buena dirección.

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Don Camilo, Pedro Sánchez y el PNV

En la novela de Giovanni Guareschi, tras perder un partido de fútbol el equipo de don Camilo contra el de Peppone,  el pobre árbitro Binella —al que quieren linchar— confiesa a don Camilo que, a cambio de dos mil quinientas liras que le ofreció el alcalde, aceptó pitar el penalti injusto que decidió el empate y dio la victoria final al Dynamos de Peppone en el último segundo. Muy enfadado, don Camilo se dirige al Cristo diciéndole:

¿No os había dicho que este era un infame vendido? ¿Tengo o no tengo razón para estar enojado?

Y el Cristo le contesta:

— No, don Camilo. La culpa es tuya que por el mismo servicio has ofrecido a Binella dos mil liras.

Viene al caso esta cita al hilo de las críticas desatadas contra el PNV por aceptar votar a favor de la investidura de Pedro Sánchez después de haber pactado los presupuestos con Rajoy. No solo en el ámbito político, sino también por parte de articulistas y analistas de los medios de comunicación, incluso en los corrillos populares, se echa en cara al PNV aceptar ahora una mejor oferta de Pedro Sánchez: no solo mantener los trescientos millones para el País Vasco contenidos en los Presupuestos de Rajoy, sino —probablemente— otras cesiones que harán más apetecible el apoyo a un gobierno del señor Sánchez que a uno del ya amortizado Rajoy.

Pero habrá que preguntarse, en conciencia, de quién es verdaderamente la culpa de que el PNV acepte vender su voto favorable a cambio de cesiones económicas y políticas. ¿No tendremos que hacer todos un poco de autocrítica? ¿No ha sido la táctica cortoplacista habitual de todos los gobiernos de la nación, desde Felipe Gonzalez hasta Rajoy,  asegurarse el poder comprando votos en el mercado de las cesiones a los partidos independentistas? ¿De quién es la culpa entonces? ¿Del último, porque ofreció o aceptó más?

Quizá habría que recurrir al dicho popular: Tú lo quisiste, fraile mostén; tú lo quisiste, tú te lo ten.

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